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El orgullo también se mide en salarios

En un contexto de ajuste, despidos y retroceso de políticas públicas, las personas LGBTIQ+ enfrentan mayores dificultades para acceder al trabajo, la salud y una vida digna. La población trans sigue siendo la más afectada por una exclusión que también tiene consecuencias económicas.
Foto: Marcha del Orgullo Facebook

A pesar de que en Argentina el día del orgullo se celebre en noviembre, el 28 de junio suele ser un día lleno de consignas por la igualdad y celebraciones que recuerdan décadas de lucha del colectivo LGBTIQ+. Pero la existencia es política y, también tiene su dimensión económica. El orgullo se siente, si, pero también se sienten los despidos, precarización laboral, pérdida de políticas públicas y mayores dificultades para acceder a derechos básicos. Porque si bien la discriminación suele pensarse en términos culturales o simbólicos, también se expresa en algo mucho más concreto, quién consigue trabajo, quién puede sostenerlo y quién tiene ingresos suficientes para vivir. En este Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+, hay una pregunta que pesa sobre el colectivo: ¿qué pasa cuando la crisis económica golpea primero a quienes históricamente estuvieron en los márgenes?

La población trans, la más afectada

A la fecha, las personas trans y travestis siguen siendo quienes enfrentan las barreras más grandes de acceso al empleo formal. Esto fue una constante histórica que años atrás se intentó revertir, impulsando políticas que evitaran que gran parte del colectivo quedara en la informalidad, el trabajo precario o directamente afuera del mercado laboral. La sanción de la Ley de Cupo Laboral Travesti-Trans en 2021 representó un avance histórico. Por primera vez, el Estado asumía la responsabilidad de garantizar oportunidades laborales para un sector que durante décadas había sido sistemáticamente excluido.

Sin embargo, con la llegada de Javier Milei a la presidencia, gran parte de todos esos avances se echaron para atrás. Cuando pasó la motosierra, los despidos en organismos públicos alcanzaron también a personas que habían ingresado bajo programas de inclusión laboral. A la par fueron desmanteladas numerosas áreas estatales vinculadas a género y diversidad, cosa que afectó tanto la atención de problemáticas específicas como las oportunidades de empleo generadas por esos espacios. Muchas personas trans volvieron a quedar expuestas a situaciones de vulnerabilidad económica y laboral.

La crisis económica general, sumada al ajuste sobre políticas de diversidad, también impactó sobre organizaciones de la sociedad civil que brindaban empleo, capacitación o acompañamiento a personas LGBTIQ+. Según datos de la Red Argentina para la Cooperación Internacional (RACI), 7 de cada 10 organizaciones sociales registraron una reducción de fondos y donaciones durante los últimos meses. Muchas tuvieron que modificar sus programas, congelar salarios o reducir personal. Para la población trans, esto significa la pérdida de uno de los pocos espacios laborales que habían logrado construir alternativas frente a la exclusión del mercado tradicional.

El retroceso general

Lo peor del caso es que los retrocesos en materia de derechos y dignidad no se limitan solamente a Argentina, en varios países se observa el avance de la derecha reaccionaria a la par del retroceso de las políticas vinculadas a diversidad e inclusión. En Estados Unidos, por ejemplo, numerosas empresas comenzaron a reducir programas específicos para evitar conflictos políticos o cuestionamientos de sectores conservadores. La vuelta de Donald Trump al poder aceleró ese proceso.

Ese fenómeno también repercute localmente. Durante años, muchas empresas utilizaron campañas vinculadas al orgullo como parte de sus estrategias de comunicación. Sin embargo, las organizaciones advierten que cada vez son menos las compañías dispuestas a sostener compromisos concretos. Las carrozas patrocinadas, los logotipos con los colores del arcoíris y los mensajes de inclusión fueron las primeras en desaparecer cuando la diversidad no fue más redituable. Por eso, para buena parte del activismo, el desafío actual es diferenciar entre el marketing de la diversidad y las políticas reales.

La vulnerabilidad económica también impacta sobre el acceso a la salud. Funcionarios bonaerenses advirtieron sobre problemas para conseguir medicamentos específicos debido a la interrupción de programas nacionales y a las dificultades para garantizar compras a través de las provincias. A esto se suma una reducción significativa en la distribución de preservativos y otros insumos de prevención, situación que especialistas vinculan con un aumento de casos de sífilis y VIH registrado en distintos puntos del país. Y es que cuando el acceso al empleo formal disminuye, también se vuelve más difícil afrontar gastos médicos, tratamientos y cobertura sanitaria. Por eso la crisis económica termina profundizando desigualdades que ya existían.

Orgullo, pero también derechos materiales

Las luchas del movimiento LGBTIQ+ siempre estuvieron asociadas al reconocimiento de identidades, libertades y derechos civiles. Pero en 2026 vuelve a cobrar fuerza una discusión que atraviesa a numerosos sectores sociales: la necesidad de vincular esas demandas con las condiciones materiales de vida.

Hablar de orgullo también implica hablar de salarios, acceso al trabajo, vivienda, salud y protección social. La igualdad legal conquistada durante las últimas décadas permitió avances históricos, pero con los retrocesos del mileiato, muchas personas del colectivo la discriminación sigue teniendo consecuencias económicas concretas. Por eso, este 28 de junio, la reivindicación no pasa únicamente por celebrar la diversidad. También implica preguntarse quiénes pueden sostener un proyecto de vida digno en medio de la crisis.

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