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Claudia Pía Baudracco: la militancia que hizo posible el derecho a la identidad

La historia de Claudia Pía Baudracco es la de una lucha colectiva contra la violencia, la persecución y la exclusión. Activista clave en la conquista de la Ley de Identidad de Género, su militancia sentó las bases de uno de los avances más importantes en derechos humanos en Argentina
Claudia Pía Baudracco. (Foto: Wikipedia)

La historia de Claudia Pía Baudracco es inseparable de una de las conquistas más importantes en materia de derechos humanos en Argentina: la Ley de Identidad de Género. Su vida estuvo atravesada por la persecución, la violencia institucional y la exclusión, pero también fue una historia de organización, lucha colectiva y construcción política. Murió el 18 de marzo de 2012, apenas 2 meses antes de que el Congreso sancionara la Ley 26.743, una norma que cambió para siempre la vida de las personas trans en el país. No llegó a ver ese triunfo, pero fue una de sus principales artífices.

De la persecución a la organización colectiva

Nacida el 22 de octubre de 1970 en La Carlota, Baudracco creció en un contexto hostil hacia las identidades disidentes. Pasó su adolescencia en Venado Tuerto y luego migró a Buenos Aires, como tantas otras personas trans que buscaban escapar de la violencia cotidiana en ciudades más pequeñas. Sin embargo, en la gran ciudad no fue un refugio también encontró persecución policial, discriminación estructural y falta de acceso a derechos básicos como la vivienda, el trabajo o la salud.

Desde muy joven sufrió detenciones arbitrarias, golpes y hostigamiento. Las fuerzas de seguridad aplicaban los llamados Códigos de Faltas, normativas que criminalizaban la identidad y la expresión de género. Lo peor es que muchas personas trans eran obligadas a sobrevivir en condiciones de extrema precariedad, con el trabajo sexual como una de las pocas opciones disponibles… que también estaba criminalizado.

Esa realidad marcó a Baudracco, pero lejos de paralizarla, se convirtió en el motor de su militancia. En 1993, junto a María Belén Correa y otras compañeras, fundó la Asociación de Travestis de Argentina, que luego se transformaría en la Asociación Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA). Se trató de una experiencia pionera a nivel mundial: una red nacional organizada por y para personas trans, en una época en la que la visibilidad era mínima y la represión, constante.

Desde ATTTA, Baudracco impulsó una agenda que combinaba demandas urgentes con objetivos estructurales. Uno de los primeros grandes logros fue la lucha por la derogación de los Códigos de Faltas en distintas provincias. Estas normativas permitían detener a personas por su apariencia o identidad de género. Pero Baudracco también entendía que la verdadera inclusión requería un cambio profundo en el vínculo entre el Estado y las identidades trans. La Ley de Identidad de Género se convirtió en una bandera central.

Claudia Pía Baudracco marchando junto a FALGBT.

La Ley de Identidad de Género

Sancionada en mayo de 2012, la ley estableció el derecho de toda persona a ser reconocida según su identidad de género autopercibida, sin necesidad de diagnósticos médicos ni intervenciones quirúrgicas. También garantizó el acceso a la salud integral, incluyendo tratamientos hormonales y quirúrgicos dentro del sistema público y privado. Fue considerada una de las legislaciones más avanzadas del mundo en su tipo.

Para llegar a ese punto, hubo años de militancia territorial, articulación política y construcción colectiva. Baudracco fue una de las principales impulsoras de ese proceso. Recorrió el país organizando grupos, formando redes y generando conciencia. Era, como la describen quienes la conocieron, una “activista de colectivo y mochila”, llevando la discusión a cada rincón.

En 2005 fue una de las fundadoras de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT), un espacio clave en la articulación del movimiento LGBTIQ+ a nivel nacional. Fue ahí que el reclamo por la Ley de Identidad de Género tomó más fuerza institucional y logró tener un mayor peso en la agenda política.

María Belén Correa y Claudia Pía Baudracco. (Foto: La Izquierda Diario)

Un legado imborrable

Además, participó en iniciativas vinculadas a la salud pública, especialmente en la prevención del VIH y otras enfermedades de transmisión sexual, trabajando junto al Ministerio de Salud y organismos internacionales. Entendía que la exclusión social impactaba directamente en la salud y la expectativa de vida de las personas trans. Su persecución nunca cesó del todo. Baudracco vivió períodos de exilio y también fue encarcelada durante varios años en el marco de una causa que sus compañeras denuncian como armada.

Pero como cuenta su amiga María Belén Correa, esto lejos de silenciarla la fortaleció. En un hermoso texto, recuerda a Baudracco como a una joven que “siempre estaba escapando”, marcada por la violencia policial desde la adolescencia, pero también a una militante incansable que transformó el dolor en acción colectiva. Es ahí donde cuenta que la fundación de la Asociación Travestis Transexuales Transgéneros Argentinas (ATTTA) se dio en una comisaría donde habían detenido a compañeras. Su espíritu siempre fue el de la organización frente a la adversidad.

Tras su muerte, múltiples actores reivindicaron su figura. Se crearon becas de formación doctoral con su nombre, se fundaron cooperativas de trabajo y centros de salud inclusivos, y se impulsaron espacios de memoria. Uno de los más significativos es el Archivo de la Memoria Trans, un proyecto que ella misma había comenzado junto a Correa, reuniendo fotos, documentos y objetos que reconstruyen la historia del colectivo en Argentina. Pero su legado más importante es su militancia para que la identidad dejara de ser motivo de castigo y pasara a ser un derecho.

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