Cada 31 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Visibilidad Trans, pero conforme los discursos regresivos y las políticas ultraderechistas siguen avanzando en Argentina y en el mundo, la fecha se vuelve menos un festejo de lo que se ha logrado y más un recordatorio de cuánto nos falta. Porque hoy en día, la visibilidad para las personas trans dejó de ser un privilegio para volver a ser un riesgo.
La fecha fue impulsada en 2009 por la activista estadounidense Rachel Crandall, quien advirtió que el calendario internacional solo reservaba un día, el 20 de noviembre, Día de la Memoria Trans, para recordar a las víctimas de la violencia. La fecha es tan importante como lúgubre, así que se buscó un día para celebrar la vida, la resiliencia y la existencia. Así nació esta jornada que busca poner en el centro las historias, los cuerpos y las identidades históricamente ignoradas.

¿Qué significa ser visible?
La visibilidad implica poder existir en un espacio público sin tener que esconderse. Poder nombrarse, mostrarse y acceder a derechos básicos sin ser expulsado del sistema. Sin embargo, esto también viene con una mayor exposición a la violencia. La expectativa de vida de las personas trans en Latinoamérica ronda los 35 años y países como Brasil, México o Honduras encabezan las estadísticas de crímenes de odio.
Pero la violencia no siempre es física, ser violentado también puede implicar perder un trabajo, ser expulsado de la casa familiar o sufrir discriminación en un hospital, para dar algunos ejemplos. Por eso no se puede hablar de visibilidad plena sin derechos garantizados. Argentina supo ser un faro en este sentido. La Ley de Identidad de Género sancionada en 2012 marcó un antes y un después al reconocer el derecho a la identidad autopercibida sin necesidad de judicialización ni patologización. Años más tarde, el cupo laboral travesti-trans buscó reparar, al menos parcialmente, la exclusión estructural del mercado de trabajo.

La visibilidad en tiempos de derecha
Sin embargo, desde la llegada al poder de Javier Milei, el colectivo trans viene denunciando un retroceso sostenido. Los despidos en el Estado afectaron de manera desproporcionada a trabajadores travestis y trans que habían accedido a sus puestos gracias a políticas de inclusión. Además, la desarticulación de áreas de género y diversidad, sumada al recorte presupuestario, dejó a muchas personas sin redes de contención.
“El mercado no discrimina” es una máxima libertaria, pero como tantas otras de sus teorías, se choca con el paredón de la vida real. Sin políticas públicas, la exclusión se profundizó y el sector privado, lejos de absorber esa responsabilidad, también retrocedió. Programas de inclusión laboral, iniciativas culturales y espacios comunitarios comenzaron a achicarse o directamente a desaparecer.
@amnistiaar 🔎 #HunterSchafer denuncia cambio de género en su pasaporte La actriz reveló que, tras solicitar un nuevo #pasaporte en EE.UU., su género fue cambiado de femenino a masculino sin explicación. Schafer lo vinculó a las políticas actuales que limitan el reconocimiento de identidades #trans ♬ sonido original – Amnistía Internacional Argenti
Trump hace, Milei copia
Ese clima no es exclusivamente local. En Estados Unidos, el regreso de Donald Trump al centro de la escena política vino acompañado de una batería de medidas contra la comunidad trans: desde la eliminación del reconocimiento federal de las identidades de género hasta restricciones en el acceso a tratamientos médicos y el uso de espacios públicos. La táctica es siempre la misma: instalar la idea de que los derechos conquistados son privilegios, que la diversidad es una amenaza y que la identidad es una imposición ideológica. Bajo ese paraguas, se legitiman políticas que cercenan los derechos de las personas trans.
En Argentina, usan el mismo libreto. La eliminación del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, la suspensión del cupo laboral trans y los intentos de modificar la Ley de Identidad de Género forman parte de una misma narrativa: la de desmantelar políticas de inclusión en nombre de la “libertad”. A eso se suma un fenómeno igual de preocupante, la reinstalación del discurso de odio. En redes sociales, medios de comunicación e incluso desde los más altos lugares de los espacios políticos, volvieron a circular con fuerza mensajes que cuestionan la existencia misma de las personas trans. La deshumanización como estrategia.
En 2011 participó del debate en la Cámara de Diputados. Ahí defendió el derecho a la identidad con una frase que todavía recordamos: pic.twitter.com/pJDJRoqR97
— Fundación Huésped (@FundHuesped) March 18, 2026
La visibilidad trans como bastión
Con estos discursos el miedo vuelve a ser parte de la vida cotidiana. Miedo a salir a la calle, a perder el trabajo, a no conseguir atención médica. Miedo a que te vean. Sin embargo, la visibilidad también sigue siendo una herramienta poderosa por su dimensión colectiva. Porque cuando se tejen redes para ganar (o recuperar) derechos la visibilidad se transforma en resistencia.
Porque si algo demostró el colectivo trans es su capacidad de reinventarse incluso en los contextos más adversos. El Día de la Visibilidad Trans es una jornada atravesada por la contradicción, entre el orgullo y el miedo, entre los derechos conquistados y los que están en riesgo, entre la necesidad de mostrarse y la urgencia de cuidarse. Porque ser visible, hoy, es un acto político.
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