La decisión del Gobierno de Javier Milei de avanzar con la salida de la Organización Mundial de la Salud abre un nuevo capítulo de incertidumbre para el sistema de salud argentino. Aunque desde el Ejecutivo ya dan por hecho el retiro, lo cierto es que la propia organización internacional advierte que el proceso aún no es oficial, tiene que ser debatido y eventualmente aprobado en la asamblea general de Estados miembros prevista para mayo. Esto sucede porque, según explicó el área legal del organismo, la decisión final depende del conjunto de países y no de una determinación unilateral ya cerrada.
Qué pierde Argentina al salir de la OMS
La Organización Mundial de la Salud es un organismo de coordinación global que provee asistencia técnica, financiamiento de programas sanitarios, articulación de campañas de vacunación y monitoreo de enfermedades a escala internacional. Que Argentina salga de la organización significa que pierde estas herramientas claves y financiación destinada a la salud pública.
Entre los aspectos más sensibles está el acceso a información epidemiológica en tiempo real que es fundamental para anticipar brotes de enfermedades y coordinar respuestas adecuadas. También se ven afectadas las campañas y estrategias globales, donde se lucha en conjunto para brotes que afectan a varios países, como el dengue por ejemplo.
El mismo Director General del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que la decisión representa una pérdida tanto para el país como para la comunidad internacional. “La seguridad sanitaria requiere universalidad”, sostuvo, y agregó que la salida haría a la Argentina “menos segura”.

El sistema de salud en retroceso
Con un marcado deterioro de indicadores sanitarios y de un brutal ajuste en salud, la salida de Argentina de la OMS no podría llegar en peor momento. Según datos oficiales, la mortalidad infantil aumentó en 2024 por primera vez desde 2002, alcanzando los 8,5 fallecimientos por cada 1000 nacidos vivos. A la par, se registró un incremento en la mortalidad materna.
Una de las principales causas de esto es la caída sostenida del financiamiento nacional. A esto se suma la caída sostenida del financiamiento estatal. Informes recientes señalan que hubo una reducción real acumulada del presupuesto sanitario superior al 30% desde 2023, que afecta directamente los hospitales, programas de prevención y acceso a medicamentos. El debilitamiento del sistema también se puede ver en la reaparición o expansión de enfermedades que se creían contenidas. Por ejemplo, la sífilis tuvo un aumento del 71% y llegó a los 46.000 contagios anuales.

Avance antivacunas
Uno de los problemas más graves es el retroceso en las tasas de inmunización. Según datos de la Sociedad Argentina de Pediatría, la cobertura de vacunas esenciales en niños pasó de niveles cercanos al 90% a menos del 50% en menos de una década. Este fenómeno tiene que ver con problemas presupuestarios, pero también con un cambio cultural. El crecimiento de los discursos antivacunas se ve amplificado en redes sociales y, en algunos casos, legitimados desde sectores políticos. Esto erosiona la confianza en las vacunas y en las políticas de inmunización.
El resultado es lo que especialistas describen como una “fragilidad inmunológica colectiva”, que aumenta el riesgo de reaparición de enfermedades previamente controladas, como el sarampión o la tos convulsa. Es por esto que la salida de la Organización Mundial de la Salud podría agravar aún más el escenario, ya que se debilitan las campañas coordinadas, y el acceso a insumos.
Aislamiento sanitario
Desde el Gobierno Nacional se argumentó que la salida de la OMS no implicaría un aislamiento total, ya que Argentina continuaría vinculada a la Organización Panamericana de la Salud. Sin embargo Tedros señaló que ambas estructuras están estrechamente vinculadas, por lo que un conflicto con la OMS impacta necesariamente en la relación con la OPS. Además, la cooperación internacional no se limita a emergencias. Incluye también programas de largo plazo, transferencia de conocimiento y formación de profesionales, todos elementos que podrían verse afectados.
Otro aspecto crítico es la calidad de la información sanitaria. Especialistas advierten que Argentina arrastra problemas metodológicos en la medición de indicadores clave. Sin estándares comparables a nivel internacional, el diseño de políticas públicas se vuelve más complejo. Salir de la OMS implica también una menor alineación con criterios globales de medición y evaluación.
Argentina está fuera de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
y no nos da lo mismo.— Fundación Huésped (@FundHuesped) March 17, 2026
Qué puede pasar a partir de mayo
La asamblea de la Organización Mundial de la Salud será el momento clave para definir el estatus definitivo de Argentina. Ahí se va a evaluará el pedido de retiro y se determinará si se concreta o no la salida formal. Incluso en caso de avanzar, existen antecedentes de países que mantienen vínculos parciales con la organización sin ser miembros plenos, por ejemplo a través del Reglamento Sanitario Internacional. Sin embargo, estos esquemas no reemplazan la participación completa ni los beneficios asociados.
Pero, en un mundo donde las enfermedades emergentes, los cambios climáticos y las desigualdades sociales plantean desafíos crecientes, la articulación internacional es un componente central a los problemas sanitarios. La pérdida de cooperación internacional, sumada a las dificultades internas, podría limitar la capacidad de respuesta frente a futuras crisis.
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