A menos de un mes de haber asumido como presidente del Ente Nacional Regulador del Gas y la Electricidad (ENERGE), Marcelo Lamboglia presentó su renuncia en medio de una serie de tensiones internas, diferencias de gestión y disputas sobre la estructura del nuevo organismo. La salida del funcionario sorprendió al sector energético y abrió interrogantes sobre el futuro de una de las principales reformas impulsadas por el Gobierno nacional.
Según trascendió, la decisión fue comunicada al directorio y a las autoridades nacionales durante la jornada de este lunes. Desde el Ejecutivo señalaron que la renuncia obedeció a «motivos personales», aunque distintas fuentes vinculan la salida con desacuerdos internos que venían acumulándose desde la creación del ente.
Mientras tanto, la conducción quedó en manos del vicepresidente Vicente Serra, quien asumirá de manera transitoria hasta que el Gobierno defina el mecanismo para designar a un nuevo titular mediante concurso y posterior decreto.

Diferencias por contratos, estructura y funcionamiento
Las versiones sobre la crisis interna apuntan principalmente a las diferencias entre Lamboglia y el vocal del directorio Marcelo Nachón, ex interventor del Enargas. Las discrepancias habrían comenzado incluso antes de la puesta en marcha formal del organismo unificado.
Uno de los puntos de conflicto estuvo relacionado con la renovación de contratos y la continuidad de personal proveniente del antiguo Enargas. Mientras Lamboglia impulsaba una estructura más reducida y apoyada en personal permanente, otros sectores defendían la permanencia de asesores externos y contratos temporarios.
La discusión también alcanzó aspectos operativos, como la ubicación de las oficinas y la integración de equipos provenientes de organismos que durante décadas funcionaron de manera independiente. La falta de una estructura completamente unificada habría contribuido a profundizar las diferencias dentro del directorio.

Un organismo clave para el sistema energético
El ENERGE fue creado a partir de la fusión entre el ENRE y el Enargas, con el objetivo de concentrar en un solo ente las funciones de regulación y control de los servicios de electricidad y gas natural en todo el país.
La iniciativa forma parte de la estrategia oficial para simplificar estructuras administrativas, reducir costos y centralizar los procesos regulatorios. Sin embargo, la integración de organismos con culturas laborales, escalas salariales y procedimientos diferentes se convirtió en un desafío más complejo de lo previsto.
Actualmente, el ente reúne áreas vinculadas al control económico, regulación técnica, atención a usuarios, auditoría, asuntos jurídicos, recursos humanos y tecnologías de la información, entre otras dependencias estratégicas para el funcionamiento del sistema energético argentino.

Incertidumbre sobre el futuro de la reforma
La salida de Lamboglia representa el primer gran conflicto institucional dentro del nuevo organismo y pone a prueba la capacidad del Gobierno para avanzar con la reorganización del sector energético.
Aunque desde la Secretaría de Energía insistieron en que el directorio continuará trabajando con normalidad, la renuncia dejó en evidencia las dificultades que enfrenta el proceso de integración entre los dos antiguos entes reguladores.
En las próximas semanas, el Ejecutivo deberá definir quién ocupará la presidencia del ENERGE y cómo continuará una reforma considerada clave para el funcionamiento y control de los servicios públicos energéticos en la Argentina.
Fuente: Ambito
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