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6 mujeres, un Mundial y una deuda pendiente del fútbol

La presencia de seis mujeres en el equipo arbitral del Mundial 2026 marca un avance histórico para el fútbol, pero también expone las desigualdades que persisten en los espacios de decisión, la distribución de recursos y el acceso al poder dentro de la industria deportiva más importante del planeta.
Foto: Elle

El Mundial 2026 promete romper todos los récords. Es la primera Copa del Mundo con 48 selecciones, va a tener 104 partidos y se divide en 3 países. Otro número relevante es que 6 mujeres integran el equipo arbitral del campeonato. La noticia fue celebrada por la FIFA como un nuevo paso hacia la inclusión y si bien lo es, también revela cuánto falta para que el fútbol deje de ser una estructura históricamente dominada por hombres.

Las árbitras principales Tori Penso, de Estados Unidos, y Katia García, de México, están acompañadas por las asistentes Brooke Mayo, Kathryn Nesbitt y Sandra Ramírez, además de Tatiana Guzmán como oficial de video. Entre las 170 personas que conforman el plantel arbitral del Mundial, ellas representan apenas el 3,5%.

Un lugar que costó décadas

Ha pasado mucho tiempo y si bien en algunos deportes que una mujer tenga autoridad en la cancha se ve como algo natural, en el fútbol todavía se presenta como un hecho extraordinario. De a poco las mujeres comenzaron a dirigir algunos partidos y si se trataba del fútbol femenino no había mucho problema, pero lograr dirigir partidos importantes de las selecciones masculinas fue un camino lleno de prejuicios. Se cuestionó su capacidad física para seguir el ritmo del juego, su autoridad frente a futbolistas profesionales e incluso su conocimiento táctico del deporte. Por supuesto, la realidad terminó derribando todos esos argumentos.

Las árbitras que hoy llegan al Mundial atravesaron exactamente los mismos procesos de evaluación que sus colegas varones. Superaron pruebas físicas, técnicas y reglamentarias, acumularon experiencia internacional y construyeron carreras sólidas en competencias de alto nivel. Su presencia es el resultado de años de trabajo, profesionalización y persistencia.

Un antecedente clave fue el Mundial de Qatar 2022, cuando la francesa Stéphanie Frappart se convirtió en la primera mujer en dirigir un partido de una Copa del Mundo masculina. Además de ser un antes y un después, demostró que una mujer podía ocupar ese rol sin que el espectáculo se viera alterado. 4 años después, la FIFA amplió la participación femenina. Todo es historia muy reciente.

Stéphanie Frappart. (Foto: Goal)

Mucho más que un problema de arbitraje

La desigualdad de género en el fútbol no termina cuando se apaga el silbato. Las mujeres siguen siendo minoría en casi todos los espacios de poder del deporte. Son pocas las que integran comisiones directivas, ocupan cargos ejecutivos en federaciones o dirigen equipos en las principales categorías. Según datos difundidos por ONU Mujeres, apenas un poco más del 32% de los puestos ejecutivos en federaciones deportivas internacionales están ocupados por mujeres. En el caso del fútbol, la cifra es todavía menor: solo el 5% de las entrenadoras registradas a nivel mundial son mujeres.

Osea que las decisiones sobre el deporte más popular del planeta siguen siendo tomadas mayoritariamente por hombres y esto pasa a la par que las mujeres son cada vez más protagonistas como jugadoras, trabajadoras, periodistas, hinchas y consumidoras de contenido deportivo. Cosa que contradice lo que durante años fue la gran excusa para justificar las diferencias de inversión entre el fútbol masculino y el femenino, “la falta de interés”. La Copa Mundial Femenina de 2023 alcanzó cerca de 2.000 millones de espectadores y se convirtió en el evento deportivo femenino más visto de la historia. Las proyecciones indican que para 2030 el fútbol femenino podría superar los 800 millones de aficionados en todo el mundo. El interés existe y sigue creciendo.

Samar Nassar. (Foto: Ámbito)

Una industria multimillonaria

La FIFA estima ingresos cercanos a los 9.000 millones de dólares durante el año del Mundial masculino 2026. En todo el ciclo comercial 2023-2026, la cifra podría superar los 13.000 millones. A pesar de ese crecimiento extraordinario, la distribución de los recursos sigue siendo desigual. El fondo de premios del Mundial Femenino de 2023 representó apenas una tercera parte de lo repartido en el Mundial masculino de Qatar. Aunque la inversión en el fútbol femenino aumentó significativamente en los últimos años, las diferencias siguen siendo enormes. El fútbol femenino crece, genera audiencias y atrae patrocinadores, pero todavía recibe una porción mucho menor de los beneficios económicos que produce la industria.

Entre las selecciones debutantes de esta Copa del Mundo aparece un caso que también ayuda a pensar el lugar de las mujeres dentro del fútbol. La histórica clasificación de Jordania tuvo detrás una figura clave: Samar Nassar, exnadadora olímpica y primera mujer en ocupar la Secretaría General de una federación deportiva en Medio Oriente. Su trabajo impulsó procesos de profesionalización, fortaleció la estructura institucional del fútbol jordano y ayudó a consolidar un proyecto que terminó llevando al país a disputar su primera Copa del Mundo. La experiencia demuestra que las mujeres no solo pueden participar del fútbol: también pueden transformarlo. Porque la verdadera conquista no será que  6 mujeres lleguen a una Copa del Mundo, sino que algún día deje de ser noticia.

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