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El malestar económico golpea al Gobierno: casi 8 de cada 10 argentinos dicen que su situación empeoró

El deterioro económico ya impacta de lleno en la percepción social sobre el gobierno de Javier Milei. Un informe nacional de mayo de 2026 revela que casi 8 de cada 10 argentinos sienten que su situación económica empeoró, mientras crece la desconfianza hacia la gestión libertaria y más de un tercio de los hogares debe endeudarse para llegar a fin de mes. La caída del poder adquisitivo desplazó incluso a la inflación como principal preocupación social y abrió un escenario político marcado por el desencanto, la incertidumbre electoral y el avance del pesimismo económico.
Imagen generada por IA.

La crisis económica ya dejó de ser una sensación aislada para convertirse en una percepción dominante. Un nuevo informe nacional de opinión pública correspondiente a mayo de 2026 expone un escenario demoledor para el Gobierno de Javier Milei: el 75,5% de los argentinos asegura que su situación económica empeoró o sigue igual de mal, mientras que el 61,4% considera que el país atraviesa directamente una crisis económica.

El dato más contundente del relevamiento no es solo el rechazo creciente a la gestión libertaria, sino el deterioro profundo del bolsillo: la principal preocupación de la población ya no es la inflación ni la inseguridad, sino los bajos ingresos personales y familiares, mencionados por el 49,9% de los encuestados. La pérdida de poder adquisitivo se convirtió en el eje central del malestar social.

El informe revela además un dato alarmante que refleja el nivel de asfixia económica que viven millones de hogares: el 35,9% de las familias tuvo que pedir dinero prestado durante el último mes para llegar a fin de mes. La mayoría recurrió a tarjetas de crédito, pago mínimo, cuotas o préstamos de familiares y amigos. Es decir, más de un tercio de los hogares argentinos ya sobrevive endeudándose.

La principal preocupación de la población ya no es la inflación ni la inseguridad, sino los bajos ingresos personales y familiares, mencionados por el 49,9% de los encuestados.

La caída de la confianza en el Gobierno también aparece de manera contundente. El Índice de Confianza Pública (ICP) bajó a 1,88 y entró formalmente en zona de «desconfianza», luego de varios meses consecutivos de deterioro. En paralelo, el Índice de Perspectiva Económica (IPE) cayó a 2,01, consolidando un escenario de «estancamiento» económico y social.

Los números de la evaluación presidencial profundizan el cuadro negativo para la Casa Rosada:

  • 58,5% califica la gestión nacional como mala o muy mala.
  • 67,3% considera que las medidas del Gobierno impactaron negativamente en su vida.
  • 55,8% cree que el país va en un rumbo equivocado.
El informe revela además un dato alarmante que refleja el nivel de asfixia económica que viven millones de hogares: el 35,9% de las familias tuvo que pedir dinero prestado durante el último mes para llegar a fin de mes. 

Otro de los puntos más críticos del estudio es la desconexión creciente entre la figura presidencial y las demandas sociales. Mientras la ciudadanía considera que un «Presidente ideal» debe tener capacidad para resolver problemas, honestidad y un proyecto de país claro, casi la mitad de los encuestados —48,8%— respondió que no identifica en Milei ninguno de esos atributos. Apenas el 17,3% le reconoce capacidad para resolver problemas concretos.

En términos electorales, el escenario aparece completamente abierto y cargado de incertidumbre. El peronismo nucleado en Fuerza Patria lidera la intención de voto con 36%, seguido muy de cerca por La Libertad Avanza con 32,3%. En un eventual ballotage, Axel Kicillof se impondría sobre Milei por un margen estrecho: 41,7% contra 39,4%.

Los segmentos más golpeados son los sectores medios precarizados y los hogares vulnerables. Entre los llamados «Millennials Precarios», el 73,9% tiene expectativas económicas negativas, mientras que en la «Generación X Desplazada» la preocupación por los ingresos alcanza un impactante 71,3%.

El informe termina configurando una fotografía social inquietante: una sociedad endeudada, descreída, con salarios deteriorados y sin expectativas claras de mejora inmediata. En ese contexto, el principal capital político que había sostenido al oficialismo —la expectativa de un futuro mejor— empieza a erosionarse aceleradamente frente al peso de la realidad cotidiana.

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