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60% de desaprobación y 68% de insatisfacción: el momento más crítico del Gobierno de Milei

La gestión de Javier Milei atraviesa un punto de inflexión marcado por datos que reflejan un deterioro sostenido del clima social y político: con gran desaprobación y altos niveles de insatisfacción, el Gobierno se estabiliza en un piso crítico mientras crecen las preocupaciones por salarios, empleo y condiciones de vida. La pérdida de ventaja frente a otros dirigentes, el desgaste de su equipo y el rechazo a medidas emblemáticas como la dolarización configuran un escenario en el que el ajuste económico ya no se percibe como solución, sino como parte central del problema.
Imagen elaborada con IA.

La gestión de Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más delicados desde que asumió. Los datos que una consultora de opinión arrojó a través de un relevamiento son contundentes y difíciles de relativizar: 60% de desaprobación y un 68% de insatisfacción con el rumbo del país. Pero lo más preocupante no es la foto, sino la tendencia: el Gobierno dejó de caer, sí, pero se estabilizó en niveles críticamente bajos.

A esto se suma un dato aún más estructural: solo el 29% de los argentinos está satisfecho con cómo marchan las cosas en el país, una cifra que lo ubica en niveles históricamente bajos para un segundo año de gestión. No es estabilidad: es estancamiento en el malestar.

Hoy, los bajos salarios (37%) y la falta de trabajo (37%) encabezan las preocupaciones de los argentinos, seguidos muy de cerca por la corrupción (36%). Es decir, el núcleo duro de la crisis no está en discusiones ideológicas ni en debates macroeconómicos abstractos, sino en la vida cotidiana: trabajar no alcanza y conseguir empleo es cada vez más difícil. Ese malestar tiene correlato directo en las percepciones: el 58% de la población cree que el país empeoró en el último año y el 56% afirma que su situación personal también es peor. No es solo una crisis de expectativas: es una crisis material.

Ese malestar tiene correlato directo en las percepciones: el 58% de la población cree que el país empeoró en el último año. 

Peor imagen relativa y pérdida de ventaja política

Uno de los puntos más sensibles para el oficialismo es que Milei ya no sobresale frente a otros dirigentes. Su imagen positiva ronda el 35% con un diferencial negativo de -24 puntos, lo que lo coloca por debajo de figuras como Patricia Bullrich (37% positiva) y en línea o incluso por detrás de dirigentes opositores en segmentos clave.

Es más: todos los principales dirigentes políticos tienen diferencial negativo, pero el Presidente ya no logra destacarse ni siquiera dentro de ese contexto adverso. Esto implica una pérdida clara de capital político: Milei dejó de ser «la excepción» y pasó a ser parte del mismo descrédito generalizado.

El deterioro también impacta dentro del propio universo oficialista. Si bien conserva un núcleo duro, los datos muestran que la expectativa positiva hacia el futuro convive con una evaluación muy negativa del presente, incluso entre sus votantes.

Javier Milei y Patricia Bullrich, la encargada de lograr voluntades para la media sanción de la reforma laboral en el Senado. Foto: AP.
Bullrich con mejor imagen que Javier Milei.

Un gobierno en niveles críticos

Más preocupante aún es el desgaste institucional: solo el 23% está satisfecho con el desempeño del Poder Ejecutivo, y los niveles de confianza en el Congreso y la Justicia son todavía más bajos. Esto no es un dato menor: cuando la desconfianza se generaliza hacia todos los poderes, lo que se erosiona es la legitimidad del sistema en su conjunto.

El dato más revelador es que incluso banderas centrales del mileísmo pierden consenso. Más del 63% de los encuestados está de acuerdo con no dolarizar la economía, lo que marca un límite claro a uno de los pilares discursivos del Presidente. La sociedad parece haber internalizado que ciertas promesas eran, en el mejor de los casos, inviables.

El deterioro no es solo del Presidente. Su círculo más cercano también acusa el golpe. El vocero Manuel Adorni registra un 73% de desaprobación y el peor diferencial de imagen del gabinete (-59%), mientras que otras figuras del oficialismo muestran caídas sostenidas. Incluso dentro de un escenario de fuerte polarización, la oposición logra consolidar referentes con niveles de apoyo similares entre quienes rechazan al Gobierno, lo que sugiere que el oficialismo ya no monopoliza el escenario político ni el debate público.

El desplazamiento se dio a días de la exposición de Adorni ante la oposición en el Congreso.
Manuel Adorni y Karina Milei se ubican entre los personajes con peor imagen dentro del espacio libertario.

El dato emocional es quizás el más crudo: entre quienes desaprueban a Milei —que son mayoría— predominan sentimientos como rechazo, vergüenza y asco. No se trata solo de una evaluación negativa: es una ruptura afectiva entre una parte importante de la sociedad y su conducción política.

El Gobierno de Milei llegó con la promesa de dinamitar el statu quo. Sin embargo, a más de dos años de gestión, lo que muestran los datos es otra cosa: una sociedad más pesimista, más precarizada y crecientemente distante del poder político.

La pregunta de fondo ya no es si el ajuste era necesario o no. La pregunta es cuánto más puede resistir una sociedad donde el trabajo no alcanza, el empleo escasea y la mayoría siente que vive peor que antes. Porque cuando los números dejan de cerrar en la vida cotidiana, el relato —cualquiera sea— empieza a perder eficacia. Y en ese punto, la política entra en zona de riesgo.

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