Un reciente relevamiento de una consultora privada expuso con claridad un cambio de clima político que empieza a consolidarse en la Argentina: la gestión de Javier Milei enfrenta un deterioro sostenido en su legitimidad, atravesado por la crisis económica, el incumplimiento de expectativas y crecientes cuestionamientos éticos.
El dato más contundente es el rechazo a una eventual reelección. Apenas el 29,4% de los encuestados afirma que volvería a votar al Presidente, mientras que un 60,7% lo descarta de plano. No se trata solo de una caída en la intención electoral, sino de un síntoma más profundo: la pérdida de confianza en la continuidad del rumbo actual.
Ese desgaste encuentra su principal explicación en la economía. Entre quienes no lo votarían, el 47% señala la «mala gestión económica» como el motivo central. La cifra no solo lidera ampliamente el ranking de críticas, sino que además confirma que el núcleo del descontento se vincula directamente con la experiencia cotidiana de la población, lejos de debates ideológicos o abstractos.
«Es el PEOR GOBIERNO del que tenga memoria. TODO está caro, no te alcanza para NADA. Trabajas para pagar deudas. Antes con UN SOLO trabajo me alcanzaba, hoy trabajo SEIS veces más Y NO ALCANZA»
Esta señora dijo lo que TODOS pensamos sobre Milei y este GOBIERNO DE MIERDA pic.twitter.com/rBCO6YOUsg
— Resistencia Nacional (@ResistenciaNac_) April 13, 2026
A esto se suma un factor que erosiona la credibilidad del Gobierno: el incumplimiento de promesas (24,7%) y las denuncias o percepciones de corrupción (21,5%). En conjunto, estos elementos configuran un escenario donde la narrativa inicial de “cambio” pierde fuerza frente a la percepción de prácticas políticas tradicionales que el propio Milei había prometido erradicar.
El deterioro no se limita a los votantes opositores. Incluso dentro de su propio electorado emergen señales de desencanto. Un 33,9% de quienes lo votaron en 2023 asegura haber reducido o retirado su apoyo, principalmente por la situación económica (47,7%), pero también por promesas incumplidas (18,9%) y preocupaciones vinculadas a la corrupción (12,7%). Este dato es particularmente significativo: el problema ya no es solo conquistar nuevos votantes, sino retener a los propios.

El informe también revela un clima general de búsqueda de alternativas. Un 62,4% considera que Argentina necesita un candidato nuevo por fuera de los partidos tradicionales, mientras que un 46,4% estaría dispuesto a votar una opción más moderada. Incluso, casi la mitad (48,2%) apoyaría una alianza opositora para derrotar a Milei. Estas cifras reflejan una sociedad en movimiento, que comienza a mirar más allá del oficialismo en busca de estabilidad y previsibilidad.
En paralelo, el rechazo a un segundo mandato alcanza el 60,6%, consolidando la idea de que el ciclo político del actual gobierno podría ser más corto de lo esperado si no logra revertir las tendencias actuales. El clima social comienza a mostrar signos de agotamiento frente al rumbo del Gobierno. La combinación de dificultades económicas persistentes y expectativas incumplidas no solo impacta en la imagen presidencial, sino también en la percepción general sobre el futuro.

Lejos de consolidar un horizonte de certidumbre, los datos sugieren una creciente incertidumbre, donde amplios sectores de la sociedad ya no solo cuestionan el presente, sino que empiezan a dudar de la capacidad del oficialismo para ofrecer una salida sostenible a la crisis. El panorama que traza el informe es claro: la administración libertaria enfrenta un proceso de desgaste que combina variables económicas, políticas y éticas. La caída en la intención de voto no es un fenómeno aislado, sino la expresión de una pérdida más amplia de confianza.
Con mayorías contundentes que rechazan su continuidad, cuestionan su desempeño económico y demandan alternativas políticas, los números configuran algo más que una foto del momento: marcan un punto de inflexión. Si estos indicadores se sostienen en el tiempo, el escenario deja de ser simplemente adverso y pasa a convertirse en estructuralmente crítico para el oficialismo.
Fuente: Zubán Córdoba
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