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Entre el ajuste y los escándalos: la imagen de Milei entra en zona crítica

Un informe de opinión pública expone el crecimiento de la imagen negativa del gobierno, atravesado por el impacto de la crisis económica, los escándalos políticos y decisiones que generan cada vez más dudas en la sociedad.
Fuente: TN

Un nuevo informe de opinión pública revela un dato incómodo para el Gobierno de Javier Milei: la imagen negativa se consolida en múltiples encuestas en un clima social atravesado por la incertidumbre económica, la desconfianza política y el desgaste de su narrativa anticasta. Según el relevamiento nacional, el 57,2% de los encuestados evalúa negativamente la gestión presidencial. El dato no es aislado: está acompañado por una percepción extendida de que el país va en la dirección incorrecta, lo que configura un escenario de respaldo frágil y en tensión.

El principal factor que explica el deterioro de la imagen presidencial sigue siendo económico. La inflación (61,9%), la falta de ingresos (48,8%) y la inseguridad (37,4%) encabezan el ranking de preocupaciones sociales. Lejos de consolidar expectativas positivas, el ajuste profundiza la percepción de pérdida y empuja al Gobierno nacional a un terreno defensivo.

A esto se suman problemáticas estructurales como la pobreza, el aumento de tarifas y las dificultades de acceso a salud y educación, que amplían el malestar más allá de los sectores históricamente vulnerables.

Pregunta de respuesta múltiple por lo que la suma del total es superior al 100%. Fuente: Rubikon 

El costo político de los escándalos

La imagen de Milei también se ve afectada por episodios que erosionan su credibilidad. El caso de la criptomoneda $LIBRA dejó huella: entre quienes siguieron el escándalo en los medios, una porción significativa del 47,10 considera que se trata de «un acto deliberado para beneficiarse económicamente o favorecer a terceros», ya que en el transcurso de la investigación se difundieron imágenes y registros audiovisuales que evidenciarían vínculos entre el entorno de los Milei y algunos de los implicados en la causa, lo que profundizó las sospechas sobre posibles conflictos de interés. Más aún, un 24,6% asegura que dejaría de apoyarlo si se comprobara judicialmente algún tipo de pago al entorno presidencial.

En paralelo, las denuncias contra Manuel Adorni impactan directamente en el corazón del discurso oficial. Un 30,4% afirma que este caso empeora su percepción del gobierno por contradecir la promesa anticasta, mientras que otro 31% ya tenía una imagen negativa previa, lo que refuerza un clima de desconfianza acumulada.

La estrategia internacional del gobierno tampoco logra consolidar respaldo. La alineación con Estados Unidos e Israel genera rechazo o dudas en amplios sectores: muchos consideran que expone innecesariamente al país o rompe con una tradición histórica de neutralidad.

Además, los viajes presidenciales —más de 35 en lo que va de la gestión— son vistos de forma crítica. Un 37% los considera perjudiciales, especialmente cuando se los vincula a posicionamientos ideológicos, mientras que otro grupo cuestiona el gasto en un contexto de ajuste interno.

El escándalo $LIBRA, otro de los casos que más impacto causaron en la imagen del actual Presidente.

Un liderazgo con saldo negativo

El mapa de imagen pública confirma la tendencia: Milei registra un saldo negativo de -15,2 puntos, en línea con otros referentes del oficialismo que también muestran altos niveles de rechazo. Incluso figuras clave del Gobierno, como Luis Caputo o Patricia Bullrich, presentan balances negativos en la opinión pública.

Este escenario no implica un colapso inmediato del apoyo político, pero sí evidencia un desgaste sostenido que limita la capacidad del gobierno para ampliar su base social. A pesar de conservar un núcleo de respaldo, el Gobierno enfrenta un problema estructural: el malestar económico persiste, los escándalos erosionan su credibilidad y las decisiones políticas generan más dudas que consensos.

En este contexto, el Gobierno de Javier Milei enfrenta algo más profundo que un desgaste coyuntural: una pérdida progresiva de confianza que atraviesa tanto la economía como su capital simbólico. Cuando el ajuste no logra ordenar expectativas y los escándalos ponen en duda la coherencia del discurso, el respaldo deja de ser una base sólida y pasa a ser un terreno resbaladizo. La advertencia es clara: si no logra recomponer credibilidad y ofrecer resultados concretos en el corto plazo, el equilibrio inestable que hoy sostiene a la gestión puede transformarse rápidamente en un punto de inflexión político difícil de revertir.

Fuente: Rubikon

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