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Milei abrió sesiones con un show confrontativo y lluvia de insultos

En la inauguración del 144° período de sesiones ordinarias, el presidente volvió a protagonizar un discurso de alto voltaje político. Junto a anuncios de 90 reformas estructurales y un declarado alineamiento con Washington, el mandatario recurrió a los agravios para dividir el escenario político en lugar de construir consensos. Un análisis de lo que dijo, lo que omitió y lo que no cierra.
Fuente: Chequeado

Fue casi un ritual repetido. Por tercera vez, Javier Milei se paró ante la Asamblea Legislativa y ofreció un discurso que mezcló cifras macroeconómicas con descalificaciones a granel. Cerca de dos horas de exposición ante un Congreso dividido entre ovaciones del oficialismo e insultos cruzados con la oposición kirchnerista. El resultado fue una fotografía fiel del estado actual de la política argentina: un gobierno con resultados reales en algunas áreas, pero también con datos que no siempre cierran, y una estrategia de comunicación que apuesta sistemáticamente a profundizar la grieta.

Lo que mostró el balance económico

El presidente presentó el superávit fiscal como el logro más significativo de su gestión, destacando que se trata del primer presupuesto sin déficit en un siglo. También celebró un crecimiento económico del 6,6% en diciembre de 2024 respecto a igual mes de 2023, y del 3,3% en el mismo período de 2025. Sin embargo, esos datos toman únicamente puntas de diciembre, un método que distorsiona la imagen del año completo: en 2024 la actividad cayó un 1,8% promedio, y recién en 2025 se recuperó, con una expansión del 4,4% tras dos años de retracción.

Milei también afirmó haber «triplicado el salario en dólares«, pero omitió que el costo de vida medido en esa misma moneda creció proporcionalmente más, erosionando el poder adquisitivo real de los trabajadores. En materia de empleo, sostuvo que «la tasa de desempleo cayó«, cuando el Indec registró un 6,3% de desocupación en el tercer trimestre de 2025, casi un punto por encima del 5,4% del mismo período de 2023. Los puestos creados, en su mayoría, corresponden a la economía informal.

La grieta como estrategia deliberada

En el plano político, el discurso no sorprendió: Milei insultó a legisladores opositores llamándolos «chorros«, «golpistas«, «delincuentes» e «ignorantes«. Llamó «chorra» a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner por sus condenas judiciales, y también apuntó contra empresarios industriales como Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla por sus posiciones frente a la apertura importadora. La estrategia es consciente: según fuentes del propio gobierno, el asesor Santiago Caputo entiende el consenso como un medio, no como un valor en sí mismo. El objetivo declarado es llegar a las elecciones de 2027 polarizando el escenario entre Milei y el kirchnerismo.

Esa lógica confrontativa tiene rédito electoral comprobado. La tiene Milei hoy, como antes la tuvieron Néstor Kirchner, Cristina Fernández y Mauricio Macri. La pregunta que la ciencia política no termina de responder es si las transformaciones estructurales que un país necesita pueden sostenerse en el tiempo sobre una sociedad permanentemente dividida.

90 reformas y alineamiento con Washington

En el plano programático, Milei anunció que cada ministerio presentará diez paquetes de reformas estructurales a lo largo del año, lo que suma 90 iniciativas legislativas en nueve meses. Entre ellas figuran modificaciones al Código Penal, al Código Civil y Comercial, una reforma electoral y cambios en el sistema educativo. También ratificó avances en materia de seguridad, citando la caída del 17% en la tasa de homicidios y la virtual desaparición de los piquetes en el acceso a la Ciudad de Buenos Aires.

En política exterior, el presidente reafirmó su alineamiento con Donald Trump y propuso construir «una alianza estratégica duradera» con los Estados Unidos, presentándola como una política de Estado. Habló del Atlántico Sur como un «escenario de disputa estratégica para las próximas décadas» y planteó que Argentina debe ser el actor que lo controle. Paradójicamente, este firme vínculo con el principal impulsor mundial del proteccionismo convive con la defensa doméstica de la apertura irrestricta al comercio exterior, una tensión que el discurso presidencial no abordó.

Lo que el discurso no dijo

Milei no mencionó de qué manera se financiarán la salud, la educación y otras funciones básicas del Estado si la lógica de reducción impositiva continúa avanzando. Las rebajas tributarias celebradas apuntaron principalmente a sectores de altos ingresos, desde el Impuesto a los Bienes Personales hasta los aranceles para autos de lujo, mientras que el IVA, que afecta de forma regresiva a los sectores más vulnerables, no fue mencionado.

El discurso también ignoró que la emigración de argentinos al exterior continuó bajo su gobierno. Según datos de España, principal destino, los residentes argentinos en ese país crecieron un 15% en los primeros dos años de la gestión Milei, una tendencia que el propio mandatario atribuyó, con selectividad, únicamente al período kirchnerista.

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