El último Monitor de Opinión Pública realizado por una consultora privada expuso un escenario social y económico complejo durante la gestión del presidente Javier Milei, con indicadores que reflejan un fuerte deterioro en la percepción del bienestar y una creciente desconfianza institucional.
El dato más contundente del relevamiento es que el 51,4% de los encuestados se autopercibe dentro de la clase baja o media-baja, cifra que además creció respecto al mes anterior. En paralelo, el 76,9% sostiene que su salario no logra superar la inflación, lo que marca una profundización de la pérdida del poder adquisitivo.
La estructura social autopercibida muestra que más de la mitad de los consultados se ubica en los estratos más bajos, mientras que solo el 8,4% se considera de clase alta. Este dato refleja un corrimiento hacia abajo en la percepción socioeconómica, en un contexto donde el discurso oficial pone el foco en el ordenamiento macroeconómico.

Salarios que no alcanzan y dificultades para llegar a fin de mes
El informe subraya una pérdida sostenida del poder de compra. Casi ocho de cada diez argentinos (76,9%) aseguran que sus ingresos no le ganan a la inflación, incluso con un aumento de 2,2 puntos porcentuales respecto a enero.
La dificultad para sostener la economía doméstica también queda reflejada en la capacidad de llegar a fin de mes:
- El 34,9% llega justo, sin posibilidad de ahorro.
- Un 18,5% solo alcanza hasta el día 20.
- El 11,2% llega hasta el día 15.
- El 7,9% apenas hasta el día 10.
- El 2,2% llega hasta el día 5.
Estos números evidencian que una parte significativa de la población atraviesa situaciones de alta vulnerabilidad económica.

Desconfianza institucional y cuestionamientos a la transparencia
Más allá de la evaluación directa de la gestión, uno de los datos que enciende alertas es el deterioro en la confianza hacia los organismos públicos. El 60,1% de los encuestados no cree que el dato de inflación difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos refleje la realidad, lo que evidencia una ruptura significativa entre las estadísticas oficiales y la percepción ciudadana.
El informe vincula esta caída en la credibilidad con los cambios en la conducción del organismo, tras la salida de Marcos Lavagna. En ese marco, el 59,3% se manifestó en contra de la intervención del Poder Ejecutivo en las decisiones del INDEC, reforzando la idea de que existe una mirada crítica sobre el manejo institucional.
Este clima de sospecha no es menor: la falta de confianza en los datos oficiales impacta directamente en la credibilidad del rumbo económico y profundiza la sensación de incertidumbre en un contexto donde la mayoría afirma que su salario pierde frente a la inflación y que llegar a fin de mes es cada vez más difícil.

El desempleo, una preocupación extendida
La crisis laboral también aparece con fuerza: el 41,9% afirmó que él mismo o alguien de su entorno cercano perdió el trabajo en los últimos 12 meses. El desempleo se consolida así como uno de los principales temores sociales, en un contexto donde la situación económica general encabeza el ranking de preocupaciones (24,3%), seguida por la corrupción (17,6%) y el desempleo (12,9%). Mediante datos publicados en febrero por el Ministerio de Capital Humano en base a datos del SIPA, entre noviembre de 2023 (justo antes de la asunción de Milei) e igual mes de 2025, se perdieron cerca de 300.000 puestos de trabajo asalariados formales.
En conjunto, el relevamiento de febrero dibuja un panorama donde la percepción de deterioro económico, la pérdida del poder adquisitivo y el escepticismo hacia las estadísticas oficiales configuran un escenario adverso para el Gobierno nacional, con una sociedad que mayoritariamente siente que no logra mejorar su situación bajo la actual gestión.
En este contexto, los números no solo describen una coyuntura económica compleja, sino también un estado de ánimo social marcado por la incertidumbre y el desgaste. La combinación de salarios rezagados, dificultades para sostener los gastos básicos, pérdida de empleo formal y desconfianza en las estadísticas oficiales configura un escenario de fragilidad que atraviesa a amplios sectores de la población.
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