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Viernes 19 de abril de 2024
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¿Nueva devaluación en marzo? Cómo afecta a la inflación y los salarios la pérdida de valor del peso

Si bien pasaron solo dos meses desde que el gobierno realizara una devaluación del peso mayor al 100%, la alta inflación y la brecha cambiaria lleva a especular que el gobierno deberá realizar una nueva devaluación para beneficiar la exportación de granos. Esto impactaría fuertemente en la inflación y los salarios.

Si bien pasaron solo dos meses desde que el gobierno realizara una devaluación del peso mayor al 100%, la alta inflación y la brecha cambiaria lleva a especular que el gobierno deberá realizar una nueva devaluación para beneficiar la exportación de granos. Esto impactaría fuertemente en la inflación y los salarios.

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El gobierno de Javier Milei comenzó en diciembre con una devaluación mayor al 100% que llevó el dólar oficial de 360 pesos a los 830. Esto, que en principio fue celebrado tanto por el oficialismo como por sectores del mercado, terminó generando un fuerte aumento de la inflación, que no solo empobreció a la mayoría de los argentinos sino que además terminó licuando las ventajas competitivas que la devaluación generó en los exportadores.

Esto, sumado al aumento de la brecha cambiaria y un crawling peg (microdevaluaciones diarias) que se encuentra muy por debajo de la inflación, lleva a economistas a especular que el gobierno deberá ejecutar una nueva devaluación entre marzo y abril.

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¿Cuáles son las razones por las que se pronostica una nueva devaluación y cuál será su impacto en los precios?

La inflación

Uno de los principales motores detrás de las preocupaciones sobre una posible devaluación es el aumento que se produjo en la inflación en los meses del gobierno de Javier Milei.

Según datos del INDEC, la inflación de diciembre fue del 25,5%, el doble de lo registrado en noviembre. Si bien aún no se publicaron los datos de enero, se especula que nuevamente esté por encima del 20%.

Esto erosiona el poder adquisitivo de los ciudadanos y crea incertidumbre en la economía. La pérdida del poder adquisitivo del peso contribuye a que los ahorristas sigan refugiándose en el dólar aumentando la brecha cambiaria, que refleja la diferencia entre el tipo de cambio oficial y el tipo de cambio en el mercado paralelo.

La presión de los sojeros

Pero el factor más importante que lleva a especular sobre una nueva devaluación en marzo es la presión de los exportadores de granos, que empezarían a exportar durante ese mes. La economía argentina sigue dependiendo de este sector para la acumulación de dólares, ya que representa un 46% de su exportación.

Esto genera también una dependencia del gobierno hacia las necesidades de los exportadores de soja y maíz, ya que necesitan que éstos aporten para tener una mayor acumulación de dólares que posibilite la ejecución de distintas políticas

Si el plan del gobierno es eliminar el cepo cambiario, por ejemplo, necesita acumular dólares en el Banco Central, así como también afrontar los compromisos de pago de deuda externa como la contraída con el Fondo Monetario Internacional.

A los exportadores les conviene una devaluación como la de diciembre, ya que aumenta su margen de ganancia. Sin embargo, ante el aumento de precios en Argentina y un dólar oficial rezagado con respecto al mercado paralelo, los costos de producción aumentan licuando el margen de ganancia que tenían en diciembre.

Esto puede provocar que exporten lo menos posible especulando con que el gobierno vuelva a devaluar la moneda. Esta especulación funciona como presión para el gobierno, ya que depende de éstas exportaciones.

La relación devaluación/inflación

La razón detrás de la devaluación de diciembre, y de la política económica que viene ejecutando el gobierno nacional, es la idea de que los precios relativos en Argentina estaban distorsionados y que habían precios “atrasados”, provocando con el salto cambiario un “sinceramiento” de los precios. En diálogo con NEA HOY, el economista e investigador del CONICET Nicolas Dvoskin opinó que esto es falso.

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La idea de que exista un precio efectivo, puro y verdadero de mercado, y otros precios intervenidos y mentirosos es una fantasía que no existe en ninguna parte. Las variables que inciden en cada uno de los precios son diferentes y van cambiando”, aclaró el economista.

Dvoskin aclara, sin embargo, que una de las variables más importantes que inciden en los precios son los salarios, ya que componen parte del costo de la producción. Los precios, de acuerdo al economista, están compuestos por la suma del margen de ganancia y los costos de producción, que incluye los salarios, precio de los insumos, energía, etc.

Es por ello que, cuando se celebra una paritaria y suben los salarios, generalmente los precios de los productos también suben, ya que las empresas trasladan este costo a los precios para no perder margen de ganancia. 

El problema es que, cuando los empresarios trasladan el costo a los precios, generan inflación y el salario de los trabajadores pierde poder adquisitivo, y esto presionará para que nuevamente exijan suba de salarios. Esta relación entre los empresarios que intentan trasladar todo el costo al precio para mantener el margen de ganancia y los trabajadores intentando recuperar poder adquisitivo es lo que se llama “puja distributiva”.

Pero los salarios no son la única variable. Si el precio de la energía o el combustible sube, también se trasladará a los precios para no perder margen de ganancia, y así también con la suba de cualquier costo. El propio traslado de costos a precios de un producto para mantener el margen de ganancia, hace que también suba el costo de otros productos que utilicen éste producto como insumo, generando una espiral inflacionaria

Pero además de esto, Dvoskin aclara que “en Argentina, un elemento fundamental de muchos de los precios es el tipo de cambio, porque el dólar incide fuertemente no solo sobre las cosas que se importan sino sobre las cosas que tienen componentes importados”.

Pero además, lo que es sumamente importante para Argentina, influye el precio de los bienes que se exportan”, aclara el economista, “por más de que sea de producción local, si un bien se exporta, el tipo de cambio fija su precio externo y sobre esa base se fija su precio interno”.

Para Dvoskin, la particularidad de Argentina es que es un país que exporta alimentos, los mismos que se consumen dentro del país. Cuando se devalúa, el precio de exportación aumenta en relación al peso, y eso hace que las empresas suban el precio en el mercado interno para equipararlo al precio de exportación.

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Por eso, cada vez que aumenta el dólar, ese aumento se traslada inmediatamente en alimentos. Esto provoca un aumento en los costos de vida de los trabajadores y pérdida de su poder adquisitivo, por lo que genera más tensión salarial y puja redistributiva.

Por eso, cada vez que aumenta el dólar, ese aumento se traslada inmediatamente en alimentos. Esto provoca un aumento en los costos de vida de los trabajadores y pérdida de su poder adquisitivo, por lo que genera más tensión salarial y puja redistributiva.

El salario como ancla

Sobre la devaluación de diciembre, el economista explica que “lo que ha hecho el gobierno es aumentar el dólar, lo que generó un aumento de la inflación que ya venía elevada por puja distributiva, y a lo que apunta con claridad es que se controle inflación con el ancla salarial, es decir que se contengan los precios por caída del salario real”.

Si hasta ahora los empresarios estuvieron trasladando todo el aumento de costos a precios para no perder el margen de ganancia, lo que apunta el gobierno es a frenar el aumento de salarios, bajando el poder adquisitivo y el nivel de vida de los trabajadores de Argentina, confiando en que esto eventualmente pondría un techo al margen de ganancia de los empresarios, desacelerando la inflación al no poder seguir trasladando el aumento de costos a los precios por la caída del consumo.

De acuerdo a esta hipótesis, la caída del consumo incluso podría provocar un retroceso en los precios de algunos productos con el objetivo de mantener el consumo. Sin embargo, esto pasaría solamente en los sectores de mercado con mayor competencia. 

En Argentina gran parte de los sectores tienen poca competencia y capacidad de stokeo, por lo que las empresas podrían enfrentar la baja en consumo con una baja en la producción, generando un mayor desempleo con tal de mantener sus márgenes de ganancia.

Si la inflación es la expresión de que hay un conflicto distributivo, con lo cual vos podes tener baja inflación con una distribución buena o baja inflación con una distribución mala, el gobierno apunta a que la recesión económica y la caída del salario real sea lo que genere una baja en la inflación con un escenario distributivo mucho peor”, concluye el economista.

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