¿Qué queda de una canción cuando termina de sonar? Para el programa de Formosa de Encuentros Corales Escolares, queda mucho más que una melodía: queda una historia, un paisaje, una costumbre, el nombre de un compositor o una palabra que durante generaciones se transmitió de boca en boca. Con esa mirada, el canto dejó de ser solamente una actividad artística para convertirse en una herramienta de la educación pública formoseña para preservar, difundir y construir identidad a partir del patrimonio cultural de la provincia. Se trata de un programa que llega a congregar hasta 20 mil personas en toda la provincia, demostrando una masividad inusitada.
La propuesta comenzó en 2015, cuando se realizaron los primeros encuentros con escuelas primarias y luego secundarias. En 2016 fue incorporada al calendario escolar y, en 2019, se creó formalmente el Programa Provincial de Encuentros Corales Escolares, dependiente de la Subsecretaría de Cultura del Ministerio de Cultura y Educación. “Es parte de la política educativa y está incorporado, como la Feria de Ciencias. Somos la única provincia que lo hizo”, explicó a NEA HOY la responsable del programa, profesora Griselda Paredes. La iniciativa comprende dos actividades principales: los Encuentros Corales Escolares, que se desarrollan durante todo el ciclo lectivo, y Las Escuelas Cantan a la Navidad, que tiene lugar en diciembre y reúne a miles de personas en distintos puntos de la provincia.

Cantar también es aprender de dónde venimos
Los coros tienen un mínimo de 25 integrantes y algunos llegan a reunir hasta 40 alumnos. Participan instituciones de las distintas modalidades educativas: primaria, secundaria, Educación Permanente, especial y técnica. La propuesta busca que cada obra sea una puerta de entrada a la historia y la cultura de la comunidad a la que pertenece cada escuela.
“Para los más chicos es un espacio de estimulación, acercamiento a la música. Fomentamos a los compositores formoseños que escriben para los niños. Siempre hablamos de Formosa: del Pombero, del Bañado La Estrella”, explicó Paredes. En ese proceso, una canción puede convertirse en una investigación. Los alumnos conocen quién compuso una obra, qué historia hay detrás de ella, qué paisaje la inspiró o qué tradiciones representa. Así, el aprendizaje musical comienza a atravesar otras áreas de la escuela «como Lengua o Ciencias Naturales».
Con ello se busca recuperar expresiones culturales que no siempre tienen presencia en Internet o en plataformas digitales. En Ingeniero Juárez, por ejemplo, las escuelas invitan a músicos locales para que los estudiantes puedan conocerlos y preguntarles qué los llevó a crear sus obras. El trabajo adquiere una dimensión todavía más profunda cuando se trata de las comunidades originarias. Algunas canciones de autores formoseños son traducidas a la lengua wichí, una tarea que involucra a distintos actores de la comunidad educativa, incluidos los Maestros Especiales de Modalidad Aborigen (MEMAs). «La intención es que se grabe y no se pierda”, explicó la profesora.

De esta manera, el coro se transforma en un punto de encuentro entre generaciones entre los alumnos, las familias los docentes y los músicos para contar historias que muchas veces no aparecen en los libros. “No todos los músicos formoseños tienen su música en las plataformas”, explicó Paredes. Por eso, los docentes también se acercan a músicos y poetas populares para recuperar sus producciones. Cada Delegación Zonal del Ministerio de Cultura y Educación debe realizar un registro de estos artistas y de las obras que pueden incorporarse a la propuesta con el objetivo de evitar que parte de la memoria cultural de Formosa quede en el olvido.
Una provincia que canta
Con el paso de los años, los encuentros se extendieron desde la ciudad de Formosa hacia distintas delegaciones zonales, entre ellas Pirané, Ingeniero Juárez, Villafañe y Laguna Blanca. La participación es masiva y solo en el nivel primario, en la ciudad de Formosa llegaron a reunirse alrededor de 2.000 niños cantando.
La dimensión se multiplica en diciembre con Las Escuelas Cantan a la Navidad, una propuesta basada en villancicos que llegó a reunir a más de 20 mil personas en toda la provincia. La actividad se articula además con otras propuestas culturales de fin de año, como la Cantata Navideña, Formosa Brilla, recorridos por museos y actividades en distintas parroquias.

“Nos invade la música de afuera”, reflexionó Paredes y por ello frente a ello el programa plantea que la escuela también tiene la responsabilidad de acercar a los estudiantes las historias y expresiones culturales de su propia comunidad. “Es la información que no llega a través de las redes y la escuela tiene esa misión: que sepamos de dónde venimos, de dónde está nuestro origen”, sostuvo.
Así, miles de voces infantiles y juveniles terminan haciendo algo más que cantar. Recuperan una melodía, preguntan a sus abuelos, conocen a un compositor, aprenden una palabra en wichí o descubren la historia de un lugar. Y cuando vuelven a cantar esa canción, la memoria deja de ser solamente pasado: se convierte en identidad y vuelve a tener futuro.
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