La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), un organismo con más de 70 años de prestigio internacional, atraviesa hoy una de las crisis más profundas de su historia. Bajo una política de ajuste que ya ha recortado el 45,4% de su presupuesto, el sistema nuclear se desangra: un centenar de despidos recientes se suman a una sangría de casi 500 empleados entre cesantías y renuncias forzadas por el deterioro salarial.
Mientras profesionales altamente calificados —físicos, ingenieros nucleares y especialistas en reactores con hasta 20 años de experiencia— perciben salarios que, según denuncian los trabajadores, apenas alcanzan los $600.000, la gestión de Javier Milei habilita cargos directivos a personas cuya idoneidad dudosa.

Según denuncian delegados gremiales, estas nuevas contrataciones de «twitteros y propagandistas del régimen» perciben sueldos que llegan a los 14 millones de pesos. «Con el sueldo de uno solo de estos contratados se podría pagar a la mitad de los profesionales despedidos», denuncian desde las bases del organismo.
Los nombres y perfiles que hoy ocupan puestos estratégicos en la CNEA y Nucleoeléctrica Argentina (NASA) distan mucho de la meritocracia científica:
- Santiago Vieyra: Exresponsable de «La Derecha Diario Córdoba» y estudiante que solo aprobó materias de primer año de abogacía, hoy coordina el área de Aplicaciones Nucleares a la Salud. Bajo su órbita está el reactor RA-10, clave para la producción de isótopos medicinales y una pieza codiciada para el comercio exterior que el Gobierno buscaría privatizar.

- Felipe Randle: Vinculado al entorno del ex Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, ocupa una gerencia en la CNEA y un lugar en el directorio de NASA teniendo únicamente un título de bachiller. A pesar de su nula formación profesional, se le otorgó una categoría salarial superior a la de cualquier doctor en ingeniería del organismo.
- Gisela Mangone: Identificada como instructora de yoga y animadora infantil, fue asignada a la CNEA en áreas operativas y de recursos humanos, un nombramiento que los trabajadores califican como «un insulto a la trayectoria del personal técnico».

Un sistema nuclear en riesgo de extinción
El impacto de este vaciamiento es devastador. La empresa ya ha perdido cerca del 30% de su personal de ingeniería, lo que compromete el «know-how» acumulado durante décadas. Proyectos de vanguardia mundial como el CAREM, el primer reactor de potencia diseñado íntegramente en Argentina, se encuentran virtualmente paralizados pese a tener un avance del 65%. Su importancia es fundamental y de poder desarrollarse sería capaz de generar energía a una provincia.
Los especialistas advierten que este deterioro no es accidental ya que la pérdida de profesionales y la desvalorización de los activos —se estima que quieren vender Nucleoeléctrica por 12.000 millones de dólares menos de su valor de reposición— apuntan a una privatización que entregaría no solo infraestructura, sino también la soberanía energética y las reservas de uranio del país.
Mientras la ciencia argentina emigra por sueldos de supervivencia, el corazón del sistema nuclear queda en manos de quienes, entre yoga y redes sociales, parecen estar allí solo para apagar la luz de décadas de desarrollo soberano.
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