El centenar de despidos ejecutado este martes en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) revive las preocupaciones sobre el futuro del sector nuclear argentino. La decisión del Gobierno Nacional se suma a las denuncias por el desmantelamiento de organismos estratégicos y refuerza las advertencias de especialistas que sostienen que existe un proceso orientado a allanar el camino para privatizar Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA), la empresa estatal que opera las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse, responsables de alrededor del 7% de la generación eléctrica del país.
Lo que está pasando es un escándalo y no se está hablando por ningún lado. El gobierno despidió a 100 trabajadores de la CNEA, uno de los organismos mas importantes y esenciales del desarrollo nacional. Argentina es líder en el mundo en energía nuclear, incluso es el único país… pic.twitter.com/cYIOOYHKdF
— Martín Dandach (@MartinDandach) June 30, 2026
El vaciamiento empieza por las personas
La energía nuclear ocupa un lugar importante dentro de la matriz energética argentina y representa uno de los desarrollos científicos más importantes alcanzados por el país desde la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), hace más de 70 años. Además de generar electricidad libre de emisiones de carbono, el organismo desarrolla investigación aplicada, medicina nuclear y todo el ciclo del combustible atómico.
Sin embargo, el reciente despido de un centenar de trabajadores especializados profundiza un proceso que, según denuncian los gremios, ya provocó la salida de alrededor de 500 empleados entre cesantías y renuncias impulsadas por el deterioro salarial. A esto se suma una reducción del 45,4% del presupuesto de la CNEA desde el inicio de la gestión de Javier Milei, según un informe del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (Ciitci). En paralelo, el ingeniero electricista Nicolás Malinovsky, especialista del sector y trabajador de NASA, sostiene que el Gobierno también prepara la privatización de Nucleoeléctrica Argentina valuándola a un precio mucho menor que el que en verdad tiene.
De acuerdo con las estimaciones de Malinovsky, Nucleoeléctrica sería transferida por una cifra cercana a los 12.000 millones de dólares por debajo de su valor de reposición, contemplando tanto la infraestructura como el conocimiento tecnológico desarrollado durante décadas. «En lugar de ponerla en valor, la rematan», advirtió agregando que la operación no responde a criterios productivos sino a la necesidad de obtener recursos fiscales en el corto plazo.
Nos bajaron El sueldo 60% para favorecer la privatización.
No bajamos los brazos y ahora me quieren disciplinar con el despido.
No lo van a lograr. pic.twitter.com/7mfCiVfz3I— Mariano Saleh (@atuchero21) June 23, 2026
Despedir por despedir y perder años de progreso
A esto se le suma la merma del know-how. Según Malinovsky, la empresa ya perdió cerca del 30% de su personal de ingeniería desde el inicio de la actual gestión de Javier Milei y asegura que no se trata de puestos administrativos sino de físicos, ingenieros nucleares, especialistas en reactores y profesionales con entre 10 y 20 años de experiencia. El principal motivo sería el deterioro salarial.
Pero el fenómeno no alcanza solamente a NASA. Los despidos en la CNEA muestran que el ajuste atraviesa todo el sistema nuclear argentino y afecta a investigadores, técnicos y especialistas cuya formación demandó años de inversión pública. Mientras el mercado privado y otros países demandan profesionales con formación nuclear, los salarios ofrecidos por NASA dejaron de resultar competitivos. Esto resulta en una migración constante de trabajadores altamente capacitados, cosa que compromete tanto la operación futura de las centrales como la continuidad del conocimiento técnico. Esto representa un riesgo terrible para un sector donde la experiencia acumulada constituye un activo tan importante como la infraestructura física.

CAREM, el proyecto detenido
El vaciamiento también impacta sobre el principal proyecto tecnológico argentino. El reactor modular CAREM fue diseñado íntegramente en el país y durante años se presentó como una oportunidad para posicionar a Argentina entre los pocos países capaces de desarrollar reactores nucleares pequeños con potencial exportador. La obra ya había superado el 65% de avance y acumulaba inversiones cercanas a los 700 millones de dólares. Hoy permanece prácticamente paralizada. A ello se suma la cancelación de los proyectos para construir las centrales nucleares IV y V, previstas para ampliar la participación de la energía atómica dentro de la matriz energética nacional. Malinovsky sostiene que el renovado interés internacional por el uranio responde al crecimiento de la demanda energética vinculada a los centros de datos y la inteligencia artificial.
Estados Unidos, que depende casi totalmente de importaciones para abastecer sus centrales nucleares, busca diversificar proveedores tras las restricciones comerciales impuestas sobre Rusia. Es ahí donde aparece Argentina con sus reservas estimadas en alrededor de 40.000 toneladas de uranio. Es por eso que el especialista se preocupa de que una eventual privatización permita exportar el mineral como materia prima, sin agregar valor local ni fortalecer la industria nacional. «Privatizar esto es privatizar años de soberanía, desarrollo científico-tecnológico y trabajo argentino», advirtió.
El conflicto también escaló dentro de la empresa. La Asociación Trabajadores del Estado (ATE) denunció una persecución contra dirigentes sindicales que cuestionan la privatización. Uno de los casos más resonantes es el de Mariano Saleh, delegado gremial con 14 años de trayectoria en el sector nuclear, quien recibió una notificación de despido mientras mantiene la tutela sindical. Según relató el propio trabajador, las autoridades buscan impedir que continúe organizando medidas de fuerza contra el proceso de privatización.
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