El entendimiento entre Washington y Teherán, que contempla la reapertura del estrecho de Ormuz —paso clave para el comercio mundial de crudo y gas—, hizo que el Brent perforara los 80 dólares y tocara su piso en cuatro meses, tras haber cotizado por encima de los 120 dólares en el pico del conflicto. Para la Argentina, acostumbrada a pensar su economía energética con el crudo por las nubes, el cambio abre interrogantes en tres frentes: los combustibles, la balanza comercial energética y las inversiones en Vaca Muerta.
El primer punto, el que más le interesa al bolsillo de los automovilistas, tiene una respuesta que pocos esperaban: la nafta no va a bajar, al menos no en lo inmediato. La explicación está en el mecanismo que usó YPF durante la escalada bélica para evitar que la suba del crudo se trasladara por completo a los surtidores. Conocido como “buffer de precios”, el esquema tomó como referencia un valor de barril más bajo que el real —cercano a los 90/94 dólares—, mientras el Brent llegaba a superar los 100.
Esa decisión, que fue posible gracias a que YPF sigue siendo una empresa con el 51% de participación estatal, generó una brecha entre el precio interno y la paridad de importación que las refinadoras necesitan recuperar antes de pensar en cualquier baja. Las propias petroleras estiman los plazos de esa recomposición: mientras una refinadora calculó que necesitará entre 20 y 25 días para equilibrar sus cuentas, otra proyectó que la baja en los surtidores podría discutirse recién hacia fines de julio.
Esto implica que, si el conflicto se encamina hacia una solución duradera, podría evitarse al menos una presión adicional sobre la inflación, y eventualmente verse una baja real de precios en los próximos meses. La lógica es simple: cuanto más rápido y sostenido sea el descenso del crudo, antes podrán las compañías saldar la cuenta pendiente y trasladar el alivio al surtidor.
El segundo frente, el de la balanza comercial, expone el costado menos festejado de la baja del petróleo. Durante los meses de mayor tensión, el país había proyectado un superávit energético récord, apalancado en el boom de Vaca Muerta y en precios excepcionalmente altos.
Con el Brent por encima de los 100 dólares, cada exportación de crudo representaba miles de millones adicionales de ingresos. Ese cálculo ya no es el mismo: el economista Santiago Capdevila, de Empiria, estimó que el impacto positivo sobre las exportaciones energéticas se redujo de manera sustancial, de unos 2.900 millones de dólares con el barril sobre los 100 dólares a cerca de 1.100 millones con los valores actuales. En la misma línea, desde Economía & Energía proyectaron una caída en las exportaciones energéticas de 2026, de los 11.900 millones estimados originalmente a cerca de 10.930 millones con un Brent promedio de 80 dólares.
Donald Trump acaba de firmar un acuerdo de paz con Irán donde se cumplen todas las pretensiones iraníes:
-Se liberan los activos congelados de Irán.
-Se levanta el bloqueo naval de Estados Unidos.
-Israel se retira y abandona completamente el Líbano.
-Estados Unidos compensa… pic.twitter.com/X9AzAiHgwr— Martín Dandach (@MartinDandach) June 14, 2026
La contracara aparece del lado de las importaciones, en especial las de gas natural licuado que el país todavía necesita comprar para el invierno. El economista Fernando Bazán, de Abeceb, explicó que el GNL importado bajó de niveles cercanos a los 17 dólares por millón de BTU a un rango de 14/15 dólares, aunque aclaró que el ajuste es parcial porque persisten daños en infraestructura clave en Qatar. Según Empiria, esa baja podría reducir la factura de importaciones energéticas de unos 3.100 millones de dólares a cerca de 2.600 millones, un alivio que compensa solo en parte la pérdida de ingresos por exportaciones.
El tercer eje, quizás el más sensible a mediano plazo, es el de las inversiones en Vaca Muerta y otros proyectos extractivos. Con el Brent en torno a los 78/80 dólares, la mayoría de los especialistas coincide en que la formación neuquina sigue siendo rentable.
l consultor Daniel Dreizzen, de Aleph Energy, lo resumió de manera directa: ochenta dólares siguen siendo un precio competitivo para invertir, aunque sesenta y cinco ya se acercan demasiado al punto de equilibrio de varios desarrollos. Esa cifra se repite entre los analistas como un límite psicológico: por debajo de ese nivel, parte de los proyectos podría perder atractivo frente a otros destinos de inversión.
Sin embargo, el consenso del sector descarta un regreso a los valores previos a la guerra, cercanos a los 60 dólares. Desde Abeceb sostuvieron que las cantidades producidas no se modificaron y que el piso de precio rondaría los 75 dólares, difícil de perforar incluso en 2027. El analista Pablo Repetto, de Aurum Valores, coincidió en que el crudo probablemente se mantenga por encima de los niveles de 2025 por la necesidad mundial de recomponer reservas estratégicas, en un contexto donde Vaca Muerta exhibe un punto de equilibrio más bajo que los precios vigentes.
En definitiva, la tregua en Medio Oriente deja un saldo ambiguo para la Argentina: combustibles que seguirán firmes durante varias semanas más, una balanza energética que recauda menos dólares de los proyectados meses atrás, y una Vaca Muerta que, por ahora, conserva su atractivo, aunque con la mirada puesta en cuánto puede seguir cayendo el barril sin comprometer la rentabilidad de los próximos proyectos.
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