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Día de los Jardines: la crisis educativa empieza mucho antes de la universidad

Mientras el debate público se concentra en las universidades, miles de niños y niñas de sectores vulnerables quedan fuera del nivel inicial. En Argentina, apenas 4 de cada 10 chicos de 3 años de hogares pobres asisten al jardín, en un contexto de ajuste, precarización docente y crisis de los cuidados.
Diario San Rafael

Este 28 de mayo se conmemora en Argentina el Día Nacional de los Jardines de Infantes y de la Maestra Jardinera, en homenaje a Rosario Vera Peñaloza, pionera de la educación inicial en el país y si bien el debate público sobre la educación se ha centrado en el conflicto entre el Gobierno Nacional y el sistema de educación superior, tenemos que hablar sobre qué lugar ocupa hoy la primera infancia en las políticas públicas y cuál es el estado real de los jardines en un contexto de ajuste, precarización y creciente desigualdad social. Según un nuevo informe de Argentinos por la Educación, apenas 4 de cada 10 niños y niñas de 3 años de los sectores más vulnerables asisten al nivel inicial.

Según el informe “Cobertura del nivel inicial: una comparación entre países de la región”, el 83% de los niños argentinos de entre 3 y 5 años asiste al nivel inicial. La cifra ubica al país en niveles similares a Chile y Perú, aunque todavía por debajo de Uruguay, que alcanza el 93% de cobertura. Sin embargo, el principal problema aparece a los 3 años. Ahí, la asistencia nacional cae al 55%, pero en los hogares más pobres se desploma al 41%. Osea que 6 de cada 10 chicos de los sectores vulnerables no acceden al jardín. La situación es todavía más grave entre los niños de 2 años, donde sólo el 10% de los más pobres asiste a algún espacio educativo, frente al 44% de los sectores más acomodados.

 

El jardín como primera frontera social

Especialistas en educación y primera infancia coinciden en que el acceso al nivel inicial repercute directamente en el desarrollo emocional, cognitivo y social de los niños, pero  Gabriela Fairstein, profesora de la UBA y FLACSO, también advierte que “la asistencia sigue siendo menor entre los sectores más vulnerables, precisamente quienes más se beneficiarían de ella, dado el amplio consenso sobre el impacto que tiene la educación temprana en el desarrollo infantil y en las prácticas de crianza familiares”.

Las investigaciones muestran que asistir al jardín en contextos vulnerables puede modificar incluso las dinámicas familiares. Ianina Tuñón, investigadora del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, señala que «la asistencia a la educación inicial en contextos de pobreza actúa como un catalizador del entorno familiar: los niños que asisten reciben significativamente más estímulos en el hogar –cuentos, canciones, juegos y rituales afectivos– en comparación con sus pares del mismo nivel socioeconómico que no asisten»

Una de las principales causas del fenómeno puede estar directamente ligada a las dificultades económicas de las familias, la precarización laboral y la crisis de los cuidados. Alejandra Perinetti, directora nacional de Aldeas Infantiles SOS Argentina, advierte que muchas familias no logran sostener la asistencia cotidiana de los chicos porque viven atravesadas por empleos informales, horarios rotativos y falta de redes de cuidado. A eso se le suma el aumento del ausentismo escolar, fenómeno aumentó desde la pandemia.

 

El ajuste y la batalla cultural

En paralelo a esta realidad, el Gobierno de Javier Milei eligió convertir la educación en uno de sus principales campos de confrontación política e ideológica. La discusión pública estuvo centrada especialmente en las universidades, pero las declaraciones recientes del Presidente y de funcionarios nacionales también alcanzaron al nivel inicial. En una aparición en el streaming oficialista Carajo, el subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez, vinculó el cierre de aulas y jardines de infantes con la legalización del aborto. “Los sindicatos docentes se quejan porque se están cerrando aulas y jardines. ¿Y por qué? Si ellos defendieron el aborto”, afirmó. Milei celebró la frase y respondió: “¡Claro! ¡No conectan!”.

Las declaraciones generaron fuerte rechazo en sectores educativos, no solo por el tono utilizado sino porque reducen un problema estructural complejo a una consigna ideológica. La baja de natalidad existe y atraviesa a gran parte del mundo occidental, pero especialistas señalan que justamente esa caída demográfica podría convertirse en una oportunidad para ampliar derechos y mejorar las condiciones educativas.

Carolina Semmoloni, de CIAESA, plantea que el descenso de la natalidad debería permitir “planificar estratégicamente la expansión con principios de equidad”. Es decir, aprovechar que nacen menos niños para fortalecer la infraestructura, reducir la sobrecarga en las salas y garantizar acceso universal desde edades más tempranas. Sin embargo, el escenario actual parece ir en sentido contrario. Jardines con falta de recursos, docentes precarizadas, desigualdad territorial y familias cada vez más golpeadas por la crisis económica conforman un panorama que preocupa a quienes trabajan diariamente en el nivel inicial.

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