La confianza de los consumidores argentinos volvió a mostrar un fuerte retroceso en julio, en un contexto donde la desaceleración de la inflación no logra traducirse en una mejora del poder adquisitivo ni en una recuperación sostenida del consumo. Según el Índice de Confianza del Consumidor (ICC), elaborado por el Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella, el indicador se ubicó en 40,67 puntos, lo que representa una caída del 4,78% respecto de junio y un descenso del 12,30% en comparación con julio de 2025.
El relevamiento, realizado entre el 2 y el 16 de julio, confirma una tendencia que se viene profundizando desde comienzos del año. Tras alcanzar un pico de 47,38 puntos en enero de 2025, el índice acumula una retracción del 14,16%, reflejando un deterioro persistente en las expectativas económicas de los hogares.

Los sectores de menores ingresos, los más afectados
El informe muestra que el impacto no fue uniforme. Mientras los hogares de mayores ingresos registraron una baja mensual relativamente moderada del 1,45%, las familias de menores recursos sufrieron un desplome del 11,47% en apenas un mes.
Además, la comparación interanual evidencia una diferencia aún más marcada: la confianza entre los sectores de ingresos bajos cayó 20,42%, frente a una disminución del 7,70% entre los hogares de mayores ingresos. Como resultado, el índice alcanzó apenas 35,99 puntos para los sectores de menores ingresos, contra 43,45 puntos para los de mayores recursos, ampliando considerablemente la brecha entre ambos segmentos.
El deterioro alcanzó todos los componentes analizados. Entre los hogares de menores ingresos, la percepción sobre la situación económica personal cayó 11,93%, la evaluación del contexto macroeconómico retrocedió 11,87% y la predisposición para comprar bienes durables e inmuebles disminuyó 10,20%.

Caída en todas las regiones del país
El retroceso también se reflejó en todas las regiones relevadas. El Gran Buenos Aires (GBA) registró la mayor caída mensual, con un descenso del 6,35%, seguido por la Ciudad de Buenos Aires, donde el indicador retrocedió 6,24%.
En el Interior del país, en cambio, la baja fue más moderada (1,68%), aunque también evidenció un deterioro del ánimo de los consumidores. Pese a ello, el Interior continúa siendo la región con el mayor nivel de confianza, con 45,55 puntos, mientras que el GBA quedó con el valor más bajo, 38,12 puntos.
Entre los distintos componentes del índice, el mayor deterioro se observó en la evaluación de la situación macroeconómica, que cayó 8,49% respecto de junio. La percepción sobre la situación económica personal retrocedió 3,89%, mientras que la disposición para comprar bienes durables e inmuebles mostró una baja más moderada del 0,48%.
Dentro de las expectativas macroeconómicas, el escenario de corto plazo fue el más castigado: las perspectivas para el próximo año descendieron 10,4% en un solo mes y se ubicaron 17,9% por debajo de los niveles registrados hace un año.

También empeoran las expectativas futuras
El estudio de la Universidad Torcuato Di Tella advierte que el deterioro no se limita a la evaluación del presente, sino que también alcanza las expectativas hacia adelante. Las expectativas futuras registraron una caída mensual del 7,19%, mientras que las condiciones presentes descendieron 1,24%. En la comparación interanual, las condiciones actuales mostraron un retroceso del 13,55%, mientras que las expectativas futuras se ubicaron 11,38% por debajo de julio del año pasado.
Estos resultados reflejan que el pesimismo comienza a consolidarse entre los consumidores, quienes no solo perciben dificultades en la situación económica actual, sino que también muestran una menor confianza en que el panorama mejore durante los próximos meses.
Los datos del ICC se conocen en un contexto donde distintos indicadores de actividad y consumo vienen mostrando señales de debilidad. Aunque algunos rubros experimentaron un alivio transitorio impulsado por el pago del aguinaldo y el movimiento económico generado por el Mundial de Clubes, el consumo masivo continúa sin recuperar el dinamismo perdido durante el último año.
La fuerte caída de la confianza entre los sectores de menores ingresos también coincide con otros indicadores que muestran dificultades crecientes para sostener el nivel de consumo básico, mientras las familias destinan una mayor proporción de sus ingresos a alimentos, servicios y gastos esenciales, reduciendo el margen para compras de bienes durables o gastos no indispensables.
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