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Brasil 2026: la polarización entre Lula y Bolsonaro no da tregua

El gigante sudamericano se encamina hacia sus elecciones generales del 4 de octubre con un escenario familiar: Lula da Silva versus un Bolsonaro. Pero esta vez el duelo tiene nuevos protagonistas, escándalos frescos y la inteligencia artificial como amenaza al horizonte democrático.
Fuente: France24

En octubre Brasil vuelve a las urnas. No solo para elegir presidente, sino también gobernadores, senadores, diputados nacionales y legislativos provinciales en los 26 estados más el Distrito Federal, todo en un solo día. Un engranaje electoral tan voluminoso como el país que lo contiene.

¿Cómo se vota allá?

Desde 1996, Brasil utiliza urnas electrónicas. El votante ingresa un número de dos dígitos correspondiente a la fórmula presidencial de su preferencia y confirma. Sin boletas, sin lápiz. El sistema que este año llevará a las urnas a más de 155 millones de ciudadanos habilitados ya demostró su eficacia en nueve elecciones consecutivas desde el retorno de la democracia. El voto es obligatorio para quienes tienen entre 18 y 69 años, y optativo para jóvenes de 16 y 17, mayores de 70 y analfabetos. Los brasileños residentes en el exterior también pueden votar por presidente, aunque deben inscribirse previamente.

Si ningún candidato supera el 50% de los votos válidos en primera vuelta, se va a una segunda ronda. Históricamente, eso casi siempre ocurre: desde el regreso a la democracia, solo en dos oportunidades un candidato ganó en primera vuelta, y ambas veces fue Fernando Henrique Cardoso.

El duelo de siempre, con caras nuevas

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva busca la reelección a sus 80 años. Frente a él, la derecha se reagrupó alrededor de Flávio Bolsonaro, senador e hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, quien fue inhabilitado judicialmente hasta 2030 y condenado a más de 27 años de prisión por su participación en el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023.

La polarización entre lulismo y bolsonarismo, que definió la política brasileña en la última década, no desapareció: se recicló. Ahora es Lula contra Flávio, pero con la sombra del padre planeando sobre cada encuesta, cada discurso y cada escándalo.

Las encuestas: empate que se rompió

Durante meses, la carrera presidencial estuvo técnicamente empatada. Flávio Bolsonaro llegó a superar levemente a Lula en alguna medición. Pero en las últimas semanas el tablero cambió, y de manera significativa.

La causa: la filtración de audios que vinculan a Flávio Bolsonaro con Daniel Vorcaro, el banquero detenido acusado de ser el cerebro del mayor fraude financiero en la historia de Brasil, el colapso del Banco Master. Los registros mostraron al candidato opositor solicitando millones de dólares al financista para producir una película sobre su padre. Flávio negó irregularidades, pero el daño político ya estaba hecho.

Según una encuesta de AtlasIntel publicada para Bloomberg News, Lula pasó del 45% al 49% de intención de voto en una eventual segunda vuelta, mientras que Flávio retrocedió del 45% al 42%. Una diferencia de siete puntos que, en un país tan polarizado, resulta considerable.

En mención espontánea, sin que el encuestador proponga nombres, Lula es prácticamente el único candidato que aparece de forma recurrente, con un promedio cercano al 30%. En el campo opositor, Flávio promedia un 15%, y su padre inhabilitado apenas un 5,7%. El 36% restante no sabe o no responde, lo que refleja el alto grado de indefinición en el electorado.

Un tercio independiente que decidirá todo

La polarización existe, pero la sociedad brasileña no se reduce a ella. Según el estudio de la consultora Quaest, un 32% del electorado se define como independiente, un 21% como derecha no bolsonarista y solo un 12% como bolsonarista declarado. Los expertos estiman que este bloque de indecisos y votantes pragmáticos, quienes deciden según el bolsillo y la mejora cotidiana, será el árbitro real del resultado de octubre.

El problema para Lula es que, pese a los avances sociales de su gobierno, como la reducción de la pobreza extrema, el récord de inversión extranjera y la salida del Mapa del Hambre de la ONU, su techo electoral es bajo. Alrededor del 48% de los encuestados declara que no votaría por él bajo ninguna circunstancia. Para Flávio, ese rechazo ronda el 46%.

La amenaza de la IA y las nuevas reglas del juego

Este ciclo electoral incorpora una preocupación inédita. El propio Lula advirtió públicamente que la inteligencia artificial puede «contar muchas mentiras a través del celular» y anunció que no la utilizará en su campaña. No es una postura meramente discursiva: Brasil ya registró audios y videos falsos generados con IA durante la campaña de 2022 para dañar su imagen.

El Tribunal Superior Electoral respondió en marzo de 2026 con una resolución que prohíbe la difusión de contenido sintético que use imágenes o voces de candidatos en las 72 horas previas a la votación. Un marco regulatorio que Brasil construyó antes que la mayoría de sus vecinos, incluida la Argentina.

Lo que queda por delante es una campaña que comenzará formalmente en agosto, luego de las convenciones partidarias de julio. Con Lula como favorito pero con el techo bajo, Flávio golpeado por el escándalo bancario aunque con margen para recuperarse, y un tercio del electorado todavía sin decidir, Brasil se encamina a una elección tan reñida como las que ya nos tiene acostumbrados.

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