El calendario político de América Latina en 2026 no deja margen para el descanso. Costa Rica, Colombia, Perú, Haití y Brasil elegirán presidentes y parlamentos a lo largo del año, mientras Bolivia y Paraguay celebran comicios locales. El resultado de estas elecciones no solo redibujará el mapa ideológico de la región, sino que tendrá consecuencias directas en la agenda geopolítica continental y en la relación de estos países con Estados Unidos.
El escenario tiene como telón de fondo los resultados de 2025, donde la derecha acumuló victorias significativas: José Antonio Kast en Chile, Nasry Asfura en Honduras y la consolidación legislativa de Javier Milei en Argentina. Sin embargo, sería apresurado hablar de un «giro definitivo» hacia la derecha. Los tres países más poblados de la región —México, Brasil y Colombia— siguen gobernados por fuerzas de izquierda, y lo que predomina, más que una tendencia ideológica clara, es una profunda volatilidad del voto.
El voto de castigo y la crisis de representación
Una de las constantes que atraviesa todos estos procesos es el llamado «voto de castigo»: el elector latinoamericano castiga al oficialismo cuando la economía no responde o la seguridad se deteriora. Pero esta lógica no es uniforme. En algunos países, como Brasil o Costa Rica, los gobiernos actuales llegan a las elecciones con niveles de aprobación relativamente sólidos, lo que podría redundar en la continuidad de sus proyectos políticos.
Lo que sí resulta transversal es la fragmentación. Colombia batió su propio récord con más de 100 precandidatos inscriptos, Perú supera los 36 postulantes presidenciales y Costa Rica enfrenta una veintena de aspirantes. Esta dispersión obliga a los futuros ganadores a gobernar en minoría parlamentaria, negociar alianzas inestables y lidiar con congresos fracturados que pueden bloquear sus agendas. El caso boliviano, donde el presidente Rodrigo Paz debió armar una coalición desde el primer día, anticipa lo que vendrá.
Los escenarios más calientes
De todos los procesos electorales previstos, Brasil y Colombia concentran la mayor atención geopolítica. En Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, buscará su cuarto mandato con una ventaja clara en las encuestas frente a una derecha desorganizada y golpeada por la condena de Jair Bolsonaro a más de 27 años de prisión por el intento de golpe de 2022. Su hijo Flávio Bolsonaro aparece como precandidato, aunque sin capacidad real de aglutinar al espacio conservador. Los gobernadores Tarcísio de Freitas, Ratinho Junior y Romeu Zema pugnan por ese liderazgo. Por los números actuales, Lula podría ganar en primera vuelta, algo inédito en sus tres mandatos anteriores.
En Colombia, la pugna entre petrismo y antipetrismo dominará la campaña. El senador Iván Cepeda encabeza los sondeos con alrededor del 31% de intención de voto como representante del oficialismo de izquierda, frente a un espacio de derecha todavía desordenado. El nombre que genera más sorpresa es el del abogado Abelardo de la Espriella, con un discurso ultranacionalista y conservador que remite al estilo Trump, y que en algunas encuestas aparece como favorito en un eventual balotaje.
En Misiones ganó LLA en las elecciones. Ahora los yerbateros se están fundiendo y los misioneros cruzan la frontera para cosechar en Brasil, donde les dan casa, comida y un jornal digno.
Al final es Lula el que está sacando a los argentinos de la pobreza😏#MileiDestruyeArgentina pic.twitter.com/KnyzkVLHv0— LuzClarita🇦🇷 (@MDKporsiempre) January 31, 2026
En Perú, la extraordinaria dispersión del voto hace que cualquier pronóstico sea aventurado. El alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, lidera los sondeos con apenas el 12%, en un país que tuvo ocho presidentes en una década y que enfrenta índices alarmantes de inseguridad. La vuelta del Senado —ausente desde hace casi 30 años— añade una variable más a la ecuación institucional.
Trump: el factor que lo cruza todo
Ningún análisis electoral latinoamericano de 2026 puede ignorar a Donald Trump. A lo largo de 2025, la administración estadounidense demostró una voluntad sin precedentes desde la Guerra Fría de intervenir en los procesos electorales de la región, condicionando financiamiento, imponiendo aranceles y respaldando públicamente candidatos afines.
LÍMITES AL TOTALITARISMO 🇺🇸🤚
El clima en Estados Unidos está cambiando. Ya sea por fallos de la Corte Suprema o por el peso de la realidad, a Trump se le empezó a poner en contra la opinión pública y la producción.
Las encuestas son malas, el disparate arancelario genera… pic.twitter.com/qOuv8kbwmP
— Marcelo Longobardi (@LongobardiM) February 24, 2026
La paradoja brasileña ilustra mejor que ningún otro caso las complejidades de esta injerencia: las presiones de Trump en defensa de Bolsonaro terminaron beneficiando políticamente a Lula, que pudo presentarse como defensor de la soberanía nacional. En Colombia, el riesgo es diferente: cuatro de cada cinco colombianos considera importante que su futuro presidente mantenga buenas relaciones con Washington, lo que convierte al «factor Trump» en una variable electoral real y no solo en un ruido diplomático.
Lo que está en juego
Más allá de los nombres y los porcentajes, estas elecciones responderán preguntas de fondo sobre el futuro de la democracia latinoamericana. ¿Seguirán avanzando los liderazgos populistas e ilibrerales, o las instituciones demostrarán su resiliencia? ¿Tendrá la región capacidad de construir mayorías gobernables en parlamentos fragmentados? El 2026 no definirá un ganador ideológico permanente. Pero sí marcará el estado de salud de las democracias americanas.
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