Argentina se posicionó a la delantera del Mercosur en la carrera por ratificar el acuerdo comercial con la Unión Europea. En una sesión maratónica que culminó en la madrugada del viernes, la Cámara de Diputados aprobó el proyecto con 203 votos afirmativos, 42 negativos y cuatro abstenciones, dándole media sanción a un tratado que lleva más de dos décadas de negociaciones y que, si prospera, creará una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo, abarcando cerca de 800 millones de personas.
El resultado mostró un respaldo amplio y transversal: el oficialismo sumó votos del PRO, la UCR y otros bloques dialoguistas. El proyecto ahora se encamina al Senado, donde el Gobierno aspira a completar la ratificación en aproximadamente dos semanas y convertirse así en el primer país del bloque en validarlo formalmente.
El Congreso está a un paso de aprobar el acuerdo Mercosur-Unión Europea
Habiendo conseguido 14 firmas de las 19 en la comisión de Relaciones Exteriores del Senado, presidida por Francisco Paoltroni, la Cámara alta se prepara para sancionar el proyecto la próxima semana.… pic.twitter.com/dSAVMLR0Fz
— El Observador Argentina (@observadorar) February 19, 2026
¿Qué gana y qué arriesga la Argentina?
El acuerdo, de más de 5.000 páginas, plantea la eliminación progresiva de más del 90% de los aranceles bilaterales entre ambas regiones. Desde Cancillería estiman que las exportaciones argentinas podrían crecer un 76%, con mejoras concretas para sectores como carne bovina, pesca, miel, cítricos, legumbres e incluso la yerba mate.
Sin embargo, la letra chica genera más de una preocupación. El esquema incluye cláusulas de protección que habilitan a la UE a aplicar restricciones si considera que el ingreso de productos del Mercosur amenaza sectores sensibles europeos. Para rubros estratégicos como el maíz, el sorgo, el bioetanol y el biodiésel, esas medidas podrían activarse en apenas 21 días, con plazos de resolución que se extenderían hasta cuatro meses. Una ventana de incertidumbre nada menor para los exportadores nacionales.
En el debate parlamentario, voces críticas advirtieron que la apertura «no otorga acceso automático a los mercados» y que subsistirán barreras para-arancelarias difíciles de desmantelar. A eso se suma la preocupación de sectores industriales como textiles, calzado y metalmecánica, que deberán competir con manufacturas europeas en condiciones que muchos consideran asimétricas, dado el diferencial de costos productivos entre ambas regiones.
En rubros como quesos, vinos y aceite de oliva, donde la oferta europea es altamente competitiva, el impacto local también genera alertas. El acceso a esos mercados, en sentido inverso, no será ni lineal ni inmediato.
La carrera dentro del bloque
El apuro argentino tiene una lógica concreta: según anticipó el portavoz europeo de Comercio, Olof Gill, Bruselas podría aplicar provisionalmente la parte comercial del tratado en cuanto al menos un país sudamericano complete su ratificación. Eso abriría el acceso anticipado a cuotas de exportación —especialmente de productos agroindustriales— hacia el mayor importador mundial de alimentos procesados.
Brasil ya envió el texto a su Congreso y planea debatirlo tras el receso parlamentario de febrero. Uruguay, por su parte, conformó una comisión bicameral para analizarlo y escuchar a los sectores productivos: el senador Daniel Caggiani anticipó que podría comenzar el tratamiento formal a partir del 27 de febrero. Paraguay, mientras tanto, avanzó con la presentación ante su Comisión Permanente durante el receso parlamentario. El canciller uruguayo Mario Lubetkin describió la situación, sin eufemismos, como «una sana carrera«.
#Negocios. Gremios productivos se reunieron con la Comisión Permanente para avanzar en la ratificación del acuerdo entre el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión Europea.#TodoEstáEnLN https://t.co/aEwm3VQ4m2
— Diario La Nación (@LaNacionPy) February 19, 2026
El acuerdo bajo la lupa en Europa
Del otro lado del Atlántico, el panorama es considerablemente más turbulento. El Parlamento Europeo remitió el tratado al Tribunal de Justicia de la Unión Europea para revisar su compatibilidad jurídica, un proceso que podría extenderse hasta dos años. Mientras tanto, miles de agricultores españoles salieron a las calles de Madrid para rechazar su implementación, y Francia mantiene una posición de bloqueo: París votó en contra el 9 de enero, y todos sus eurodiputados respaldaron luego el recurso judicial.
El Gobierno francés argumenta que el acuerdo pone en riesgo a sectores clave de su agricultura, en particular la carne vacuna, el pollo y la remolacha azucarera. No obstante, dentro de la propia Francia emergen voces disidentes. El gobernador del Banco de Francia, François Villeroy de Galhau, afirmó públicamente que lamenta la posición de su país y sostuvo que el acuerdo con el Mercosur «no es responsable de la crisis que atraviesa la agricultura francesa«, señalando que, por el contrario, podría beneficiar a sectores como el lácteo y a la industria en general.
Aunque la parte política del tratado quedó momentáneamente frenada, el Consejo Europeo conserva facultades para avanzar en los aspectos económicos con los países que ratifiquen el texto, lo que explica el interés estratégico de Argentina en llegar primero.
El acuerdo Mercosur-UE es, a esta altura, mucho más que un tratado comercial: es un tablero geopolítico donde cada movimiento importa, y Argentina acaba de hacer su jugada más audaz en décadas.
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