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La despedida del Indio Solari: una fila interminable que sólo puede dejar de llorar cuando canta

Telas negras, una pantalla con su nombre y un cajón que vuelve irrefutable la ausencia del ídolo forman parte del escenario principal del velorio en Villa Domínico. Afuera, la cola cruza Sarandí y nadie sabe hasta dónde crecerá. La música sostiene lo que se rompe
Funeral del Indio Solari
Foto: Infobae

Hay una forma de la alegría que sólo ocurre en el pogo que salta y corea el saxo de “Ya nadie va a escuchar tu remera”. Y hay una forma de la tristeza que les pertenece únicamente a las cuadras que vienen justo después de salir del Polideportivo José María Gatica en el que este domingo hay un ataúd con el cuerpo del Indio Solari.

Y lo que pasa dentro del polideportivo municipal, esta capilla ardiente que se definió como una cuestión de Estado, es la certeza de la muerte. Un cajón brilloso, una pantalla en la que además de leerse “Indio” se lee “1949 – ∞”, una alfombra de remeras y banderas y flores, y gente que llorar como no había llorado durante toda la espera, y eso que ya había llorado un montón. Dentro del Gatica, el llanto es de esos que vienen con hipo y moco, y si alguien dice “Gracias, Indio” o “Te amo, Indio”, el llanto es más ruidoso, más inevitable.

Es que, por más que la pantalla diga lo de infinito, e incluso por más que algo de eso sea cierto (porque si no, qué hace toda esta gente acá), el Indio, el hombre más convocante de la música de la Argentina, murió el viernes 5 de junio a los 77 años. Y delante de su ataúd eso es más verdad que en cualquier otro momento de estas más de 48 horas de dolor.

Afuera hay una fila que supera las siete cuadras y adentro de la capilla ardiente la gente deja remeras, gorras, banderas.

Así que acá, delante del ataúd, hay gente que se persigna y llora, gente que estira la bandera que trajo y llora, gente que abraza a un hijo y llora, gente que intenta cantar el estribillo de “Un ángel para tu soledad” y no puede porque llora, gente que levanta el celular para compartir la despedida por videollamada y llora.

Gente a la que se le murió el poeta que les escribió la más maravillosa poesía, que delante de ese ataúd ve pasar su vida en estadios y rutas y discos, y que lo único que puede hacer es llorar y caminar hacia la salida.

Juan Martín tiene 32 años y vino en auto con dos amigos desde Paso de los Libres, en Corrientes. Todavía no pasó por la capilla ardiente, está del lado de la fila en el que el ánimo todavía resiste. Les faltan unas siete cuadras para entrar al polideportivo y los rodea la oferta de banderas, choripanes, cerveza y remeras estampadas con la cara (y los anteojos) del Indio.

Pero sobre todo, los rodea una seguidilla de parlantes: transitar la fila es viajar por la discografia de Patricio Rey, y para todos estos miles de personas, ese viaje es también una biografía.

Todo el país se movilizó para despedir al ídolo musical. Foto: Infobae.

“Decidimos venir porque el Indio se merece que seamos muchos para despedirlo, es impresionante la cantidad de gente que hay, pero así eran también sus recitales, estallados. Así que así tiene que ser su adiós”, dice Juan Martín. A él le toca manejar los 660 kilómetros de vuelta.

En Porco Rex, su segundo disco junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, Solari escribió un verso hermoso que dice: “Hay que estar muy sonado para olvidarte”. Este domingo hecho de nubes y de una tristeza masiva que sólo se calma con canciones, alguien lo dejó escrito en una pared.

Fuente: Infobae

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