Mientras el Gobierno avanza con la quita de subsidios, las provincias del Nordeste argentino enfrentan subas desproporcionadas en servicios esenciales, profundizando el impacto sobre los sectores más vulnerables.
Un golpe directo al bolsillo en el Nordeste
En el Nordeste Argentino (NEA) los aumentos en luz y gas fueron significativamente más altos que en el resto del país. Según datos recientes, en el primer trimestre del año las facturas crecieron en promedio un 34,6%, pero con un impacto mucho mayor en la región.
Este fenómeno implica que los hogares del NEA enfrentan incrementos hasta siete veces superiores en comparación con otras zonas del país. La situación se vuelve aún más crítica si se considera que estos servicios representan una parte central del gasto familiar, especialmente en sectores de menores ingresos.
En este contexto, el aumento de tarifas no es solo un dato económico: se traduce en una presión directa sobre la vida cotidiana, donde cada boleta impacta en la capacidad de cubrir otras necesidades básicas.
La medida del Gobierno que explica la diferencia
Detrás de esta disparidad aparece una decisión clave del gobierno de Javier Milei: la reducción y eliminación de subsidios energéticos.
El nuevo esquema tarifario avanzó hacia una lógica de segmentación y sinceramiento de precios, lo que implicó trasladar mayores costos a los usuarios. Sin embargo, este cambio no afecta de igual manera a todas las regiones.
En el NEA, donde los ingresos promedio son más bajos y la infraestructura energética presenta mayores limitaciones, el retiro de subsidios genera un impacto más severo. Así, una política de alcance nacional termina profundizando las desigualdades regionales.

Servicios y alimentos: la combinación que agrava la crisis
El problema no se limita a las tarifas. En paralelo, también se registraron aumentos en alimentos, otro rubro clave en el gasto de los hogares.
Esto configura un escenario donde los sectores más vulnerables destinan la mayor parte de sus ingresos a cubrir servicios básicos y comida, reduciendo al mínimo su capacidad de ahorro o consumo.
La combinación de tarifazos y suba de precios genera un efecto acumulativo que golpea con mayor fuerza en regiones históricamente postergadas como el Nordeste.
Un modelo que amplía la brecha federal
La situación en el NEA expone una de las principales críticas al actual esquema económico: su impacto desigual en el territorio.
Mientras algunas regiones absorben los aumentos con mayor facilidad, otras —como el norte argentino— enfrentan una carga mucho más pesada. Esto abre el debate sobre el carácter federal de las políticas públicas y la necesidad de contemplar las particularidades de cada región.
En definitiva, el fuerte aumento de la luz y el gas en el NEA no solo refleja una decisión económica, sino también sus consecuencias sociales: una profundización de la desigualdad en uno de los sectores más sensibles del país.
Fuente: Página/12
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