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Consumo en caída: los supermercados reflejan el impacto del ajuste en el bolsillo

Las ventas en supermercados iniciaron 2026 con una nueva caída y confirman el deterioro del consumo masivo: el ajuste impacta con más fuerza en los productos básicos, mientras la recuperación del poder adquisitivo sigue sin aparecer y el mercado interno permanece estancado.
Caída del consumo en supermercados.

El inicio de 2026 dejó una señal clara  sobre el estado del consumo en Argentina: las ventas en supermercados volvieron a caer. Un relevamiento realizado por una consultora privada, a través de datos oficiales del INDEC, indicó que las ventas en supermercados registraron en enero una caída real del 1,2% interanual y del 1,5% respecto al mes anterior, un doble descenso que expone la fragilidad del mercado interno y la falta de señales de recuperación sostenida.

Detrás del dato general aparece una señal más preocupante: la caída no se da en cualquier segmento, sino en aquellos que explican la mayor parte del gasto cotidiano. Los rubros con retrocesos —almacén (-2,2%), lácteos (-5,7%), bebidas (-9,3%) y limpieza (-3,3%)— concentran cerca del 74% de la facturación total . Es decir, el ajuste impacta directamente en los consumos básicos. 

Lejos de tratarse de una oscilación puntual, el dato se inscribe en una dinámica más profunda: el ajuste económico impacta de lleno en el bolsillo y obliga a los hogares a redefinir prioridades. El consumo ya no cae de manera uniforme, sino que se reconfigura. Mientras algunos rubros muestran leves subas, lo hacen sobre segmentos marginales del gasto, sin capacidad de traccionar el conjunto. En cambio, los productos básicos —los que sostienen la vida cotidiana— continúan en baja, reflejando un deterioro concreto en la calidad de vida.

Las ventas en supermercados registraron en enero una caída real del 1,2% interanual y del 1,5% respecto al mes anterior.

Otro aspecto que deja al descubierto el informe es la fragilidad de cualquier intento de recuperación del consumo. Aun en los meses donde aparecen leves mejoras en algunos rubros, el comportamiento general sigue siendo inestable y sin una tendencia clara de crecimiento. La combinación de ingresos deteriorados y alta incertidumbre económica hace que cualquier repunte sea efímero, con hogares que priorizan la cautela y postergan gastos ante la falta de previsibilidad. En ese contexto, el consumo masivo deja de ser un motor de la economía para convertirse en una variable de ajuste más.

A esto se suma otro dato inquietante: la caída en la cantidad de bocas de expendio relevadas, que sugiere que el retroceso no solo afecta a los consumidores, sino también a la estructura comercial. Menos ventas implican menos actividad, y menos actividad, menos empleo y menor circulación de dinero.

Así, el inicio del año no deja margen para lecturas optimistas. La caída en supermercados no es solo un indicador sectorial: es una señal clara de que el mercado interno sigue en contracción. Y sin una recuperación real del poder de compra, el consumo —principal motor de la economía argentina— continuará en pausa.

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