En sus principios, los créditos financieros fueron concebidos como herramientas de progreso, que permitieran financiar, por ejemplo, un electrodoméstico, cambiar el auto, cosas que proyectaran cierta mejora en las vidas de sus usuarios. En la Argentina de Milei, el crédito está siendo usado como bote salvavidas, pero que cada día está más pinchado.
Hace más de un año, comenzaron las advertencias basadas en un panorama complejo que empezaba a vislumbrarse en ciertos estratos sociales. Hace unos meses, ya era innegable que el endeudamiento de los hogares crecía a un ritmo acelerado, impulsado por la caída del salario real. Hoy en día, la morosidad alcanzó niveles récord y expone una crisis silenciosa pero que atraviesa a millones de familias.
A comienzos de 2025, los créditos en situación irregular representaban el 2,67% del total, un año después, era del 10,6%. En paralelo, la mora total del crédito al sector privado alcanzó el 6,4%, el nivel más alto en 16 años. Todo esto se resume en que 1 de cada 10 familias ya no puede pagar sus deudas en tiempo y forma.

Endeudarse para comer
El problema, además de endeudarse es el porqué se endeudan. La última encuesta de la UCA muestra que 83% de las personas empleadas tienen algún grado de vulnerabilidad en el acceso a la comida. Es decir que hasta algunos los asalariados se saltean comidas. El economista Damián Di Pace advirtió que el aumento de los precios, el encarecimiento de los servicios y el mayor endeudamiento con tarjetas de crédito están reduciendo el dinero disponible de las familias para comprar alimentos.
Históricamente, el endeudamiento estaba asociado al consumo duradero. Hoy, en cambio, se vincula cada vez más con la supervivencia cotidiana. Comprar comida, pagar la luz, cubrir el transporte. Gastos corrientes que antes se resolvían con ingresos, ahora dependen del crédito. Los salarios no alcanzan, los precios suben y la diferencia se cubre con deuda.
Ese desfasaje se explica, en parte, por el peso creciente de los servicios. En marzo de 2024, representaban el 12% del salario promedio. Hoy, alcanzan el 30%. Sostener esos costos implica resignar consumo básico o recurrir al financiamiento. Así, la tarjeta de crédito dejó de ser una herramienta ocasional para convertirse en extensión del sueldo. Y cuando ese límite también se agota, aparecen otras formas de deuda: préstamos personales, billeteras virtuales, financieras, créditos informales.
En marzo de 2024, los servicios representaban el 12% del salario promedio. Hoy, alcanzan el 30%
El país más endeudado de la región
Un estudio realizado por el Banco Provincia advertía, en febrero, que más de 20,5 millones de argentinos tienen algún tipo de deuda. Eso corresponde a más de la mitad de la población adulta. Otro dato aún más preocupante es que casi 2.000.000 personas que no estaban endeudadas en 2024, lo estuvieron en 2025.
El crecimiento del endeudamiento se concentra en los segmentos más vulnerables y en los créditos de menor monto, pero mayor tasa. De hecho, 1 de cada 5 préstamos menores a un millón de pesos presenta irregularidades. En las entidades no financieras la situación es aún peor: la mora alcanza el 24,6%, casi el doble que en el sistema bancario tradicional.

De la inclusión financiera al sobreendeudamiento
Durante los últimos años, la expansión del crédito se celebró como un avance en términos de inclusión financiera. Con la promesa de democratizar el acceso a préstamos, se empezó a agilizar el tema mediante aplicaciones que prometían préstamos inmediatos con mínimos requisitos. Sin embargo, esa misma facilidad terminó alimentando un proceso de sobreendeudamiento.
Como advirtió la investigadora Luci Cavallero, cada vez más familias toman deuda no para mejorar su calidad de vida, sino para sostenerla. El problema no es sólo cuánto se debe, sino cómo se debe. Tasas elevadas, refinanciaciones constantes, superposición de créditos. Básicamente se fue formando una bola de nieve donde para pagar deudas hay que tomar nuevas deudas.
En ese circuito, las billeteras virtuales juegan un rol central. Permiten acceder a microcréditos de forma casi instantánea, pero con costos financieros que pueden dispararse rápidamente. A eso se le suman los préstamos informales, donde las condiciones son aún más riesgosas y, en muchos casos, incluyen prácticas de cobranza violentas.

La trampa de la deuda
El endeudamiento fue, durante 2024 y parte de 2025, un amortiguador del brutal ajuste económico en manos del Gobierno de Javier Milei. Las deudas permitieron sostener niveles mínimos de consumo en un contexto de caída del salario real. Pero llegamos al 2026, sin cambios en la política económica y el amortiguador ya está al límite.
Las familias ya no solo necesitan endeudarse para vivir sino que también deben destinar parte de sus ingresos a pagar deudas pasadas. Este mecanismo reduce el consumo presente por un lado y por el otro, condiciona cualquier recuperación futura. Y los hogares donde más se ve esto es en los de clase media. Más del 50% de los hogares de este segmento recurrió a ahorros, deuda o venta de bienes para llegar a fin de mes. Y son, además, quienes más utilizan el crédito financiero formal. Frente a todo esto, surge una pregunta inevitable: ¿hasta cuándo puede sostenerse este esquema?
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