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¿Por qué Bangladesh es hincha de Argentina? El origen de una pasión que desafía la distancia

Aunque parezca un misterio contemporáneo, esta devoción incondicional tiene raíces históricas muy profundas que combinan la tecnología, un sentimiento anticolonial y la magia de dos nombres propios: Diego Armando Maradona y Lionel Messi.
Por qué Bangladesh es fanático de la selección Argentina
Foto: Perfil

Cada vez que la pelota empieza a rodar en una cita mundialista, ocurre un fenómeno geopolítico y cultural que no deja de asombrar al planeta: a más de 17.000 kilómetros de Argentina, un país entero se tiñe de celeste y blanco. Las calles de Dhaka, en Bangladesh se inundan de banderas, pantallas gigantes y multitudes que gritan los goles de la Selección Argentina de fútbol como si fueran propios.

Pero, ¿por qué en Bangladesh son hinchas de Argentina? Aunque parezca un misterio contemporáneo, esta devoción incondicional tiene raíces históricas muy profundas que combinan la tecnología, un sentimiento anticolonial y la magia de dos nombres propios: Diego Armando Maradona y Lionel Messi.

El hito de México 1986 y el impacto de la televisión en directo

Para entender el fanatismo en Bangladesh hay que viajar en el tiempo hasta 1986. Hasta ese momento, la cultura futbolera del país asiático estaba ampliamente dominada por Brasil, la única selección con reconocimiento masivo a nivel global. Sin embargo, el Mundial de México marcó un quiebre definitivo por dos factores clave.

En primer lugar, fue el primer Mundial que se transmitió de forma masiva y en directo por televisión en Bangladesh. Anteriormente, los aficionados solo podían acceder a resúmenes o imágenes en diferido. Ver el fútbol en tiempo real generó un impacto emocional sin precedentes en una población sedienta de ídolos.

En segundo lugar, apareció la figura de Diego Armando Maradona. Su actuación histórica, coronada con los dos míticos goles a Inglaterra en cuartos de final, no solo deslumbró por lo deportivo, sino que tocó una fibra muy sensible en el corazón del pueblo bangladesí.

Fútbol, geopolítica y el recuerdo del colonialismo

Bangladesh logró su independencia en 1971, pero arrastra un pasado fuertemente marcado por la colonización y los abusos del Imperio Británico (cuando formaba parte del Raj Oriental). El partido de 1986 entre Argentina e Inglaterra fue leído por muchos en Bangladesh como una revancha histórica de un país del «Sur Global» contra una potencia colonial.

Maradona, con su rebeldía y su genialidad, se transformó instantáneamente en el héroe de millones de personas que vieron reflejado en el equipo argentino su propio deseo de superación ante las adversidades de la historia. A partir de ese partido, el corazón futbolero de Bangladesh se dividió para siempre, con una balanza que comenzó a inclinarse de forma definitiva hacia el lado argentino.

Con la llegada de Messi el fanatismo de Bangladesh se intensificó.

De Maradona a Lionel Messi: una herencia que se transmite de generación en generación

Lo que comenzó como un romance de los años 80 con Diego se consolidó en el siglo XXI con la llegada de Lionel Messi y la consolidación de figuras contemporáneas muy queridas en la región, como Ángel Di María.

De acuerdo con diplomáticos destacados en la embajada argentina en Bangladesh, la adoración por Messi en las calles de la capital es «asombrosa» e «idílica». Los partidos de la Scaloneta paralizan por completo a las principales ciudades del país, donde el silencio absoluto durante los momentos de tensión se transforma en un delirio colectivo y fuegos artificiales cuando Argentina convierte un gol.

Un lazo cultural que abrió puertas diplomáticas

Este furor, lejos de ser una simple moda televisiva, terminó construyendo puentes reales entre ambas naciones. La inmensa devoción del pueblo de Bangladesh motivó la reapertura de la Embajada de Argentina en Dhaka, impulsando no solo el turismo y el intercambio cultural, sino también importantes lazos comerciales y misiones publicitarias de marcas nacionales en el país asiático.

Cada vez que se juega un Mundial, Bangladesh demuestra que el fútbol no conoce de fronteras, idiomas ni distancias. La pasión celeste y blanco se vive allí con una intensidad única, manteniendo viva una leyenda que empezó con la zurda de Maradona en el ’86 y que promete renovarse con cada nueva generación.

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