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Crecimiento con pies de barro: el modelo extractivo-financiero que ignora a la industria y al empleo

Aunque el Gobierno exhibe una recuperación del 4,4% en 2025 como señal de reactivación, los datos del EMAE muestran un rebote sostenido por el agro y las finanzas, mientras la industria, el comercio y el empleo formal siguen en retroceso.
Foto: cholilaonline.ar/

El cierre de 2025 dejó una cifra que el Gobierno nacional busca capitalizar políticamente: la actividad económica acumuló una recuperación del 4,4% en el año. Sin embargo, detrás del número agregado se esconde una dinámica desigual que pone en duda la solidez del proceso. El análisis del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) revela un crecimiento concentrado en pocos sectores, con escaso impacto en el mercado interno y una débil capacidad de generación de empleo.

Según informó el INDEC, en diciembre la actividad avanzó un 1,8% respecto de noviembre, el mayor incremento mensual desde mediados de 2024. En la comparación interanual, el último mes del año mostró una suba del 3,5%.

No obstante, el dato exige una lectura técnica más profunda. El principal motor del repunte fue el sector de Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, que registró un crecimiento interanual del 32,2%, impulsado por una cosecha histórica de trigo. Este desempeño explica buena parte del salto estadístico y evidencia la fuerte incidencia de un componente estacional.

Mientras el Gobierno nacional festeja un supuesto crecimiento, las empresas anuncian todos los días despidos, suspensiones y recortes salariales por la baja en el consumo y de la actividad económica.

La fragilidad del escenario se confirma al observar que en noviembre de 2025 el EMAE había marcado una variación interanual negativa del -0,1%. Es decir, el rebote de diciembre responde más a un pico agrícola puntual que a una recuperación estructural del entramado productivo.

Dualidad económica: ganadores y rezagados

El mapa sectorial deja en evidencia un patrón de crecimiento concentrado en actividades extractivas y financieras, lejos de un modelo de desarrollo industrial diversificado.

Entre los sectores con mejor desempeño se destacan:

  • Intermediación financiera: creció 14,1% interanual en diciembre y acumula un alza del 18,7% entre 2023 y 2025.

  • Energía y minería: avanzó 9,1%, apalancado por el dinamismo de los complejos exportadores.

En contraste, las actividades con mayor densidad de empleo formal urbano continúan en terreno negativo. La industria manufacturera cayó 3,9% interanual y el comercio retrocedió 1,3%. Se trata de sectores clave para la movilidad social y el sostenimiento del consumo interno.

La economía, así, muestra una marcada dualidad: crecimiento en rubros intensivos en capital y orientados a la exportación, y retroceso en aquellos que sostienen el empleo masivo.

El modelo económico apuesta al extractivismo y a los sectores que generan poco empleo.

Un crecimiento que no genera trabajo

El punto más crítico del actual esquema es su impacto en el mercado laboral. De acuerdo con el Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma, existe una desconexión cada vez más evidente entre producción y empleo en los sectores que lideran la recuperación.

Entre 2023 y 2025, la producción en petróleo y minería creció 16%, pero el empleo formal en esas actividades se redujo 3,3%. En la intermediación financiera, pese al fuerte incremento de la actividad, los puestos registrados cayeron 2%.

En paralelo, la crisis de la industria y la construcción dejó un saldo cercano a los 120.000 empleos netos perdidos. El resultado es un modelo que incrementa exportaciones y rentabilidad sectorial, pero no amplía la base de trabajadores formales ni mejora la distribución del ingreso.

El repunte de 2025 —favorecido también por la baja base de comparación tras el inicio de la gestión de Javier Milei— se apoya en sectores intensivos en capital y recursos naturales que generan divisas, pero escaso efecto derrame sobre el conjunto de la economía. Sin una recuperación sostenida de la industria y el comercio, el crecimiento corre el riesgo de consolidarse como un fenómeno concentrado, incapaz de traducirse en más empleo, mayor consumo y mejores condiciones de vida para la mayoría de los trabajadores.

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