Un año después de que 18 gobernadores firmaran junto a Javier Milei el (mal) llamado “Pacto de Mayo” en la Casa Histórica de Tucumán, la relación entre la Casa Rosada y las provincias está rota o, en el mejor de los casos, profundamente dañada. Hoy en día pasamos de aquella foto que representaba la unidad institucional a un álbum de tachados. Parece que hoy en día hay apenas un puñado de mandatarios dispuestos a acompañar al Presidente. El resto, entre reclamos por fondos y desconfianza política, decidió marcar distancia.
La principal causa del deterioro es económica: los gobernadores denuncian un ahogo financiero deliberado por parte del Gobierno Nacional. El ajuste fiscal del que se jacta Milei fue, en buena parte, logrado a costa de retacear partidas comprometidas con las provincias. Con un superávit basado en la eliminación de gastos que incluía fondos fiduciarios, ATN (Aportes del Tesoro Nacional) y transferencias discrecionales, las provincias se encontraron atrapadas entre la recesión nacional y la caída abrupta de sus ingresos.
Milei no dijo nada y ante la falta de respuestas, las provincias decidieron avanzar con proyectos propios en el Senado para obligar al Ejecutivo a redistribuir recursos clave. La reacción desde la Casa Rosada fue seguir en silencio. Ni Guillermo Francos ni Karina Milei lograron encauzar un diálogo.

El acto que no se hizo
El último capítulo de este conflicto tuvo lugar este 9 de julio, cuando el Presidente decidió bajarse del acto por el Día de la Independencia en Tucumán. La Casa Rosada argumentó razones climáticas, pero lo cierto es que los gobernadores dejaron solo a Milei frente a la Casa Histórica, y el evento quedó desarmado.
Oficialmente, se dijo que la niebla impidió volar, pero durante la tarde del martes hubo vuelos comerciales hacia Tucumán, lo que debilitó esa versión. En realidad, Milei pasó el día molesto por la deserción de los mandatarios. Ya al mediodía les había anticipado a sus colaboradores más cercanos que no quería hablar. Al caer la noche, la niebla volvió sobre Buenos Aires, y Milei encontró la excusa perfecta para faltar al acto.
El mensaje oficial lo publicó el vocero Manuel Adorni: “El viaje que iba a realizar el Presidente de la Nación junto a su gabinete […] queda suspendido. La razón de la decisión radica en los informes recibidos por Casa Militar y la Fuerza Aérea Argentina que refieren a la situación climática que impide realizar los vuelos pertinentes”. Sin embargo, a las 18:15 y 18:55 despegaron vuelos comerciales rumbo a esa provincia.
El deterioro, provincia por provincia
1. Osvaldo Jaldo (Tucumán)
Anfitrión de la vigilia del 9 de julio, Jaldo mantiene un vínculo formal con la Casa Rosada. Fue uno de los primeros en confirmar la recepción presidencial. Sin embargo, puertas adentro ha manifestado incomodidad por la falta de diálogo y por el desaire que supuso la ausencia de Milei en fechas patrias como el Día de la Bandera. Aunque no es de los más combativos, se suma al reclamo por los fondos. Dijo que iba a estar presente en el acto del 9 de julio, ya que se realizaba en su provincia.
2. Raúl Jalil (Catamarca)
Aliado frecuente del oficialismo. Aunque expresó su malestar por la falta de respuesta de Nación, es de los pocos que aún intentan tender puentes. Confirmó su presencia en Tucumán, pero sus declaraciones recientes evidencian una creciente distancia: “Ya hemos ajustado, incluso más que la Nación”. Junto a Jaldo, eran los únicos confirmados para el acto.
3. Gustavo Sáenz (Salta)
Otro aliado que se desmarca. Sáenz fue uno de los que participó de la vigilia, pero también dio señales políticas claras al aportar quórum en sesiones que incomodaron al Ejecutivo. Su acercamiento a la oposición no pasa desapercibido. Se reunió en la Rosada con Karina Milei y “Lule” Menem, lo que generó miradas raras entre sus colegas.
4. Hugo Passalacqua (Misiones)
Suele jugar con cautela. En los primeros meses del gobierno de Milei, se mostró colaborativo. Su temprano entusiasmo en confirmar asistencia al acto del 9 de julio en Tucumán fue visto como ingenuo por otros mandatarios. Está en la mira de ambos lados.
5. Rogelio Frigerio (Entre Ríos)
Exministro del Interior, fue clave en el armado del grupo de gobernadores. Su postura actual es crítica. Fue uno de los impulsores del proyecto para repartir los ATN en partes iguales. Considera que el Gobierno desperdició su capital político por no negociar. Aunque aún mantiene cierta prudencia, su relación con la Rosada está en punto muerto.
6. Maximiliano Pullaro (Santa Fe)
Está de gira por Estados Unidos, lo que le sirvió como excusa diplomática para no asistir a Tucumán. No acompañará al Ejecutivo si no hay cambios estructurales en la relación con las provincias. Su alineamiento con otros gobernadores radicales endurece su perfil frente a Nación.

7. Ignacio Torres (Chubut)
Inicialmente cercano, se distanció luego del conflicto por los fondos coparticipables. Esta semana escuchó a sus colegas Figueroa y Weretilneck hablar duramente contra el Gobierno sin disimulo. Su desconfianza es total, aunque evita escalar el conflicto públicamente.
8. Gustavo Valdés (Corrientes)
Otro radical que pasó de aliado a opositor. Fue uno de los impulsores de los proyectos que hoy incomodan al Ejecutivo. Su cercanía con Mauricio Macri, quien también se muestra distante de Milei, refuerza su perfil disidente.
9. Gerardo Zamora (Santiago del Estero)
Zamora nunca fue un respaldo para Milei. Su peso territorial lo convierte en una figura clave en el Senado. Hoy es uno de los más activos en el impulso de los proyectos de redistribución de fondos.
10. Gildo Insfrán (Formosa)
Desde el inicio del mandato de Milei, Insfrán fue uno de los más duros opositores. En el grupo de gobernadores, es quien lidera la ofensiva contra la Casa Rosada. No hubo ni hay puentes tendidos entre él y el Presidente.
11. Ricardo Quintela (La Rioja)
Otro peronista confrontativo. Junto con Insfrán, empuja con fuerza para que el Senado apruebe los proyectos sin demora. No confía en ningún canal de diálogo con el Ejecutivo y considera que Milei incumplió todos los compromisos asumidos.
12. Carlos Sadir (Jujuy)
Gobernador radical moderado, cercano a Morales. Aunque no rompe lanzas con la Nación, está entre los que empujan cambios en la distribución de recursos. A su provincia, los cambios propuestos apenas le permitirían construir 20 km de ruta al año.
13. Rolando Figueroa (Neuquén)
Criticó públicamente la falta de diálogo del Gobierno Nacional. En una reunión reciente en Chubut, habló sin filtros. Su distancia es creciente, aunque aún sostiene canales institucionales abiertos.
14. Alberto Weretilneck (Río Negro)
Se expresó con dureza contra el Ejecutivo. Considera que la Casa Rosada trata a las provincias como “un gasto prescindible”. En el Senado, sus senadores serán clave. Es uno de los que quiere avanzar ya con las leyes, sin esperar dictámenes.
15. Alfredo Cornejo (Mendoza)
Como referente del radicalismo, mantiene una postura crítica, aunque institucional.
16. Jorge Macri (CABA)
Aunque no es formalmente un gobernador, participa del grupo. Suma su firma a los proyectos de redistribución de fondos. Alineado con el reclamo fiscal, pero con perfil bajo. Mantiene diálogo con Nación, pero no avala el ajuste sin compensaciones.
17. Leandro Zdero (Chaco)
Recibió a Milei en un acto religioso, pero el Presidente ni siquiera pidió reunirse con él. Esa indiferencia lo alejó del Gobierno. Aunque formalmente se mantiene como aliado, ya no están tan seguros.

Un pacto de papel
Con pompas anunciaron el Pacto de Mayo (que se firmó meses después). El mismo prometía, supuestamente, una “nueva etapa de federalismo” y se usó como instrumento para abrir las puertas a la aprobación de la Ley Bases y el paquete fiscal. Como se sospechó, quedó solamente en papel. No se avanzó en el Consejo de Mayo, ni se articuló una agenda compartida. Para los gobernadores, fue una puesta en escena vacía.
Hoy, la amenaza de los vetos presidenciales, sumada al rechazo de proyectos clave para las provincias como la actualización de las jubilaciones, fortalece el frente común de los mandatarios. Aunque con sus diferencias, el mensaje sería: si Milei no cambia sus mañas, el Congreso se le va a poner difícil.
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