El 3 de septiembre de 1971, después de 16 años de silencio, secretos y versiones cruzadas, los restos de Eva Perón fueron entregados a Juan Domingo Perón en Madrid. El cuerpo de quien había sido una de las figuras políticas más importantes de la Argentina había permanecido oculto desde el golpe de Estado de 1955, trasladado clandestinamente por distintos lugares y finalmente enterrado bajo una identidad falsa en un cementerio de Milán.

El cuerpo que ni La Libertadora pudo desaparecer
Eva Perón había muerto el 26 de julio de 1952. Después de un funeral multitudinario que se extendió durante 16 días, su cuerpo fue embalsamado por el médico español Pedro Ara y quedó bajo custodia hasta la construcción del monumento que debía convertirse en su lugar definitivo de descanso. Pero el golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955 cambió todo. Con el derrocamiento del General Juan Domingo Perón, el cadáver de Evita quedó en el segundo piso del edificio de la CGT. Pero para los golpistas, aquel cuerpo seguía siendo un problema enorme.
El temor era que la CGT se convirtiera en un lugar de peregrinación y que el cadáver de Evita funcionara como bandera para una futura reorganización del peronismo. Las discusiones dentro del gobierno golpista incluyeron sus clásicas ideas de incinerar el cuerpo o arrojarlo al río. Finalmente, se decidió darle una supuesta “cristiana sepultura”, aunque bajo la condición de que nadie supiera dónde. La noche del 22 de noviembre de 1955, el teniente coronel Carlos Eugenio Moori Koenig, jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército, ingresó al edificio de la CGT junto a un grupo de oficiales y ordenó retirar el cuerpo.
El cadáver pasó por distintos lugares de Buenos Aires. La clandestinidad era tal que quienes custodiaban el cuerpo llegaron a cambiarlo reiteradamente de ubicación. Mientras tanto, los militantes peronistas seguían sus rastros. El episodio llegó a un extremo trágico cuando el mayor Eduardo Arandia, atemorizado por una posible represalia peronista, disparó durante la noche contra lo que creyó era un comando que intentaba recuperar el cadáver. Era su esposa embarazada, que murió en el acto. Finalmente, el coronel Héctor Cabanillas tomó el control de la operación y se puso en marcha el llamado “Operativo Traslado”. La solución fue sacar el cuerpo del país.

Evita, enterrada como una mujer que nunca existió
Con la participación de sectores militares y religiosos, se diseñó una operación destinada a borrar cualquier rastro de la identidad de Eva Perón. El cuerpo fue trasladado a Italia y enterrado en el Cementerio Mayor de Milán bajo el nombre de María Maggi de Magistris, una supuesta mujer italiana fallecida en Argentina. Mientras tanto, en la Argentina, la familia de Eva y la militancia peronista reclamaban su aparición.
El cuerpo se convirtió en una demanda política durante la proscripción del peronismo y la persecución de sus dirigentes y militantes. El cadáver desaparecido de Evita pasó a formar parte de la memoria de la Resistencia Peronista. Su recuperación era una deuda pendiente y también un símbolo de la violencia ejercida por la dictadura de 1955. En 1970, cuando Montoneros secuestró al ex presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu. Entre las acusaciones realizadas durante el llamado “juicio revolucionario” estaba su responsabilidad en el secuestro y desaparición del cuerpo de Evita. El comunicado de Montoneros señaló entonces que Aramburu había sido responsable de la “profanación” del lugar donde descansaban los restos y de su posterior desaparición.

De Madrid a la Argentina: el regreso de un símbolo
En 1971, el gobierno de Alejandro Agustín Lanusse atravesaba una profunda crisis política y buscaba avanzar en el llamado Gran Acuerdo Nacional. La devolución de los restos de Eva Perón se convirtió en una pieza de negociación con Juan Domingo Perón. El 3 de septiembre de 1971, el embajador argentino en España, Rojas Silveyra, entregó oficialmente los restos a Juan Domingo Perón en su residencia de Puerta de Hierro, en Madrid. Después de 16 años, Evita volvía a estar junto a Perón.
En 1972, Perón volvió al país después de casi 18 años de exilio, pero Evita permaneció en Madrid. Perón murió el 1° de julio de 1974 e Isabel asumió la Presidencia. Decidió repatriar los restos de Evita y el 17 de noviembre de 1974, los restos de Eva Perón regresaron finalmente a la Argentina. Fueron colocados junto al cuerpo de Perón en una capilla ardiente instalada en la Quinta Presidencial de Olivos.
El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 volvió a poner el cuerpo de Evita en manos de un poder militar. Finalmente, los dictadores decidieron acceder al pedido de las hermanas de Eva y trasladar los restos a la bóveda de la familia Duarte en la Recoleta. María Seoane y Silvana Boschi le preguntaron a un alto jefe de la represión ilegal, muy cercano a Videla, testigo de aquellos conciliábulos: “¿Por qué urgía más a la Junta trasladar el cadáver de Evita que el de Perón?”. La respuesta del militar fue: “Tal vez porque a ella es a la única que siempre, aun después de muerta, le tuvimos miedo”.
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