La relación entre Javier Milei y los jóvenes, uno de los principales pilares electorales que acompañaron al actual Presidente en su llegada a la Casa Rosada, empieza a mostrar señales cada vez más claras de desgaste. La politóloga Ana Iparraguirre planteó recientemente, en una entrevista con LN+, que Milei estaría perdiendo parte del atractivo que había construido entre los jóvenes.
Durante la entrevista, Ana Iparraguirre planteó un dato que permite dimensionar el cambio: la confianza de los jóvenes en el Gobierno habría pasado del 69% al 34%. Además, señaló que los jóvenes tienen el doble de probabilidades de estar desempleados que el promedio de la población y cuatro veces más posibilidades de estar endeudados. También vinculó el malestar con un fenómeno todavía más grave: el suicidio se convirtió en una de las principales causas de muerte entre adolescentes y jóvenes.
Pero el problema no parece limitarse a una caída circunstancial en la imagen presidencial. Lo que empieza a aparecer es una pregunta mucho más profunda: ¿qué está ocurriendo con una generación que llegó a la adultez en medio de una crisis económica permanente y que cada vez encuentra menos motivos para confiar en las instituciones tradicionales?

Del entusiasmo libertario al desencanto
Los datos sobre empleo, pobreza y endeudamiento permiten dimensionar parte del escenario que atraviesa una generación que llegó a la adultez en medio de una crisis económica persistente. Para muchos jóvenes, conseguir un trabajo estable, independizarse, alquilar una vivienda o sostener un proyecto de vida se convirtió en una carrera cada vez más difícil. El deterioro de las condiciones materiales también impacta sobre las expectativas y sobre la manera en que esta generación mira su propio futuro.
En ese contexto aparece una problemática todavía más profunda. Desde 2022, el suicidio es la principal causa de muerte entre las personas de 15 a 24 años y en 2024 volvió a ocupar el primer lugar entre quienes tienen entre 25 y 34 años, desplazando a los accidentes de tránsito.
«La confianza de los jóvenes en el gobierno pasó del 69% al 34%. Hoy los jóvenes tienen el doble probabilidad de estar desempleados, cuatro veces más probabilidad de estar endeudados, y la principal causa de muerte entre los jóvenes es el suicidio. Algo está pasando». Demoledor. pic.twitter.com/6ObaGKafwF
— Todo Negativo (@TodoNegativo) August 18, 2026
Para buena parte de los jóvenes argentinos, ingresar a la adultez implica hoy atravesar un mercado laboral precario, ingresos insuficientes y una creciente dependencia del crédito para afrontar gastos cotidianos. Los datos recientes sobre endeudamiento muestran la gravedad del fenómeno. La morosidad afecta especialmente a los argentinos de entre 18 y 30 años y, según datos de la Central de Deudores del Banco Central analizados durante 2026, cuatro de cada diez personas menores de 35 años mantienen deudas impagas.
Al mismo tiempo, la pobreza golpea con fuerza a esta generación. De acuerdo con los datos publicados por INDEC para el segundo semestre de 2025, había 1.505.442 jóvenes de entre 18 y 29 años bajo la línea de pobreza, equivalentes al 28,6% de ese universo. Entre quienes tenían entre 18 y 24 años, la pobreza alcanzaba al 30,6%. El resultado es una generación atrapada entre dos discursos contrapuestos.

Por un lado, la idea de que el esfuerzo individual permite progresar. Por el otro, una realidad económica en la que conseguir un empleo estable, alquilar una vivienda, estudiar, independizarse o simplemente llegar a fin de mes se vuelve cada vez más difícil.
En ese escenario, el problema deja de ser exclusivamente cuánto gana un joven. También aparece otra pregunta: ¿qué futuro puede imaginar?
Del partido político al algoritmo
Milei llegó al poder, en buena medida, utilizando precisamente muchos de los canales que hoy están transformando la participación juvenil: redes sociales, lenguaje irreverente, confrontación con las instituciones tradicionales y una fuerte apelación a quienes se sentían excluidos de la política convencional.
El libertarismo logró convertir el rechazo a «la casta» en identidad política. Pero una vez convertido en gobierno, el movimiento se enfrenta a una dificultad inevitable: ya no alcanza con representar la bronca contra el sistema; hay que responder por las condiciones materiales de quienes depositaron esa bronca en las urnas.
El deterioro de la confianza juvenil expone así una de las principales contradicciones del Gobierno de Milei: llegó al poder prometiendo representar a una generación cansada de la política tradicional, pero hoy esa misma generación enfrenta más incertidumbre, endeudamiento y dificultades para proyectar su futuro.
La caída del apoyo no parece ser solamente un cambio de humor electoral. Es la consecuencia de una promesa que empieza a chocar con la realidad cotidiana de los jóvenes. Y mientras el Gobierno insiste en que el esfuerzo individual es la salida, cada vez más jóvenes se preguntan cuánto esfuerzo hace falta para poder, simplemente, construir un futuro.
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