La recuperación económica que el Presidente Javier Milei suele exhibir como uno de los principales logros de su gestión encuentra un fuerte contraste cuando se analiza la calidad del empleo que se está generando en la Argentina. Lejos de consolidar puestos de trabajo estables y registrados, el mercado laboral muestra un creciente proceso de precarización: la totalidad de los nuevos empleos creados durante el último año fueron informales, mientras que el empleo formal perdió 156.786 puestos de trabajo.
El informe elaborado por una consultora privada, en base a datos oficiales de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, muestra que la tasa de informalidad alcanzó el 44,2%, el nivel más alto de los últimos años. Esto significa que casi uno de cada dos trabajadores argentinos desarrolla su actividad sin aportes jubilatorios, sin cobertura social y sin los derechos laborales básicos que garantiza un empleo registrado.
Los datos también desmienten la idea de una recuperación sólida del empleo. Aunque durante el primer trimestre de 2026 se incorporaron 212.827 nuevos ocupados, casi siete de cada diez corresponden al trabajo por cuenta propia, mientras que el empleo asalariado prácticamente no creció. En otras palabras, la mayor parte de quienes hoy tienen trabajo lo hacen porque se autoemplean para sobrevivir, no porque exista una expansión genuina del empleo privado registrado.

Un modelo que genera ocupación, pero destruye empleo de calidad
El estudio sostiene que detrás del crecimiento estadístico del empleo se esconde un marcado deterioro de su calidad. La expansión laboral estuvo impulsada casi exclusivamente por el cuentapropismo y por modalidades informales, mientras el empleo asalariado perdió participación y volvió a ubicarse en uno de los niveles más bajos del periodo comprendido entre el 2017 y 2026.
En términos absolutos, el empleo informal sumó 379.708 trabajadores en apenas un año, impulsado tanto por asalariados sin registrar como por cuentapropistas informales. Paralelamente, el empleo formal retrocedió un 2%, profundizando un escenario donde cada vez más argentinos trabajan sin estabilidad ni protección social.
El informe advierte que esta dinámica evidencia que la recuperación del mercado laboral «continúa apoyándose sobre bases cada vez más frágiles», ya que la mejora en la cantidad de ocupados convive con una destrucción de empleo formal y un crecimiento sostenido de modalidades laborales de menor calidad.

Más trabajadores, pero con menos derechos
El informe concluye que el actual proceso de creación de empleo está basado en estrategias de subsistencia antes que en una verdadera recuperación del mercado laboral. La creciente dependencia del autoempleo y la expansión del trabajo informal no solo deterioran los ingresos y las condiciones laborales de millones de argentinos, sino que también debilitan el sistema previsional, reducen la productividad y comprometen la sostenibilidad del desarrollo económico a largo plazo.
Así, mientras el Gobierno nacional insiste en destacar indicadores macroeconómicos positivos, los datos muestran que la realidad cotidiana de los trabajadores va en sentido contrario: el empleo crece, pero cada vez con menos derechos, menos estabilidad y más precarización.
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