El viaje de Javier Milei a San Pablo para respaldar la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro terminó generando un efecto contrario al buscado. Lejos de perjudicar a Lula da Silva, las primeras mediciones de intención de voto conocidas tras el confuso episodio diplomático confirman que el actual presidente brasileño conserva una ventaja clara de cara a las elecciones del 4 de octubre, tanto en primera vuelta como en un eventual balotaje.
Durante el acto de lanzamiento de campaña del hijo del expresidente Jair Bolsonaro, Milei calificó a Lula con expresiones agraviantes y lo vinculó, sin pruebas concretas, a una supuesta campaña de ataques contra la Argentina en redes sociales durante el Mundial 2026. Al día siguiente reiteró los cuestionamientos en una entrevista radial, lo que derivó en un fuerte malestar diplomático: Brasil llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, en un gesto de protesta que recién se revirtió días después, cuando en Brasilia se moderaron los ánimos.
Las encuestas confirman la ventaja de Lula
El impacto político del episodio quedó reflejado en distintos sondeos publicados en los días posteriores. Según el relevamiento de Atlas Intel para Bloomberg News, Lula aventaja a Bolsonaro por seis puntos en un escenario de segunda vuelta, con un 49% frente a un 43%. El propio medio internacional señaló que esos números apenas variaron respecto de la medición anterior, pese a una semana particularmente compleja para el candidato de derecha, marcada por nuevos problemas legales y acusaciones vinculadas a un escándalo bancario.
Un panorama similar arrojó la encuesta de Nexus, encargada por el banco BTG Pactual, que ubicó a Lula cuatro puntos por encima de Bolsonaro en balotaje (47% a 43%), aunque dentro del margen de error. En primera vuelta, el actual mandatario reúne el 42% de las preferencias, contra el 33% de Bolsonaro, mientras que otros aspirantes como Ronaldo Caiado, Renan Santos y Romeu Zema quedan muy por detrás, con porcentajes de un dígito.
Incluso en Río de Janeiro, uno de los distritos donde la derecha suele tener mejor desempeño, el sondeo de Genial/Quaest mostró una elección más pareja pero sin un salto favorable para Bolsonaro: 32% contra 30% de Lula, una diferencia que también entra dentro del margen de error.

Un respaldo que parece no haber sumado
Los propios analistas consultados por distintos medios coinciden en que la aparición de Milei, lejos de potenciar a Bolsonaro, terminó corriendo el eje de la discusión. En el lanzamiento de campaña del candidato local se habló más del mandatario argentino que del propio postulante brasileño, algo que en estrategia electoral suele leerse como un efecto no deseado para quien busca instalar su propia figura.
A esto se sumó una opinión pública brasileña mayoritariamente crítica hacia la intervención de un jefe de Estado extranjero en la interna electoral del país. Especialistas en comunicación política remarcaron que, aunque los propios ciudadanos critiquen a sus gobernantes, la irrupción de un mandatario de otro país repitiendo esos cuestionamientos suele generar rechazo automático, más aún en un vínculo históricamente atravesado por la rivalidad entre ambos países.
Lula, por su parte, optó por restarle relevancia al conflicto. En un acto del Partido Socialista Brasileño, el mandatario aseguró que no iba a discutir con Milei y remarcó su afecto por el pueblo argentino, en lo que fue leído como una estrategia para no darle mayor entidad al cruce ni convertirse en el foco de la polémica.
Una jugada con la mirada puesta en Washington
Distintos análisis coinciden en que la ofensiva de Milei contra Lula excede la coyuntura bilateral y responde a un cálculo político más amplio, vinculado al fortalecimiento de su alianza con Donald Trump y con los sectores de derecha de la región. En esa lectura, entorpecer las chances de reelección de Lula resultaría funcional tanto a los intereses de Washington como a la construcción de un perfil combativo que a Milei le permita reforzar su propia estrategia electoral de cara a los comicios legislativos argentinos.
Sin embargo, hasta el momento, los números en Brasil no acompañan esa apuesta. Mientras Bolsonaro atraviesa dificultades legales y aparece con un respaldo partidario más débil, Lula capitaliza el rechazo social a la injerencia extranjera y llega fortalecido a la recta final de una campaña que definirá si el líder del Partido de los Trabajadores logra un nuevo mandato al frente de la principal economía de América Latina.
El propio Bolsonaro quedó en una posición incómoda: sin una estructura partidaria sólida ni alianzas amplias, su campaña contrasta con la coalición heterogénea que supo tejer Lula. En ese marco, la exposición que le dio Milei funcionó más como caja de resonancia para las críticas hacia la ingerencia externa que como un impulso real de adhesión hacia el candidato de derecha.
De cara a las próximas semanas, la incógnita pasa por saber si el episodio quedará como un hecho aislado o seguirá marcando la agenda binacional. Por ahora, la relación entre Buenos Aires y Brasilia atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión de los últimos años, mientras ambos países encaran procesos electorales que definirán buena parte del mapa político regional.
ADEMÁS EN NEA HOY:
Bolsonaro tambalea en las encuestas: escándalos familiares sacuden su carrera electoral
El Papa León XIV prepara una gira histórica por Sudamérica y visitaría tres países en noviembre









