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Bolsonaro tambalea en las encuestas: escándalos familiares sacuden su carrera electoral

A menos de tres meses de las elecciones del 4 de octubre, el candidato ultraderechista Flávio Bolsonaro pierde terreno frente a Lula da Silva en medio de una guerra interna con su madrastra Michelle, sospechas de vínculos con el banquero investigado Daniel Vorcaro y el respaldo cada vez más ruidoso de Donald Trump y Javier Milei.
Fuente: El Dia

La campaña presidencial brasileña entró en su etapa decisiva y el escenario ya no es el empate técnico que se proyectaba meses atrás. Las últimas mediciones ubican al presidente Luiz Inácio Lula da Silva con una ventaja consistente sobre el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien cumple condena por su rol en el intento de golpe de Estado de 2022.

Según el sondeo de AtlasIntel difundido el 1 de julio, Lula obtendría el 48,8% de los votos en un eventual balotaje frente al 42,3% de Flávio Bolsonaro, una brecha que otros institutos como BTG Pactual/Nexus y Datafolha confirman con márgenes similares, todos por encima de los tres puntos a favor del oficialismo. Apenas semanas atrás, la diferencia era mínima e incluso algunos relevamientos daban una leve ventaja al candidato de derecha.

El giro en las encuestas coincide con una seguidilla de escándalos que golpearon directamente la imagen de Flávio Bolsonaro. El más resonante lo vincula con Daniel Vorcaro, el banquero detenido por su presunta participación en el fraude del Banco Master, una entidad intervenida en noviembre de 2025 tras detectarse un desfalco que rondaría los 50.000 millones de dólares. Se difundieron audios en los que el senador le solicitaba fondos a Vorcaro para financiar una película biográfica sobre su padre, a quien llamaba «hermano» en esas conversaciones. Bolsonaro admitió el pedido de dinero pero negó cualquier irregularidad en el vínculo.

A ese frente se sumó una crisis inesperada puertas adentro del clan familiar. Michelle Bolsonaro, actual esposa de Jair Bolsonaro, rompió públicamente con su hijastro a través de un video de casi media hora en el que lo acusó de haberla humillado y de tratarla como alguien sin experiencia política durante una discusión sobre alianzas electorales en el estado de Ceará. Como consecuencia, renunció a la presidencia del ala femenina del Partido Liberal, un espacio clave para captar el voto de mujeres y del electorado evangélico, dos segmentos que la propia Michelle había cultivado durante años y que resultan decisivos para cualquier candidatura de derecha en Brasil. Aunque el senador intentó bajar la tensión con gestos conciliadores y una reunión posterior con dirigentas del partido en Brasilia, Michelle no aceptó el acercamiento y hasta analiza declinar su candidatura al Senado.

Politólogos consultados por medios brasileños sostienen que la derecha del país nunca fue un bloque homogéneo, sino una coalición de sectores con intereses distintos —desde el llamado Centrão pragmático hasta la extrema derecha antisistema— que se habían unificado en torno a la figura de Jair Bolsonaro. Con el expresidente inhabilitado y fuera de la escena pública por su condena, esas tensiones internas quedaron expuestas justo en el peor momento de la campaña, alimentando la percepción de que Flávio no es la única opción viable para enfrentar a Lula.

En paralelo, la injerencia extranjera se transformó en otro factor decisivo de la contienda. Donald Trump recibió a Flávio Bolsonaro en la Casa Blanca a fines de mayo y, poco después, endureció la presión sobre Brasil con un paquete de medidas que incluye aranceles del 25% a las exportaciones brasileñas, la designación de las organizaciones criminales Comando Vermelho y Primeiro Comando da Capital como grupos terroristas, y advertencias sobre una posible intervención del Pentágono contra el narcotráfico en territorio brasileño.

Trascendió además que Bolsonaro le habría ofrecido al gobierno estadounidense un documento con concesiones económicas y la creación de un gabinete de transición en caso de resultar electo, lo que generó fuertes críticas desde el oficialismo brasileño, que calificó la maniobra de entreguismo.

El presidente argentino Javier Milei, por su parte, redobló su respaldo explícito a la candidatura de Flávio Bolsonaro. Tras recibirlo en la residencia de Olivos a fines de junio, Milei confirmó que viajará a San Pablo el 25 de julio para participar de un acto de campaña y que además visitará Brasilia para reunirse con Jair Bolsonaro. El mandatario libertario también aprovechó la ocasión para arremeter contra la oposición argentina, a la que acusó de buscar desestabilizar su gobierno.

Con las convenciones partidarias previstas entre el 20 de julio y el 5 de agosto, y el inicio formal de la campaña el 16 de agosto, el oficialismo brasileño busca capitalizar tanto el desgaste de Flávio Bolsonaro como el escándalo del Banco Master, que también salpicó a un aliado de Lula, el senador Jaques Wagner, obligado a dejar la conducción de la bancada oficialista en el Senado. Mientras tanto, el gobierno lanzó medidas económicas orientadas a trabajadores informales y estudiantes en un intento por consolidar su ventaja de cara a octubre. Con un tercio de los indecisos y votos en blanco aún sin definir, la elección brasileña —una de las más observadas del año en la región— sigue abierta pese al favoritismo circunstancial de Lula.

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