Antes estaba la pandemia del COVID-19, pero ahora, los números preocupan sin un virus que explique el fenómeno. Los datos oficiales del Anuario de Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud muestran un aumento inusual de la mortalidad en las personas mayores durante 2024, un escenario que especialistas y organizaciones sanitarias vinculan con el deterioro del acceso a medicamentos, las dificultades para recibir atención médica y el ajuste sobre el sistema de salud y el PAMI.
El dato preocupa porque no responde a las variaciones demográficas habituales. Según explicó el médico especialista en Salud Pública Oscar Atienza, la tasa de exceso de mortalidad permite comparar cuántas personas fallecieron por encima de lo esperable en un determinado período. En condiciones normales, por el crecimiento poblacional, esa diferencia no debería superar el 1% anual. Sin embargo, entre las personas mayores de 65 años el exceso de mortalidad superó el 7% en el 2024, mientras que entre quienes tienen más de 80 años asciende al 9,8%. «Los números de mortalidad en los mayores de 65 son similares a los que vimos en la pandemia, pero sin ninguna pandemia mediante», advirtió Atienza.
De cada 10 pesos que el Gobierno prometió gastar en Salud este año, usó apenas 3. De cada 10 prometidos para pagar la deuda, ya usó casi 5. Lo dice el propio Gobierno, en un informe que le mandó al Congreso. Va el #ParteDeSalud 🧵 pic.twitter.com/grlaaBL1op
— FESPROSA (@FESPROSAsalud) July 3, 2026
El ajuste impacta en la salud
Para Atienza, el aumento de las muertes no puede analizarse aislado de las políticas del Gobierno de Javier Milei. Según señaló, el recorte en la cobertura de medicamentos para jubilados comenzó a dificultar el acceso a tratamientos esenciales, una situación que luego se agravó con los problemas de atención dentro del PAMI. «Se empezó el plan de recortes en la entrega de medicamentos a los jubilados, que empezaron a tener cada vez más problemas a la hora de asegurarse sus medicamentos», explicó. A eso se sumó el déficit en la atención médica provocado por la renuncia de médicos de cabecera o el cobro de copagos, lo que redujo la frecuencia de las consultas.
El resultado fue una cadena de consecuencias previsibles. «Ahora, el jubilado que se atendía todos los meses se acerca una vez cada 3 meses. Es lógico pensar que si los adultos mayores dejan de acceder a medicamentos, va a aumentar la mortalidad». Pero los adultos mayores no son el único grupo afectado. El mismo informe oficial muestra que también aumentó la mortalidad infantil, la mortalidad materna y los suicidios, mientras persisten problemas vinculados con la baja cobertura de vacunación y el resurgimiento de enfermedades prevenibles. Los niños y personas mayores representan los sectores más vulnerables y requieren políticas públicas activas de protección.
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Más de 21.000 muertes por encima de lo esperado
Según la Federación Sindical de Profesionales de la Salud de la República Argentina (FESPROSA), durante 2024 murieron 21.276 personas mayores más de lo esperado. La cifra surge del cálculo del exceso de mortalidad, una herramienta epidemiológica utilizada para medir el impacto de crisis sanitarias y que se hizo ampliamente conocida durante la pandemia de COVID-19. En este caso, la federación sostiene que este aumento no responde a un fenómeno natural sino a las consecuencias del ajuste sobre el sistema sanitario.
En un documento difundido en el marco de la movilización de jubilados junto a las centrales obreras, la organización recordó que durante 2024 disminuyeron las jubilaciones y que el PAMI redujo la cobertura total de numerosos medicamentos, que pasaron a tener coberturas parciales de entre el 40 y el 70%. Como consecuencia, muchos jubilados dejaron de sostener tratamientos por no poder pagarlos. Según el informe, el exceso de fallecimientos se concentró precisamente en enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cerebrovasculares, patologías estrechamente vinculadas con la continuidad de los tratamientos médicos. La secretaria general de FESPROSA, María Fernanda Boriotti, aseguró que se trata de datos oficiales del Ministerio de Salud y sostuvo que el deterioro económico obligó a muchos jubilados a elegir entre comprar alimentos o medicamentos.
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La crisis del PAMI
El Instituto de Estudios y Formación (IEF) también investigó el funcionamiento del PAMI. En un informe elaborado por José Maldonado, el organismo describió un fuerte deterioro de la principal obra social del país, de la que dependen cerca de 6.000.000 de jubilados para acceder a consultas, medicamentos, estudios y cirugías. El documento sostiene que durante el primer trimestre de 2026 las prestaciones del PAMI cayeron un 41,3% en términos reales respecto del mismo período del año anterior. Además, señala una deuda cercana a los 500.000 millones de pesos con clínicas, médicos y farmacias, la suspensión de cirugías, interrupciones en tratamientos oncológicos y un aumento de la demanda sobre los hospitales públicos.
Según el informe, el deterioro financiero del organismo se profundizó por la caída de sus fuentes de financiamiento y la reducción de las transferencias del Tesoro Nacional. Esa situación derivó en atrasos con prestadores, escasez de medicamentos y dificultades para garantizar prestaciones básicas. Entre los efectos concretos, el IEF menciona que 1 de cada 4 recetas dejó de ser dispensada por razones económicas y cita al ministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak, quien advirtió que la falta de cobertura de medicamentos para adultos mayores incrementa la mortalidad.
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