El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en mayo su segunda caída mensual consecutiva, del 0,5%, confirmando que el sueño del «rebote en V» se desvanece detrás de los números del agro y la minería. Mientras el Gobierno insiste en que la «paciencia» es la clave, la industria y el comercio se desangran, y el empleo formal sigue en caída libre.
Según los datos publicados por el INDEC, la actividad económica mostró un crecimiento interanual de apenas el 0,2%, un número que, en el contexto de una base de comparación baja, no alcanza para disimular el estancamiento. En la comparación desestacionalizada, el retroceso fue del 0,5%, encadenando así dos meses de caídas consecutivas. El dato marca un quiebre con el «rebote» de marzo y expone la fragilidad de una recuperación que, para la mayoría de los argentinos, sigue siendo una promesa incumplida.
El análisis del EMAE revela una economía partida en dos, lo que algunos economistas denominan una «economía a dos velocidades» . De un lado, los sectores ligados a los recursos naturales y la financiarización: la minería mostró una suba 15,7% y el agro un 4,6%. Estos sectores, que representan apenas el 15% del Producto Bruto Interno (PBI), explican casi la totalidad del magro crecimiento interanual . Del otro lado, la economía real, la que genera empleo masivo y mueve el consumo interno, se desploma. La Industria manufacturera cayó un 5,6%, y el Comercio, un 4,3%.

En total, siete sectores finalizaron mayo con caídas interanuales. La baja más pronunciada correspondió a Pesca, con un retroceso de 29,3%. A ellas se sumaron Hoteles y restaurantes (-1,8%), Administración pública y defensa (-1,4%), Otras actividades de servicios comunitarios, sociales y personales (-1,3%) y Enseñanza (-0,1%).
La caída de la actividad industrial y comercial no es un simple «ruido estadístico»; es la contracara de un modelo que privilegia la estabilidad nominal por encima del crecimiento. El informe de la Universidad Católica Argentina (UCA) es lapidario: la política ha desplazado a la economía como principal motivo de angustia, pero el empleo se ha convertido en el segundo mayor generador de incertidumbre, con una tendencia ascendente que no encuentra freno. Se perdieron más de 200.000 empleos formales privados durante la gestión actual, un dato que el Gobierno intenta maquillar con la desaceleración de la inflación.

El ajuste ya no es noticia
El dato del EMAE de mayo no es una sorpresa, pero sí una confirmación. La economía no despega, y el crecimiento que se prometió como resultado del ajuste no llega a los sectores que realmente necesitan reactivarse. Mientras el Gobierno celebra la acumulación de reservas y la baja del riesgo país, la industria textil, las fábricas y los comercios de barrio cierran sus puertas.
El problema central no es solo que la actividad caiga; es que el gobierno parece no tener un plan B. La apuesta a que la estabilidad macro eventualmente «derrame» sobre el empleo y el consumo es un juego peligroso. Como señalan los analistas, el verdadero interrogante no es cuánto crecerá la economía en los próximos meses, sino si Argentina logrará construir las condiciones para sostener un crecimiento que incluya a todos. Por ahora, la respuesta es negativa.
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