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Escalada sin freno: Irán y Estados Unidos cruzan nuevas líneas rojas en Medio Oriente

Dos militares estadounidenses murieron y un tercero continúa desaparecido tras un ataque iraní en Jordania, mientras Teherán multiplica sus ofensivas contra infraestructura civil en el Golfo y el estrecho de Ormuz vuelve a convertirse en el epicentro de la crisis
Fuente: Univision

El conflicto entre Washington y Teherán ingresó este fin de semana en una fase de máxima tensión. El Mando Central de Estados Unidos confirmó la muerte de dos soldados y la desaparición de un tercero tras un ataque con misiles balísticos y drones atribuido a fuerzas iraníes contra posiciones estadounidenses en Jordania. Otros cuatro militares resultaron heridos y debieron ser trasladados a hospitales jordanos, aunque ya recibieron el alta. Se trata de las primeras bajas registradas desde que los combates se reanudaron el pasado 7 de julio, luego de que un acuerdo preliminar firmado semanas atrás terminara por desmoronarse.

Con estas nuevas víctimas, la cifra total de militares estadounidenses fallecidos desde el estallido de la guerra a fines de febrero asciende a 16, según el recuento oficial del Pentágono, que además contabiliza alrededor de 400 heridos, la mayoría con traumatismos craneales. El listado de bajas incluye a los seis soldados muertos en marzo durante un ataque con drones contra un centro de mando en Kuwait, un séptimo militar fallecido posteriormente por heridas sufridas en un bombardeo contra una base en Arabia Saudita, y otros seis efectivos que perdieron la vida cuando un avión cisterna que apoyaba las operaciones se estrelló en territorio iraquí.

Como respuesta a las bajas del viernes, Estados Unidos lanzó este domingo una nueva oleada de bombardeos contra objetivos militares iraníes, incluyendo instalaciones vinculadas al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica. Medios iraníes reportaron ataques estadounidenses contra el puerto de Sirik, cercano al estrecho de Ormuz, y contra una central nuclear en construcción en la provincia de Hormozgán. Un vocero militar iraní advirtió que cualquier nueva agresión recibirá una respuesta que calificó de «decisiva y devastadora».

La ofensiva iraní no se limitó a blancos estadounidenses. Kuwait denunció por tercer día consecutivo ataques contra su infraestructura energética, con daños en una planta petrolera y afectaciones a una central eléctrica y una desalinizadora, hechos que el Consejo de Cooperación del Golfo calificó como «crímenes de guerra». También se activaron alarmas antiaéreas en Baréin, sede de la Quinta Flota estadounidense, y en Amán, capital jordana, donde las defensas locales e israelíes lograron interceptar varios proyectiles dirigidos contra la ciudad de Áqaba.

El corazón del conflicto sigue siendo el estrecho de Ormuz, la vía marítima por la que antes de la guerra transitaba cerca de una quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos. Su reapertura había sido uno de los ejes centrales del acuerdo de desescalada, pero un intento de la Armada estadounidense de trasladar un convoy por una ruta alternativa a la autorizada por Teherán —coincidiendo con el funeral multitudinario del fallecido líder supremo Alí Jamenei— desencadenó una respuesta iraní que incluyó ataques con misiles y drones contra varias embarcaciones, entre ellas un petrolero catarí que debió ser evacuado tras incendiarse.

Esa serie de incidentes marítimos llevó a Washington a reimponer sanciones sobre las exportaciones petroleras iraníes y a dar por terminado el memorando de entendimiento vigente. El vicepresidente estadounidense advirtió que cualquier intento iraní de restringir el paso por Ormuz será respondido militarmente, mientras que Teherán sostiene que actúa dentro del marco pactado y que es Estados Unidos quien violó los términos acordados. Desde el Parlamento iraní llegaron además amenazas de una eventual salida del Tratado de No Proliferación Nuclear y del cierre adicional del estrecho de Bab al-Mandab.

Analistas de la región señalan que la crisis actual expone las limitaciones de Washington para sostener una nueva escalada de gran magnitud, condicionada por la escasez de municiones y por el repliegue parcial de recursos aéreos que ya había comenzado en la zona. En ese escenario, se espera que la intensidad de los próximos ataques dependa tanto de las reservas de las refinerías estadounidenses como del desgaste político que enfrenta la Casa Blanca de cara a las elecciones de medio término de noviembre.

Mientras tanto, el mapa regional continúa reacomodándose: el debilitamiento militar y político de Irán —que perdió buena parte de su red de aliados armados, con excepción de Hezbolá y los hutíes— ha favorecido el ascenso de Turquía como nuevo actor de referencia en el mundo islámico, en momentos en que Israel también observa con atención los movimientos de Ankara. A este reordenamiento se suman las posturas divergentes de las monarquías del Golfo: mientras Catar mantiene una relación cercana con Teherán y Arabia Saudita privilegia el diálogo pese a los daños sufridos, Emiratos Árabes Unidos ha optado por una confrontación directa, convirtiéndose en el país que más proyectiles iraníes recibió durante esta escalada.

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