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Guerra en el Golfo sin red de contención: qué pasa ahora que venció la tregua

El alto el fuego entre Estados Unidos e Irán expiró el 1° de mayo sin acuerdo de renovación. Lo que antes era una escalada contenida se convirtió en fuego abierto sobre el estrecho de Ormuz, y el mundo ya siente las consecuencias: petróleo por las nubes, aerolíneas al límite y una fractura creciente entre Washington y sus propios aliados.
Fuente: Infobae

La tregua duró cuatro semanas. El 1° de mayo venció el pacto de no agresión que había frenado —apenas, y con enormes fisuras— el conflicto iniciado el 28 de febrero cuando Estados Unidos e Israel atacaron Irán bajo el argumento de desmantelar su programa nuclear. Desde entonces, el estrecho de Ormuz dejó de ser una zona de tensión controlada para convertirse en un teatro de operaciones activo, donde misiles, drones y embarcaciones militares se cruzan a diario frente a la mirada atónita de los mercados globales.

Una tregua que ya estaba rota antes de morir

En rigor, el alto el fuego nunca fue pleno. Durante sus últimas semanas de vigencia, Irán atacó más de 25 buques mercantes en el Golfo Pérsico, incautó dos embarcaciones y lanzó misiles contra un puerto petrolero en Emiratos Árabes Unidos donde opera una base militar estadounidense. La Guardia Revolucionaria Islámica publicó incluso un mapa con una zona marítima ampliada bajo su control, que se extiende mucho más allá del estrecho y abarca tramos de la costa emiratí.

Frente a ese escenario, Washington respondió con el lanzamiento del «Proyecto Libertad«, una operación naval que desplegó más de 100 aeronaves, destructores con misiles guiados y alrededor de 15.000 efectivos con el objetivo de escoltar buques comerciales varados en el Golfo. El resultado del primer día fue elocuente: helicópteros militares estadounidenses hundieron seis embarcaciones iraníes, Irán disparó misiles de crucero y drones contra los destructores norteamericanos, y Corea del Sur reportó una explosión a bordo de uno de sus buques mercantes en el estrecho.

El general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto, insistió en que estos episodios «no constituyen una reanudación de la guerra«. Pero con la tregua ya vencida y sin ningún acuerdo sustituto en el horizonte, esa distinción semántica resulta cada vez más difícil de sostener.

El costo de meses más de conflicto

Si la situación actual se prolonga, los efectos económicos que ya se sienten en el mundo serán apenas el anticipo de algo más grave. El petróleo Brent, que antes del estallido del conflicto cotizaba cerca de los 70 dólares por barril, superó esta semana los 114 dólares antes de ceder levemente hasta los 113 dólares. Eso representa un incremento de más del 60% en poco más de dos meses. Analistas de ING Bank advirtieron que «cualquier alivio para los buques varados será temporal«, y que la continuación del Proyecto Libertad «conlleva el riesgo de una mayor escalada«.

El impacto no se limita al crudo. Europa enfrenta una crisis de combustible para aviación que podría redefinir el transporte aéreo en los próximos meses. El precio del queroseno para aviones se duplicó desde febrero, y la Agencia Internacional de la Energía estimó hace dos semanas que el continente cuenta con reservas para apenas seis semanas. Unos 500.000 barriles diarios que llegaban desde Oriente Medio vía Ormuz dejaron de fluir. El resultado ya es visible: Lufthansa suprimirá 20.000 vuelos de corta distancia en los próximos seis meses, Scandinavian Airlines cancelará alrededor de mil servicios y Air France-KLM trasladó parte del sobrecosto a sus pasajeros. Las tarifas aéreas subieron un 24% en el último año.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, reconoció ante el Parlamento que la factura de importaciones de combustibles fósiles del bloque creció en más de 27.000 millones de euros en apenas sesenta días de conflicto. Si el enfrentamiento se extiende otros tres o cuatro meses sin reapertura efectiva del estrecho, esa cifra se multiplicará, y la escasez de combustible aeronáutico pasará de amenaza a realidad concreta.

La OTAN se resquebraja en silencio

Mientras el fuego sigue en el Golfo, la guerra también generó una grieta profunda dentro del bloque occidental. El Pentágono confirmó esta semana que retirará 5.000 soldados de sus bases en Alemania, en respuesta a las declaraciones del canciller Friedrich Merz, quien afirmó que Teherán estaba «humillando a Estados Unidos» en las negociaciones. Trump respondió con dureza: acusó a Merz de creer que Irán debería tener armas nucleares y de no apoyar a Washington en el conflicto que él mismo inició sin consultar a sus socios de la OTAN.

La tensión transatlántica no es menor: si el conflicto se extiende y Europa sigue sin respaldar militarmente a Washington, la presión sobre la cohesión del bloque podría alcanzar niveles sin precedentes desde la guerra de Irak.

Sin salida a la vista

Las conversaciones de paz, con mediación pakistaní, continúan pero sin avances concretos. El canciller iraní Abbas Araqchi insistió en que no hay solución militar posible. Trump calificó la propuesta iraní de «inaceptable» y no descartó nuevas acciones bélicas. Las navieras del mundo siguen sin regresar al Golfo.

Con 1.550 buques y 22.500 marineros atrapados en aguas del Golfo Pérsico, y sin ningún acuerdo que reemplace la tregua vencida, la pregunta ya no es si el conflicto escala, sino cuánto más puede escalar antes de que alguien parpadee.

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