El objetivo de la declaración de la Independencia el 9 de Julio de 1816 no era únicamente romper los lazos con la Corona española. También buscaba que las decisiones fundamentales sobre el territorio, la economía y los recursos dejaran de responder a intereses externos.
Sin embargo, durante la gestión de Javier Milei, una serie de decisiones muestran un rumbo inverso de aquel ideal.
El alineamiento geopolítico con Estados Unidos, la cesión de competencias regulatorias a tribunales internacionales, la flexibilización de los controles sobre tierras rurales, el aumento de la deuda externa y los nuevos regímenes de promoción para grandes capitales extranjeros configuran un modelo que distintos especialistas describen como un proceso de pérdida de autonomía nacional.

El Súper RIGI: treinta años de beneficios que limitan la capacidad futura del Estado
Este probablemente sea el caso más claro porque reúne cesión económica, jurídica, tecnológica y regulatoria.
El proyecto establece que el Estado renuncia durante treinta años a modificar reglas tributarias o regulatorias, incluso si cambian las condiciones económicas. Además, habilita que los conflictos se resuelvan ante tribunales internacionales como el CIADI, la Corte Permanente de Arbitraje o la Cámara de Comercio Internacional.
Por si fuera poco, los centros de datos que podrían instalarse bajo este régimen consumen enormes cantidades de agua y electricidad. Sin obligaciones ambientales estrictas, las organizaciones advierten que podrían obtener prioridad sobre recursos esenciales sin considerar las necesidades de las comunidades locales.
El proyecto tampoco obliga a compartir conocimiento, desarrollar tecnología argentina ni fortalecer el sistema científico nacional.
La tierra: perder capacidad de controlar el territorio
El proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada elimina buena parte de las herramientas creadas para limitar la extranjerización de tierras rurales.
La reforma elimina el límite nacional del 15%, el límite por nacionalidad, el límite máximo de extensión por propietario, parte de los controles estatales y el el Consejo Interministerial de Tierras Rurales.
¿Por qué esto afecta la soberanía? Porque muchas de esas tierras contienen: glaciares, reservas de agua dulce, ríos, zonas fronterizas, puertos, áreas estratégicas para la seguridad nacional.

El Atlántico Sur: incorporar el Mar Argentino a la estrategia militar estadounidense
Otro punto central aparece con el acuerdo entre la Armada Argentina y la Cuarta Flota del Comando Sur. El convenio incorpora al Mar Argentino dentro del Programa de Protección de Bienes Comunes Globales impulsado por Estados Unidos durante cinco años.
La preocupación surge porque Estados Unidos define ese espacio como un «bien común global», una categoría distinta a la concepción argentina de jurisdicción soberana sobre su Zona Económica Exclusiva.
Además, el propio Comando Sur reconoce que uno de sus objetivos estratégicos es contener la presencia china en la región. Esto implica que un área estratégica para Argentina pasa a integrarse dentro de una disputa geopolítica definida por Washington.

La deuda externa: soberanía también significa poder decidir
La consultora 1816 muestra otro dato relevante. Desde diciembre de 2023 hasta el primer trimestre de 2026 la deuda en moneda extranjera aumentó 24.800 millones de dólares; pasó de US$187.000 millones a US$211.800 millones. El crecimiento se explica principalmente por deuda con organismos internacionales y bancos extranjeros.
¿Por qué esto también forma parte del debate sobre soberanía? Porque la deuda en dólares condiciona las decisiones futuras. Cuanto mayor es la dependencia financiera externa, mayor suele ser la capacidad de los acreedores para influir sobre las políticas económicas nacionales.
El alineamiento político con Estados Unidos
Finalmente aparece un plano simbólico y geopolítico. Durante su gestión, Milei profundizó un alineamiento sin precedentes con Washington.
El acuerdo militar, el acercamiento al Comando Sur, el respaldo permanente a Donald Trump y la participación del Presidente en la celebración de la Independencia estadounidense —la primera vez que un mandatario argentino asiste a ese acto en la embajada norteamericana— son interpretados como parte de una misma estrategia diplomática.
En este contexto, el 9 de Julio deja de ser sólo una conmemoración histórica para convertirse en una pregunta sobre el presente: si la Argentina continúa fortaleciendo su capacidad de decidir sobre sus recursos, su economía y su política exterior, o si avanza hacia un modelo cada vez más condicionado por intereses y decisiones ajenos al mandato de independencia.
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