- Publicidad -

«Fácilmente infiltrable»: la mano amarilla detrás del ajuste de Milei

Con la llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete, ya son más de una docena los dirigentes con pasado amarillo que ocupan lugares centrales en el gabinete libertario. Mientras los salarios no alcanzan, el empleo registrado retrocede y las familias se endeudan para llegar a fin de mes, una parte sustancial de las decisiones económicas y políticas del Gobierno lleva firma —o trayectoria— del PRO.
Fuente: La Nación

La salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete, tras meses de escándalo por su patrimonio, terminó de destapar algo que en Casa Rosada se procuraba disimular: buena parte del armado que hoy gobierna la Argentina no nació en La Libertad Avanza. Con la asunción de Diego Santilli como jefe de Gabinete, el sello del PRO quedó estampado en el cargo político más importante después de la Presidencia.

No es un dato menor ni aislado. Al menos trece funcionarios de primera y segunda línea del Ejecutivo nacional construyeron su carrera en gestiones vinculadas al macrismo, ya sea en el gobierno nacional de Mauricio Macri o en la administración de la Ciudad de Buenos Aires.

El área económica es el ejemplo más claro: Luis Caputo, Federico Sturzenegger, Santiago Bausili y Pablo Quirno, hoy responsables del rumbo económico del país, ocuparon roles centrales durante la presidencia de Cambiemos.

En Seguridad, Alejandra Monteoliva repite funciones que ya había ejercido bajo la conducción de Patricia Bullrich. Y en el armado político, nombres como Gustavo Coria, Ignacio Devitt, Diego Kravetz, Juan Bautista Mahiques, Leonardo Cifelli, Carlos Torrendell y María Ibarzabal Murphy completan una lista que crece cada vez que el Gobierno necesita resolver un problema de gestión.

El propio periodista Hernán Iglesias Illa lo resumió con un dato elocuente: seis de los ocho ministros actuales, sumado ahora el jefe de Gabinete, provienen de gestiones del PRO. Es decir, alrededor del 60% del gabinete nacional tiene ADN amarillo. La pregunta que se impone no es solo política, sino de responsabilidad concreta: ¿puede el PRO seguir presentándose como un socio circunstancial y crítico del Gobierno cuando sus cuadros técnicos diseñan y ejecutan buena parte del programa económico que hoy golpea el bolsillo de millones de argentinos?

Un mismo equipo, un mismo resultado

Los salarios que no alcanzan, el costo de vida que sigue devorando ingresos, el empleo registrado que pierde terreno mes a mes y las familias que recurren cada vez más al crédito para sostener el consumo básico no son fenómenos ajenos a quienes diseñan la política económica desde el sillón de Hacienda o desde el Banco Central. Caputo, Sturzenegger y Bausili no son improvisados: son los mismos perfiles técnicos que ya gestionaron la economía argentina durante el gobierno de Macri, con resultados que buena parte de la sociedad todavía recuerda.

Que hoy vuelvan a ocupar los despachos clave, ahora bajo la marca de La Libertad Avanza, no los exime de las consecuencias de las decisiones que toman ni permite trazar una línea nítida entre «lo que hace Milei» y «lo que hace el PRO» dentro de la administración.

La propia dinámica del poder desmiente cualquier intento de deslinde. Como señalaron los investigadores Gabriel Vommaro y Sergio Morresi, el mileísmo carece de estructura propia para gestionar el Estado y por eso recurrió, desde el inicio, a los cuadros técnicos y políticos que el PRO había formado durante años. Esa necesidad práctica convirtió a buena parte del PRO en corresponsable directo de cada medida económica, de cada ajuste y de cada anuncio que impacta en los ingresos de los trabajadores.

Responsabilidad compartida, discurso separado

El contraste resulta llamativo: mientras la relación pública entre Javier Milei y Mauricio Macri atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión, con cruces públicos y desconfianza mutua, la maquinaria estatal que ejecuta el ajuste y administra la economía cotidiana del país está, en sus engranajes centrales, integrada por dirigentes formados en el propio PRO. Patricia Bullrich, que hoy conduce el bloque libertario en el Senado, es otro caso testigo: fue una de las figuras con mayor peso al momento de acelerar la salida de Adorni, sin que eso implique distancia alguna respecto de las políticas de fondo que sostiene el Gobierno.

Esta arquitectura de poder compartida no debería pasar inadvertida para quienes hoy sienten en su bolsillo los efectos de la política económica vigente. Cuando los dirigentes del PRO explican, en privado o en público, que ellos «solo acompañan» o que las decisiones «son de Milei«, omiten un dato central: sin sus técnicos, sin su experiencia de gestión y sin sus operadores políticos, buena parte del programa libertario directamente no podría funcionar. El propio PRO, a través de sus principales referentes económicos y de seguridad, participa activamente del diseño y la ejecución de las políticas que explican la actual situación de bajos salarios, endeudamiento familiar y pérdida de empleo registrado.

La discusión sobre quién se hace cargo de estos resultados no puede reducirse a una interna de nombres propios entre Balcarce 50 y el búnker amarillo. Es, sobre todo, una cuestión de responsabilidad política concreta: si el PRO gestiona, el PRO responde. Y esa cuenta, tarde o temprano, también deberá saldarse ante la sociedad.

ADEMÁS EN NEA HOY:

Una encuesta revela el peor dato para Milei: crece la desaprobación y el 86% asegura que el salario pierde contra la inflación

A dos años del Pacto de Mayo: las cuentas pendientes en jubilaciones, coparticipación y empleo

Santilli debuta en la Jefatura de Gabinete con una imagen en rojo: 50,6% en contra

 

ULTIMAS NOTICIAS

Suscribite a nuestro newsletter

Si querés recibir las noticias más leídas gratis por mail, dejanos tu correo