El Gobierno de Javier Milei impulsó un plan de retiros voluntarios en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) que terminó con la salida de casi 900 trabajadores. Entre ellos, científicos, investigadores, técnicos y profesionales. Pero mientras el Gobierno Nacional celebra el resultado como un «éxito» de su proceso de reestructuración los trabajadores advierten que esto va a llevar al vaciamiento de uno de los organismos más importantes para el desarrollo agropecuario argentino.
En Chaco y Misiones, 2 provincias donde el INTA cumple un rol clave para las economías regionales, las estaciones experimentales perdieron decenas de trabajadores y crece la preocupación por el futuro de la asistencia técnica que reciben miles de pequeños y medianos productores. Según los datos que se dieron a conocer tras el cierre del programa de retiros voluntarios son 897 los agentes que dejarán definitivamente el organismo. La cifra representa el 18,2% de la planta de personal que tenía el INTA antes del inicio del ajuste, integrada por 4.978 trabajadores. A ellos se suman otros cientos de empleados que abandonaron la institución desde fines de 2023 por jubilaciones, retiros anteriores o renuncias con motivo de la incertidumbre laboral.
Si bien desde la conducción del organismo destacaron que el proceso fue exitoso y remarcaron que hubo un promedio de 33 adhesiones por día hábil durante la convocatoria, los trabajadores sostienen que difícilmente pueda hablarse de decisiones voluntarias cuando los trabajadores enfrentan salarios deteriorados, modificaciones permanentes en sus condiciones laborales y la amenaza constante de nuevos recortes.

La experiencia del organismo
La preocupación también pasa por las personas que abandonaron la institución. El promedio de antigüedad de quienes aceptaron el retiro supera los 18 años y la edad promedio ronda los 53 años. En la mayoría de los casos se trata de investigadores y profesionales que dedicaron gran parte de su carrera al desarrollo tecnológico del sector agropecuario argentino. Entre las bajas también aparecen cargos estratégicos. Dejaron el organismo 4 directores regionales, 8 gerentes nacionales, 8 directores de estaciones experimentales, 44 jefes de Agencias de Extensión Rural y 78 coordinadores de área. Se trata de gente que no puede reemplazarse en el corto plazo, por lo que numerosas lineas de investigación van a quedar paralizadas.
El ingeniero agrónomo y delegado de ATE, Sebastián Fajardo, sostiene que los retiros voluntarios son «despidos encubiertos». Según explicó, primero se deterioran las condiciones de trabajo mediante cierres de dependencias, traslados, cambios de funciones y pérdida salarial, para después ofrecer una salida económica que termina siendo aceptada por muchos trabajadores. Pero el plan oficial no termina con los retiros voluntarios, también contempla el cierre de alrededor de 50 agencias de extensión rural y la venta de unas 42.000 hectáreas de campos experimentales pertenecientes al organismo.
Ver esta publicación en Instagram
Chaco y Misiones, entre las estaciones experimentales más afectadas
La Estación Experimental Agropecuaria de Sáenz Peña, en Chaco, reconocida por décadas de investigación aplicada al algodón y otros cultivos regionales, figura entre las dependencias más afectadas por la reducción de personal. Algo similar ocurre con la Estación Experimental de Cerro Azul, en Misiones, referencia nacional en investigaciones sobre yerba mate, té y otros cultivos propios de la provincia. En ambos casos, la pérdida de recursos humanos pone en riesgo la transferencia tecnológica hacia los productores.
En Misiones, Silvina Fariza, investigadora en genética y secretaria general de APINTA Cerro Azul, advirtió que solamente en la Estación Experimental de Cerro Azul dejarán la institución 24 trabajadores, mientras que en Montecarlo las bajas rondan entre 18 y 19 agentes. La dirigente explicó que la reducción alcanza a investigadores, técnicos, profesionales y personal de apoyo, afectando toda la estructura del organismo.
Además, alertó que varias agencias de extensión podrían quedar prácticamente vacías. Además aseguró que en localidades como Eldorado o Posadas algunas dependencias permanecerían con un único trabajador, una situación que vuelve prácticamente imposible sostener el funcionamiento habitual. Fariza sostuvo además que el organismo atraviesa una fuerte desfinanciación que limita incluso las actividades básicas de investigación y extensión. Según explicó, en muchos casos los trabajadores utilizan recursos propios para visitar a los productores porque los vehículos institucionales no cuentan con mantenimiento o combustible suficiente.
Ver esta publicación en Instagram
El impacto sobre el NEA
La región del NEA concentra actividades estratégicas como la producción algodonera, la yerba mate, el té, la forestación, la ganadería, el arroz y numerosos sistemas de agricultura familiar que históricamente recibieron asistencia técnica del INTA. El organismo también desarrolla investigaciones vinculadas al manejo sustentable de suelos, adaptación al cambio climático, mejoramiento genético de cultivos, sanidad animal y agregado de valor para las economías regionales.
A diferencia de otras labores científicas, el trabajo del INTA no se realiza adentro de un laboratorio. Gran parte de su tarea consiste en acompañar directamente a quienes producen alimentos, brindando asistencia técnica, desarrollando nuevas tecnologías, mejorando prácticas productivas y resolviendo problemas sanitarios o ambientales en el territorio. Por eso, la reducción de personal no solo afecta a los trabajadores que dejan la institución sino que repercute directamente sobre miles de productores que dependen del asesoramiento técnico para sostener o mejorar su producción.
ADEMÁS EN NEA HOY:
Misiones tendrá la primera planta de biochar del Litoral con una inversión de USD 2,5 millones
Conflicto en la CNEA: ATE ocupó la sede central tras el despido de casi 100 trabajadores









