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Día del Psicólogo Social: celebrar una vocación en medio de la tormenta

Cada 25 de junio se conmemora en el país el Día del Psicólogo Social, en homenaje al nacimiento de Enrique Pichon-Rivière. Pero este año la fecha llega atravesada por una crisis económica y emocional que multiplica las consultas, vacía los bolsillos de los pacientes y deja a los profesionales sosteniendo, muchas veces solos, una demanda que no para de crecer.
Fuente: Neopraxis

Todos los 25 de junio, Argentina recuerda el nacimiento de Enrique Pichon-Rivière (1907-1977), el médico psiquiatra que sentó las bases de la Psicología Social en el país y que entendió, mucho antes que muchos, que ninguna persona puede explicarse al margen de sus vínculos, su comunidad y su contexto histórico. Su teoría de los grupos operativos sigue siendo, décadas después, una herramienta de trabajo en escuelas, hospitales, organizaciones barriales y espacios comunitarios de todo el país, incluida la región del NEA, donde el trabajo grupal y la construcción de redes territoriales tienen una tradición consolidada.

Pero la efeméride de este año encuentra a la profesión en un escenario que poco se parece al de otras épocas. Distintos relevamientos académicos y testimonios de profesionales coinciden en describir una sociedad argentina golpeada en su salud mental, con un sistema de atención cada vez más exigido y con menos recursos para responder.

Un informe del Observatorio de Psicología Social Aplicada, dependiente de la Facultad de Psicología de la UBA, relevó cerca de 2.200 casos en todo el país y encontró que más de la mitad de los encuestados atraviesa una crisis personal, vital o económica. Casi siete de cada diez no realiza ningún tratamiento psicológico, y la mitad de ese grupo reconoce que lo necesitaría pero no puede costearlo. El dinero, de hecho, aparece una y otra vez como el principal obstáculo para sostener una terapia: las dificultades económicas explican más de cuatro de cada diez casos de abandono o imposibilidad de empezar un tratamiento.

El estudio también detectó un dato preocupante en torno al sueño: casi seis de cada diez argentinos dice tener problemas frecuentes u ocasionales para descansar bien, una cifra que viene en aumento sostenido desde 2020. Y marcó un fenómeno nuevo: el uso masivo de redes sociales y de inteligencia artificial, asociado a mayores niveles de ansiedad y malestar emocional, sobre todo entre los más jóvenes. Aunque los investigadores advierten que no puede hablarse de una relación de causa y efecto, sí señalan que quienes prefieren consultar a una IA antes que a un profesional humano muestran indicadores más altos de sufrimiento psicológico, incluido el riesgo suicida.

Especialistas consultados por distintos medios coincidieron en que la salud mental se volvió, para buena parte de la población, un lujo difícil de pagar. Directoras de centros de atención psicológica describieron un cambio de tendencia: si el año pasado las consultas crecían por motivos económicos, este año la propia economía se convirtió en la razón por la que muchos pacientes interrumpen sus tratamientos. A la par, profesionales de distintas provincias denuncian recortes presupuestarios, reducción de horarios de atención, trabas administrativas y obras sociales que demoran o directamente incumplen los pagos a los prestadores, lo que termina restringiendo aún más el acceso de los pacientes.

La situación no es pareja entre los distintos integrantes de los equipos de salud mental. En Mendoza, por ejemplo, referentes del Colegio de Psicólogos denunciaron que psicólogos y trabajadores sociales cumplen las mismas tareas y responsabilidades que los psiquiatras dentro del sistema público, pero perciben salarios dos o tres veces menores, después de que el Estado provincial creara un régimen especial solo para algunas especialidades médicas. Quienes encabezan ese reclamo describieron un escenario de «epidemia» en salud mental, con un fuerte aumento de intentos de autolesión y de suicidio en niños y adolescentes, y advirtieron que los dispositivos de atención a las adicciones, ya debilitados, no logran dar respuesta a una demanda que crece de la mano de la pobreza y la falta de redes de contención.

En ese contexto, el rol del psicólogo social cobra una relevancia particular. Su trabajo, pensado para fortalecer vínculos, acompañar procesos grupales y tejer redes de apoyo en comunidades, organizaciones y espacios educativos, se vuelve cada vez más necesario en una sociedad atravesada por el individualismo, la incertidumbre económica y el aislamiento que muchas veces producen las pantallas. Especialistas remarcan que las salidas genuinas frente al malestar emocional siguen siendo colectivas, y que ningún algoritmo puede reemplazar el sostén que ofrece el encuentro humano.

Mientras los profesionales de la salud mental reclaman mejores condiciones laborales y salariales, y advierten sobre un sistema público y privado cada vez más sobrecargado, la fecha invita también a poner en valor una tarea que, silenciosamente, sostiene a buena parte de la población argentina. Como recordaba Pichon-Rivière, comprender al ser humano implica comprender la red de vínculos que lo constituye. Hoy, en medio de una crisis que golpea tanto los bolsillos como los ánimos, esa mirada parece más necesaria que nunca.

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