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Gasoducto Bioceánico: cómo avanza el proyecto que busca convertir a Paraguay en un corredor energético

Presentado en 2024 como una obra estratégica para conectar el gas de Vaca Muerta con Brasil a través del Chaco paraguayo, el Gasoducto Bioceánico aún no logró superar la etapa de factibilidad. La falta de compradores garantizados, las necesidades de financiamiento y los desafíos regulatorios mantienen en suspenso una iniciativa que podría transformar el mapa energético regional.
Foto: BBC

Hace 2 años, tras un problema de desabastecimiento en la región, Paraguay presentó uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos de Sudamérica, el Gasoducto Bioceánico. Habiendo observado la reserva de hidrocarburos de Vaca Muerta en Argentina, la idea propuesta fue la de transportar gas natural desde ahí hasta Brasil, atravesando el Chaco Paraguayo. De esta manera se abastecería la región y Paraguay se convertiría en un corredor energético regional. Sin embargo, a la fecha, el proyecto todavía no pasó de la etapa de estudios y negociaciones. Aunque el interés político y empresarial sigue vigente, existen obstáculos económicos, regulatorios y comerciales que impiden que la megaobra avance hacia su construcción.

Y es que en el 2024, cuando Paraguay presentó formalmente la propuesta, el escenario regional parecía favorable. Brasil buscaba nuevas fuentes de abastecimiento ante la caída de la producción boliviana y Argentina comenzaba a expandir la producción de gas en Vaca Muerta. Paraguay tenía todo para convertirse en el puente energético de ambos países. Por eso la traza original incluye unos 110 kilómetros en territorio argentino, alrededor de 530 kilómetros en Paraguay y otros 400 kilómetros en Brasil.

Para que la red atraviese efectivamente los 3 países, se calculó, inicialmente, que se necesitarían unos 1.500 millones de dólares. La expectativa inicial era que la obra pudiera avanzar rápidamente mediante una combinación de financiamiento privado y acuerdos interestatales. Sin embargo, 2 años más tarde, la principal novedad es que Paraguay, Argentina y Brasil siguen discutiendo las condiciones necesarias para demostrar que el proyecto podría ser rentable. Actualmente la iniciativa se encuentra en la etapa de estudios de factibilidad técnica y económica, una fase clave para definir si el proyecto es viable o no.

 

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El principal problema: quién va a comprar el gas

Más allá de los desafíos de ingeniería, el principal obstáculo del Gasoducto Bioceánico es comercial. Los especialistas coinciden en que ningún inversor va a garantizar los 1.500 millones de dólares si no existe previamente una demanda garantizada. En la industria energética esto se traduce en los llamados contratos de «offtake», que son acuerdos mediante los cuales los compradores se comprometen a adquirir determinados volúmenes de gas durante largos períodos de tiempo. Precisamente esa es la pieza que falta todavía.

El Gobierno paraguayo sostiene que existen numerosos interesados nacionales e internacionales tanto para construir el gasoducto como para consumir el recurso. Sin embargo, hasta ahora no existen compromisos definitivos que permitan asegurar el flujo de ingresos necesario para recuperar la inversión. Por esa razón, se trabaja sobre 2 escenarios simultáneos. El primero consiste en desarrollar un mercado interno capaz de absorber parte del gas mediante centrales termoeléctricas e industrias. El segundo apunta a consolidar a Brasil como principal comprador del combustible proveniente de Vaca Muerta. El escenario parece necesitar que se cumplan las dos condiciones para que el proyecto llegue a buen puerto.

Trazado del Gasoducto Bioceánico. (Foto: El Prisma)

El debate sobre el Chaco paraguayo

El Gobierno de Santiago Peña considera que el acceso al gas natural puede convertirse en una herramienta para impulsar el desarrollo económico del Chaco. Según los planes oficiales se espera que localidades como Mariscal Estigarribia y Carmelo Peralta se conviertan en futuros centros de consumo energético e industrial. Además, el Ejecutivo busca utilizar el gas como respaldo para la generación eléctrica.

Aunque Paraguay sigue siendo una potencia hidroeléctrica gracias a Itaipú y Yacyretá, los estudios oficiales ya observan que habrá una demanda energética sostenida hacia el 2030. Es decir que se necesita pensar en otras alternativas para producir energía y el gas natural parece ser el elegido para reforzar la seguridad energética nacional y diversificar la matriz de generación. Pero mientras el Gobierno promueve el gasoducto, apareció otro debate energético dentro del país.

Durante los últimos meses surgieron iniciativas para habilitar la exploración de hidrocarburos en el Parque Nacional Médanos del Chaco, una de las áreas protegidas más importantes del Paraguay. Los defensores de la propuesta sostienen que el país, antes de embarcarse a la aventura bioceánica que necesita de otros dos estados, debería evaluar las propias reservas de gas natural. Sin embargo, el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades) rechaza la iniciativa por considerarla incompatible con la legislación ambiental vigente.

Vaca Muerta. (Foto: Minuto Neuquén)

El rol de Argentina en la ecuación

Pero si Paraguay busca asegurar compradores, Argentina debería garantizar el suministro. El proyecto depende directamente de la capacidad de Vaca Muerta para abastecer nuevos mercados de exportación durante las próximas décadas, y aunque la formación neuquina posee recursos suficientes para eso, todavía son necesarias inversiones adicionales en infraestructura. Ambos países firmaron un memorándum de entendimiento que establece una hoja de ruta de trabajo conjunto. Si bien el acuerdo representa un paso importante, todavía está lejos de significar el inicio de las obras.

¿Es factible que el gasoducto se construya? La respuesta corta es sí, pero no en el corto plazo. A diferencia de 2024, cuando predominaba el entusiasmo político, hoy existe una visión más realista sobre los desafíos del proyecto, pero el mayor obstáculo e interrogante hasta la fecha sigue siendo el factor económico.

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