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Perú en vilo: Fujimori y Sánchez disputan voto a voto la presidencia en empate técnico

Con más del 90% de las actas escrutadas, la candidata derechista mantiene una ventaja inferior a un punto sobre el izquierdista que representa al encarcelado expresidente Castillo. Las proyecciones anticipan que la diferencia podría revertirse. La definición final podría demorar días.
Fuente: la gaceta

Perú amaneció este lunes sin presidente electo. La segunda vuelta del domingo 7 de junio dejó al país en el filo de un empate técnico que obliga a esperar el escrutinio acta por acta antes de poder proclamar un ganador.

Con el 91,8% de las mesas contabilizadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, acumula el 50,29% de los votos válidos frente al 49,70% del izquierdista Roberto Sánchez, representante político del encarcelado expresidente Pedro Castillo. Apenas poco más de 100.000 sufragios separan a ambos postulantes en este momento.

Cuando dos candidatos quedan separados por menos de un punto porcentual, los analistas hablan de empate técnico: una situación en la que la diferencia numérica es tan estrecha que cae dentro del margen de error estadístico de cualquier proyección o muestra parcial.

Fuente: con más del 90% de las mesas escrutadas, la diferencia entre Sánchez y Fujimori es menor al 1%.

En términos concretos, eso significa que ningún número publicado antes del 100% del escrutinio tiene valor definitivo. Una ventaja de 0,59 puntos puede ser real o puede ser un simple artefacto del orden en que se cuentan las actas. Por eso, tanto los especialistas electorales como los propios candidatos coinciden en que no habrá ganador hasta que se procese la última mesa.

Y ese proceso, en Perú, no es sencillo ni rápido. El sistema de escrutinio procesa primero los votos de Lima y los grandes centros urbanos, donde Fujimori históricamente concentra su electorado, y deja para el final las actas provenientes de las regiones rurales del interior del país, zonas de sierra y selva donde Sánchez tiene su mayor base de apoyo.

Ese efecto explica por qué la ventaja de Fujimori fue achicándose hora a hora durante la noche del domingo: cuando se había contabilizado el 62% de las mesas, la diferencia entre ambos era de casi cinco puntos; al llegar al 90%, esa brecha se había reducido a menos de uno. A ese ritmo, las proyecciones privadas ya le dan la delantera a Sánchez.

Las encuestadoras apuntan en una dirección distinta a la del conteo oficial. Ipsos, para la Asociación Civil Transparencia, otorgó un 50,3% a Sánchez contra un 49,7% a Fujimori. Por su parte, Datum Internacional proyectó un 50,14% para el candidato izquierdista frente a un 49,86% para la lideresa de Fuerza Popular.

Ambas proyecciones, con márgenes de error del 1,9% y el 1% respectivamente, confirman que cualquier resultado dentro de ese rango es estadísticamente posible. A ello se suman los votos emitidos desde el exterior, que también se procesan en las últimas etapas y que, en elecciones anteriores, favorecieron a la candidata derechista.

¿Cuándo se sabrá el resultado definitivo? Los analistas locales no descartan que el escrutinio total se extienda entre tres y siete días. Las actas de las zonas más remotas del país demoran en llegar físicamente a los centros de cómputo, y a eso se suma el tiempo necesario para revisar las actas observadas o impugnadas, que en una elección tan pareja pueden resultar decisivas. El escenario de 2021 es el espejo más cercano: en aquella oportunidad, la definición final entre Fujimori y Pedro Castillo también tardó más de una semana en confirmarse.

Las reacciones de los candidatos no pudieron ser más dispares. Desde el balcón de la emblemática Plaza San Martín de Lima, Sánchez se proclamó ganador ante miles de seguidores y cargó con dureza contra lo que denominó un «pacto mafioso» que habría capturado el gobierno.

Fujimori, en cambio, optó por la cautela: canceló la conferencia de prensa prevista, esperó hasta bien entrada la noche y apareció ante los medios para pedir calma, descartar cualquier ganador anticipado y recordar que su partido tiene desplegados 95.000 personeros en todo el país con la misión de custodiar cada acta.

«Sea cual sea el resultado, lo reconoceremos y llamo a la otra fuerza a hacer lo mismo«, afirmó Fujimori, en un gesto que contrasta con su postura en 2021, cuando denunció sin pruebas un supuesto fraude e intentó impugnar miles de votos.

Sea cual fuere el ganador, el próximo presidente de Perú heredará un país profundamente fracturado. En la última década, el país andino acumuló ocho presidentes producto de sucesivas crisis institucionales y destituciones parlamentarias. La grieta entre Lima y el interior, entre el mundo urbano y el rural, entre las élites y los sectores populares, quedó nuevamente expuesta en cada urna. Gobernar ese país partido al medio, con un Congreso fragmentado y una ciudadanía desconfiada de sus instituciones, será quizás el desafío más grande que enfrente quien finalmente acceda al Palacio de Pizarro.

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