Este domingo, más de 27 millones de peruanos elegirán al próximo presidente de la República en una segunda vuelta que pone frente a frente a dos modelos de país radicalmente distintos. Por un lado, Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular y referente del conservadurismo peruano. Por el otro, Roberto Sánchez, congresista de izquierda identificado con el legado del depuesto expresidente Pedro Castillo.
Lo que está en juego es mucho más que un nombre en el Palacio de Gobierno: es la dirección que tomará Perú en los próximos cinco años en materia económica, institucional y de seguridad.
El país llega a esta instancia con una historia reciente que impresiona: nueve mandatarios en apenas una década. La primera vuelta, disputada entre 35 candidatos, dejó cifras que reflejan el nivel de agotamiento ciudadano.
Fujimori avanzó al balotaje con apenas el 17% de los votos válidos, mientras que Sánchez lo hizo con el 12%, una diferencia mínima que dejó afuera al conservador Rafael López Aliaga por escasos puntos porcentuales. La fragmentación y la desconfianza marcan el piso desde el que parte quien resulte electo.

La heredera del fujimorismo
Keiko Fujimori tiene 50 años y disputa su cuarta segunda vuelta consecutiva, algo que habla tanto de su persistencia como de la polarización que genera su apellido. Hija del expresidente Alberto Fujimori, estudió en Estados Unidos y construyó desde los años noventa una estructura partidaria que convirtió a Fuerza Popular en una de las fuerzas más influyentes del país.
Su propuesta orbita alrededor de una palabra: orden. Promete el despliegue de militares en apoyo policial, la expulsión de extranjeros que cometan delitos, la construcción de nuevas cárceles y una estrategia de mano dura contra el crimen organizado. En lo económico, apuesta por la inversión privada, la simplificación de trámites para empresas y la reducción de la dependencia de combustibles importados.
También plantea elevar la participación de las energías renovables al 20% de la matriz eléctrica hacia 2031. Llega al balotaje con el respaldo expreso de 14 expresidentes iberoamericanos de derecha nucleados en el Grupo Libertad y Democracia, entre ellos Mauricio Macri y Felipe Calderón, y con afinidades declaradas hacia gestiones como las de Javier Milei en Argentina o Daniel Noboa en Ecuador.
El heredero del castillismo
Roberto Sánchez tiene 57 años, es psicólogo, congresista y exministro de Comercio Exterior durante la gestión de Pedro Castillo, el presidente depuesto en 2022 tras intentar disolver el Congreso. Su candidatura se construyó sobre ese legado: adoptó como símbolo electoral el tradicional sombrero chotano que usaba Castillo y dirigió su discurso principalmente a los sectores rurales y populares del interior del país.
Su propuesta estrella es la convocatoria a una Asamblea Constituyente mediante referéndum para reemplazar la Constitución vigente, una medida que divide profundamente a la sociedad peruana. También impulsa mayor participación del Estado en sectores considerados estratégicos, acceso gratuito a universidades, ampliación de derechos para comunidades indígenas y el relanzamiento de Petroperú.
En busca de calmar a los mercados, incorporó el compromiso de respetar la autonomía del Banco Central de Reserva. Un eventual triunfo suyo, con un Congreso dominado por fuerzas opositoras, lo obligaría a negociar permanentemente para sostener su gestión.
La inseguridad, primera preocupación
Más allá de las diferencias ideológicas, ambos candidatos coinciden en que la inseguridad es el problema más urgente del país. Los datos lo confirman: cerca del 70% de los peruanos la señala como su principal preocupación, y las extorsiones crecieron un 20% durante 2025 respecto del año anterior. El crimen organizado, la minería ilegal y las bandas de extorsión convirtieron este tema en el eje central de la campaña.
En el último debate, el intercambio fue encendido: mientras Fujimori prometió «actuar con mucha fuerza desde el primer día«, Sánchez cargó contra lo que llamó una «mafia política» que impide defender a los ciudadanos y propuso crear una policía de investigación especializada en delitos y corrupción.
Las encuestas: diferencia estrecha
Las últimas mediciones muestran una disputa muy pareja. Según un sondeo de Ipsos, Fujimori registra el 38% de intención de voto frente al 35% de Sánchez, diferencia que se ubica dentro del margen de error. Un 16% del electorado permanece indeciso, lo que mantiene abierto el resultado hasta el último momento. También tendrán peso los votos en blanco y nulos, que rondan el 17% según analistas.
La jornada contará con supervisión internacional de peso: 587 observadores de 23 organismos, entre ellos la OEA, la Unión Europea y el Centro Carter, estarán desplegados en los 24 departamentos del país. Quien gane asumirá el 28 de julio, en reemplazo del presidente interino José María Balcázar, y heredará un país dividido, un Congreso fragmentado y la enorme tarea de reconstruir la confianza de una ciudadanía que lleva más de una década esperando estabilidad.
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