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Cinco empresas cerraron en una semana y más de 750 trabajadores quedaron sin empleo

Mientras el Gobierno nacional celebra indicadores macroeconómicos y proyecta una recuperación de la actividad, la crisis sigue golpeando a la economía real. En apenas una semana, cinco empresas de distintos sectores cerraron, quebraron o paralizaron sus operaciones, dejando al menos 756 trabajadores afectados. La caída del consumo, la apertura de importaciones y el deterioro de la producción nacional aparecen como factores recurrentes detrás de una ola de cierres que genera preocupación en las economías regionales.
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La crisis que atraviesa el sector productivo argentino volvió a mostrar esta semana una de sus caras más visibles: el cierre de empresas y la pérdida de puestos de trabajo. Un relevamiento realizado por NEA HOY detectó que en distintos puntos del país, al menos cinco compañías de rubros tan diversos como el textil, el metalúrgico, el comercial, el alimenticio y el lácteo anunciaron el cese de actividades, quiebras o reducciones drásticas de personal, dejando un saldo de al menos 756 trabajadores afectados.

Desde La Rioja hasta Mendoza, pasando por Buenos Aires y la Patagonia, las consecuencias alcanzan a trabajadores, proveedores y economías regionales que dependen de estas empresas para mantener el movimiento económico local. El caso más resonante fue el de Casa Humberto Lucaioli. La histórica cadena de electrodomésticos, que llegó a emplear a unas 2.000 personas en sus mejores años, fue declarada en quiebra por la Justicia luego de fracasar los intentos de reestructuración. La medida dejó a aproximadamente 600 trabajadores sin empleo y marcó el final de una firma emblemática del comercio en el interior del país.

En el sector industrial también se registró el cierre de Damluc SRL, una contratista que operaba en el complejo siderúrgico de San Nicolás y Ramallo. La finalización de su principal contrato con Ternium derivó en el cese total de actividades y dejó a 80 trabajadores sin empleo. La Unión Obrera Metalúrgica intenta gestionar alternativas de reubicación para parte del personal afectado.

Al menos cinco compañías de rubros tan diversos como el textil, el metalúrgico, el comercial, el alimenticio y el lácteo anunciaron el cese de actividades, quiebras o reducciones drásticas de personal, dejando un saldo de al menos 756 trabajadores afectados. 

La situación del sector textil tampoco muestra señales de recuperación. La empresa Vic Mol, perteneciente al grupo Mazalosa, confirmó el cierre definitivo de su planta de confección en el Parque Industrial de La Rioja. La firma atribuyó la decisión al derrumbe del consumo y al aumento de las importaciones de prendas terminadas. El cierre implicó la pérdida de 20 puestos de trabajo.

En Mendoza, la histórica fábrica Fideos Bauzá, fundada hace más de un siglo, avanzó con una reestructuración que redujo su plantel de 24 a apenas ocho trabajadores. Dieciséis empleados fueron despedidos en medio de una crisis asociada a cambios en los hábitos de consumo, concentración comercial y aumento de costos operativos.

A la lista se suma la cooperativa láctea Nuevo Amanecer, nacida tras la recuperación de la empresa El Amanecer en 2012. La entidad atraviesa una profunda crisis financiera que derivó en la paralización de la producción, el cierre de sus locales comerciales y la pérdida de al menos 40 puestos de trabajo. Además, arrastra deudas millonarias con proveedores y productores.

La caída del consumo, la apertura de importaciones, el aumento de costos y la falta de financiamiento aparecen como denominadores comunes detrás de los cierres.empr 

Los casos se acumulan mientras la economía transita el segundo año de la gestión de Javier Milei. Aunque el Gobierno nacional destaca la desaceleración de la inflación y el ordenamiento de las cuentas públicas como señales positivas, en buena parte del entramado productivo persisten las dificultades para sostener la actividad. La caída del consumo, la apertura de importaciones, el aumento de costos y la falta de financiamiento aparecen como denominadores comunes detrás de los cierres.

Los sindicatos y autoridades provinciales advierten que estos casos forman parte de un fenómeno más amplio. En La Rioja, referentes textiles denuncian que ya son trece las empresas del sector que cerraron o abandonaron la provincia en los últimos tiempos. En el ámbito metalúrgico, la UOM sostiene que solo en la región de Rosario se perdieron cerca de 2.000 empleos durante los últimos dos años.

Más allá de las particularidades de cada empresa, la suma de cierres, quiebras y despidos vuelve a poner en discusión el costo que está teniendo el proceso de ajuste sobre la actividad productiva. Mientras el Gobierno sostiene que la estabilización económica sentará las bases para una futura recuperación, trabajadores, empresarios y gobiernos provinciales observan con preocupación una realidad marcada por fábricas que bajan sus persianas y empleos que desaparecen.

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