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Mientras Milei reivindica a las Fuerzas Armadas, los militares denuncian una crisis salarial y sanitaria

Mientras el Gobierno de Javier Milei reivindica el rol de los militares en sus discursos y actos oficiales, las Fuerzas Armadas atraviesan una profunda crisis marcada por la situación de la obra social OSFA, la pérdida salarial y los recortes presupuestarios en Defensa. En el Día del Soldado, el contraste entre el reconocimiento simbólico y el deterioro de las condiciones de vida de los uniformados vuelve a quedar en evidencia.
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Cada 3 de junio, Argentina conmemora el Día del Soldado en homenaje al nacimiento del General Manuel Belgrano y la fecha suele estar atravesada por actos oficiales, reconocimientos institucionales y discursos que resaltan el rol de las Fuerzas Armadas en la defensa de la soberanía y la integridad territorial del país. Sin embargo hoy la efeméride encuentra a miles de militares, veteranos y sus familiares atravesando una realidad, por lo pronto, distópica. Mientras el Gobierno de Javier Milei busca posicionarse como el gran reivindicador de las Fuerzas Armadas, los uniformados enfrentan salarios deteriorados, recortes presupuestarios y una profunda crisis en el sistema de salud que los asiste.

Javier Milei y Victoria Villarruel en un desfile militar arriba de un tanque. (Foto: Infobae)

La crisis de OSFA

La situación más visible es la que atraviesa la Obra Social de las Fuerzas Armadas y de Seguridad (OSFA, anteriormente IOSFA), que brinda cobertura a más de 600.000 beneficiarios en todo el país. La entidad acumula una deuda superior a los 200.000 millones de pesos y reconoció que actualmente sólo puede garantizar prestaciones consideradas urgentes mientras intenta renegociar contratos con prestadores médicos. Esto repercute directamente en las familias militares, que tienen que afrontar particularmente consultas médicas, estudios, medicamentos y hasta tratamientos oncológicos. Es dinero que debería ser reintegrado, si, pero en muchos casos, esos reintegros tardan o directamente nunca llegan.

La crisis de la obra social representa uno de los principales focos de malestar dentro de las Fuerzas Armadas y varios sectores atribuyen el deterioro a las decisiones de la propia gestión libertaria, ya que hay varios documentos que prueban que la obra social había cerrado el 2023 con superávit. El malestar aumentó cuando el Gobierno Nacional, para intentar enmendar su error o tal vez cumpliendo su principal objetivo, abrió la posibilidad de rematar bienes militares para saldar la deuda, en especial gran cantidad de patrimonio inmobiliario. Si bien no se confirmó el destino, la lista llena de hoteles, centros recreativos, residencias y edificios históricos hacen dudar a más de uno.

 

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Salarios que pierden contra la inflación y recortes en Defensa

A la situación sanitaria se le suma otro problema grave que afecta a gran parte del país y de la cual el personal militar no es excepción: la pérdida del poder adquisitivo de los salarios. En los últimos meses se multiplicaron los testimonios de efectivos que aseguran no llegar a fin de mes con sus ingresos. Algunos complementan sus haberes realizando trabajos de seguridad privada, manejando aplicaciones de transporte o desarrollando emprendimientos comerciales durante sus días de descanso. Otros directamente optan por abandonar la carrera militar.

Tal es el malestar que se hizo visible hasta en los integrantes de la fuerza de seguridad presidencial. Los efectivos describieron una situación de agotamiento producto de extensas jornadas laborales y remuneraciones que quedaron muy por detrás del aumento del costo de vida. A este escenario se sumó recientemente una nueva reducción presupuestaria para el área de Defensa. El Gobierno nacional recortó cerca de 49.000 millones de pesos destinados al Ministerio de Defensa, el Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y distintos programas vinculados al sostenimiento operativo.

Según especialistas del sector, la medida afecta áreas sensibles como logística, mantenimiento, equipamiento y entrenamiento. Es decir que hay menos recursos para combustible, reparaciones de vehículos, adquisición de insumos y funcionamiento cotidiano de las unidades militares. Es más, hace poco circuló la noticia de que el Ejército intercambió una tonelada de membrillos para poder conseguir repuestos para una camioneta. La propia vicepresidenta Victoria Villarruel cuestionó públicamente la situación de las Fuerzas Armadas y responsabilizó a la gestión encabezada por Luis Petri por el deterioro salarial de los uniformados y por la crisis que atraviesa la obra social militar.

Javier Milei y Carlos Presti. (Foto: La Nación)

Entre la reivindicación simbólica y el deterioro material

La realidad que atraviesan las Fuerzas Armadas expone una de las principales contradicciones de la política de defensa del Gobierno de Javier Milei. Desde que llegó al poder, la administración libertaria impulsó una fuerte reivindicación discursiva de los militares. La compra de aviones F-16, los acuerdos de cooperación con Estados Unidos y los mensajes de reconocimiento a las Fuerzas Armadas forman parte de una estrategia orientada a recuperar protagonismo para el sector. Pero esto no fue un camino de rosas.

Un comunicado del presidente Milei del 22 de noviembre de 2025 enunció que Petri dejó su cargo como Ministro de Defensa, tal vez por las críticas o tal vez porque dejó una cartera en ebullición y un gasto en defensa que sigue estancado por debajo del 0,6% del PBI. Fue reemplazado por Carlos Presti, quien aún no puede calmar el enojo de las Fuerzas Armadas que esperaban una incidencia mayor en la resolución de los conflictos internos y las necesidades de la fuerza.

Y es que el problema es que con los reconocimientos no se come y muchos integrantes de las propias fuerzas preferirían que los gestos se traduzcan a mejoras concretas para los uniformados. El mismo exjefe del Ejército, César Milani, fue quien advirtió del “brutal” el recorte que hicieron Petri y Presti: “La única diferencia es una letra del apellido, el modelo de destrucción es el mismo”.

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