En apenas 21 meses de gobierno de Javier Milei, las Fuerzas Armadas argentinas perdieron a 18.659 efectivos que solicitaron la baja. Oficiales, suboficiales y soldados voluntarios se alejaron del servicio cansados de salarios rezagados, condiciones laborales precarias y equipamiento obsoleto.
El dato fue confirmado por el propio jefe de Gabinete, Guillermo Francos, en un informe presentado en la Cámara de Diputados. Según el detalle, 840 oficiales, 2.398 suboficiales y 15.421 soldados voluntarios abandonaron filas desde diciembre de 2023. El Ejército concentra la mayor sangría, con 14.614 bajas, seguido por la Fuerza Aérea (2.971) y la Armada (1.074).

Crisis salarial
La deserción es particularmente marcada entre los soldados voluntarios, cuyo contrato temporario y bajos ingresos los empujan a buscar alternativas en el sector privado o en las policías provinciales. En las grandes ciudades, donde el costo de vida no da respiro, la comparación resulta lapidaria: un cabo enfermero en un hospital militar cobra $500.000.
Los salarios castrenses, lejos de equipararse a los de las fuerzas de seguridad como había prometido Milei en campaña, quedaron atrapados en la espiral inflacionaria. Un subteniente o alférez cobra $806.000, apenas por encima de un cabo primero que percibe $765.000. Incluso un capitán o teniente de navío, con responsabilidades de mando, ronda $1,1 millón. Todas estas cifras se ubican en el límite de la línea de pobreza, que en agosto fue estimada en $1.160.780 para una familia tipo.
A esto se suma la crisis del Instituto Obra Social de las Fuerzas Armadas y de Seguridad (Iosfa), que arrastra una deuda de $210.000 millones, dejando a miles de uniformados y sus familias con una cobertura deficiente.

Promesas sin cumplir
El deterioro material también erosiona la moral. En los cuarteles admiten que los fusiles FAL, utilizados desde la guerra de Malvinas, siguen siendo el arma estándar, sin actualizaciones ni accesorios modernos. Los sistemas de artillería apenas reciben munición para prácticas, y los morteros cuentan con proyectiles limitados. «Es imposible formar soldados profesionales en estas condiciones», confesó un oficial en actividad.
Desde el Ministerio de Defensa relativizan las cifras, asegurando que muchas bajas corresponden a retiros ya programados. Sin embargo, en las filas predomina la preocupación. El compromiso de Javier Milei con equiparar salarios con las fuerzas de seguridad sigue sin cumplirse. Mientras tanto, la falta de incentivos y el vaciamiento material amenazan con aumentar el éxodo en las Fuerzas Armadas.
El desafío recae ahora en el Ministro de Defensa, Luis Petri, quien deberá enfrentar la contradicción entre el discurso oficial de fortalecimiento militar y la realidad de unas Fuerzas Armadas que se achican y se precarizan cada mes.
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