A poco más de un año de las próximas elecciones presidenciales, ya se empiezan a notar indicios de campañas o figuras ignotas que podrían verse como posibles candidatos, y en una país donde el último outsider llegó tan lejos, no extraña que se asome en el radar de las encuestas el nombre de Dante Gebel. Pastor evangélico para algunos, “influencer espiritual” para otros, Gebel aparece hoy como una construcción política en potencia que busca apoyarse en un electorado emocionalmente desilusionado y religiosamente activo.
Aunque él mismo insiste en definirse como “apolítico”, el movimiento alrededor de su figura ya empezó. Durante abril de 2026 mantuvo reuniones con distintos sectores sociales, participó en entrevistas y comenzó a instalarse como “otro outsider” en el escenario político argentino. Porque siempre antes de la candidatura viene la construcción simbólica. Pero más que preguntarnos si Gebel quiere ser presidente, lo que hay que averiguar es qué sector social podría llevarlo a ser algo más que un fenómeno mediático y/o religioso.
¿Por qué la gente quiere outsiders en política?
37,3% → «Ya no confío en los políticos tradicionales»
34,0% → «Nadie resuelve. Hay que probar con gente nueva»
15,5% → «Los partidos no me representan»
La política profesional tiene un problema de legitimidad. No de propuestas.— DC Consultores | Encuestas AR (@DyC_consultora) May 15, 2026
El candidato de “los ninguno”
Las propias investigaciones del informe “Dante Gebel: el nacimiento de otro outsider” lo muestran como una figura capaz de captar a los desencantados de la política, los que no creen ni en el peronismo, ni en el radicalismo, ni en el PRO, ni siquiera en la épica libertaria que llevó a Javier Milei al poder. Ese mismo votante comparte varias características: no necesariamente se define ideológicamente, pero sí tiene una fuerte percepción de crisis moral, de decadencia social y de vacío emocional.
El informe describe sociedades atravesadas por la “desconfianza en la política tradicional, crisis de representación, hartazgo moral y sensación de desorden”. Ahí es donde Gebel encuentra su nicho, porque, a diferencia de Milei, no organiza la bronca alrededor de un enemigo externo, no habla de “la casta”, ni de conspiraciones, ni de una batalla cultural permanente. Su discurso dice que el enemigo está dentro de uno mismo. Mientras Milei se apoya en la ira y el materialismo, Gebel trabaja sobre la espiritualidad y el cambio individual. La solución no es destruir al adversario político, sino sanar emocionalmente. Es un mensaje mucho menos agresivo, pero no por eso menos político.
Encuesta nacional:
“Si mañana fueran las elecciones a presidente de Argentina, ¿a quién votaría?” (Escenario P.A.S.O.)
🟣 Milei: 28,3%
🟣 Bullrich: 7,8%
┗ LLA: 36,1%🔵 Kicillof: 24,2%
🔵 Grabois: 6,7%
🔵 Santoro: 4,7%
🔵 Pichetto: 1,4%
┗ Peronismo: 37,0%🟡 Vidal: 5,4%
🟡… pic.twitter.com/GyQPmUDHEm— Encuestas Argentinas (@_EncuestAR_) March 30, 2026
El evangelismo como fenómeno social
La eventual construcción de Gebel no puede entenderse sin observar el crecimiento evangélico en Argentina. Según datos del CONICET, aproximadamente el 15,3% de la población argentina se identifica como evangélica y es el grupo religioso que más creció en las últimas décadas. Entre 2008 y 2019, la población evangélica aumentó mientras el catolicismo perdió terreno. El evangelismo tiene mayor presencia en sectores populares, en regiones con más desigualdad y entre personas con menor nivel educativo formal.
Además, más de la mitad de los evangélicos asisten semanalmente al culto. Esto genera tejido social, cosa que es fundamental para cualquier proyecto político. Sin embargo, el propio informe aclara que no existe un “voto evangélico” homogéneo. El sociólogo Marcos Carbonelli sostiene que “la acción colectiva evangélica brilla por su ausencia” y que no hay evidencia de que un candidato evangelista arrastre automáticamente votos religiosos. Por eso Gebel parece intentar otra cosa. No se presenta como pastor tradicional sino que se autodefine como un “comunicador emocional”.
La política convertida en espectáculo terapéutico
La gira “PresiDante”, que recorre distintos países desde 2022, funciona como el mejor ejemplo de esa mezcla entre entretenimiento y política. Ahí Gebel juega a ser “presidente por un día” en espectáculos que combinan stand up, autoayuda y comentarios sociales. No hay plataforma política concreta ni programa económico detallado porque lo central es la conexión emocional con el público.
El informe señala que Gebel construye “acompañamiento constante” más que promesas medibles. Sus intervenciones generan identificación rápida porque trabajan sobre emociones universales: dolor, frustración, miedo, ansiedad o sensación de fracaso. La salida nunca es colectiva ni conflictiva, siempre es individual y espiritual. Ese esquema tiene una ventaja evidente en tiempos de crisis de representación. Permite interpelar públicos muy distintos sin quedar atrapado en divisiones ideológicas tradicionales. Pero también tiene el riesgo de transformar la política en una experiencia emocional permanente.
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El otro outsider
Las comparaciones con Javier Milei aparecen inevitablemente. Ambos comparten rasgos típicos del outsider contemporáneo: crecimiento digital, liderazgo personalista, construcción mediática y discurso anti establishment. Sin embargo, también es importante resaltar el contraste: Milei organiza la bronca alrededor de enemigos externos, como la casta, el Estado, el progresismo, etc, mientras Gebel desplaza el conflicto hacia el interior de las personas. Uno propone batalla cultural mientras que el otro ofrece sanación emocional.
También es cierto que ambos comparten la personalización extrema de la política. La autoridad ya no proviene de partidos, programas o estructuras colectivas, sino del vínculo directo entre líder y audiencia. Y quizás ahí radique el verdadero fenómeno Gebel. No tanto en la posibilidad concreta de una candidatura, sino en lo que expresa sobre el presente argentino. Porque mientras los partidos discuten estrategias electorales, Gebel parece haber entendido que en tiempos de incertidumbre, las personas no buscan representantes, buscan contención. El fenómeno todavía está lejos de convertirse en candidatura, pero ya existen encuestas que lo miden y hasta un armado llamado “Consolidación Argentina”.
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