La reciente participación del Presidente Javier Milei en la inauguración del «Portal del Cielo», el templo evangélico más grande del país ubicado en Resistencia, Chaco, reafirma la consolidación de una alianza que va más allá del ámbito local o meramente religioso. El evento, que congregó a miles de fieles y contó con un discurso cargado de referencias bíblicas y críticas al Estado y la justicia social, exhibe un entramado complejo que vincula al mandatario con líderes del movimiento pentecostal y con actores internacionales de peso político y religioso.
Durante su intervención, Milei insistió en una visión binaria del mundo: por un lado, la libertad individual basada en valores judeocristianos; por el otro, una «izquierda» definida como enemiga de la prosperidad y promotora de la «envidia» a través de la justicia social.
La utilización de un acto religioso para emitir declaraciones de contenido político e ideológico pone en evidencia una preocupante difuminación entre los planos institucional, espiritual y partidario. Al elegir un púlpito evangélico para enunciar su visión de país, Milei no sólo refuerza su alianza con sectores del cristianismo conservador, sino que valida una lógica que asocia la verdad política con principios de fe, y que tiende a excluir a quienes no comulgan con esa mirada.
Más allá del contenido de sus palabras, la escenografía del evento en sí –con un templo de grandes dimensiones, entradas de hasta $100.000 y una fuerte cobertura mediática– revela un avance de actores religiosos en la esfera pública, impulsados por una narrativa de «batalla cultural» que encuentra en el Gobierno nacional un respaldo explícito.

El objetivo de Milei
La visita no puede disociarse de la estrategia electoral: lejos de ser su primera incursión en Chaco (lo acompañó en la campaña provincial del gobernador Leandro Zdero), esta representa una avanzada para consolidar el eje territorial de La Libertad Avanza en provincias con fuerte crecimiento evangélico. Frente a la ausencia de una estructura partidaria sólida y un armado territorial tradicional, Milei recurre a los templos evangélicos como plataformas de organización, difusión y fidelización del voto.
A través de un discurso plagado de referencias bíblicas, dogmas libertarios y una estética mesiánica, el Presidente buscó fortalecer la narrativa que lo posiciona como salvador frente a un Estado que él describe como maligno. En este marco, el evangelismo de la prosperidad no solo funciona como soporte ideológico, sino también como una vía para canalizar negocios, recursos públicos y lealtades políticas. La estrategia podría verse de la siguiente manera: donde el Estado se retira, entra la fe con soluciones espirituales a problemas materiales.
Con el país sumido en una crisis de consumo, endeudamiento creciente y sin señales claras de recuperación económica, Milei apuesta a consolidar una red de poder territorial y simbólico que lo proyecte más allá del ajuste. Su campaña ya no se juega solo en los mercados: ahora también se disputa en los templos. La llegada al megatemplo del corazón del conurbano chaqueño simboliza un fortalecimiento de su presencia territorial, con vistas a encarar la campaña nacional de 2025.
No todos los fieles recibieron positivamente la visita presidencial. Una mujer, presente en el templo, declaró: «Es una burla para el pueblo chaqueño, con la necesidad que estamos pasando… ¿Acaso él no ve a los abuelitos que están muriendo de hambre?».
“Este tipo es un MENTIROSO, está matando de hambre a la gente y viene a la iglesia? Tuve que salir porque me dieron GANAS DE VOMITAR”
Jsjsjjajajajaja che lo quieren MUCHO a Milei en la iglesia eh pic.twitter.com/hIWBsrA9Wt
— TUGO News (@TugoNews) July 7, 2025
¿A dónde fue Milei?
La Iglesia Cristiana Internacional (ICI), fundada en 1994 por los pastores Jorge y Alicia Ledesma, no es sólo una congregación local sino un actor social y político de creciente influencia, con más de 45.000 integrantes en Argentina y presencia en 66 países. Esta organización, que promueve una teología de la prosperidad y una activa red de evangelización denominada «Invasión del Amor de Dios«, mantiene vínculos estrechos con figuras del pentecostalismo global como el telepredicador hondureño-estadounidense Guillermo Maldonado, cofundador de la megaiglesia El Rey Jesús en Miami.
Maldonado, reconocido por su cercanía al Partido Republicano y al actual Presidente de Estados Unidos Donald Trump, representa un nexo fundamental en esta red transnacional que mezcla religión, política y negocios. En el círculo de influencia de Maldonado se encuentran otros líderes cristianos ligados directamente a la Casa Blanca, como Paula White, asesora espiritual de Trump y directora de la Oficina de Fe de la Casa Blanca, cuyo papel ha generado controversias incluso dentro del evangelismo conservador.

Este entramado conecta a Milei no solo con los Ledesma, anfitriones del acto en Chaco y aliados políticos en la región como el Gobernador Leandro Zdero, sino con un movimiento religioso que ha sabido establecer puentes con el poder político en Estados Unidos y otros países.
En este contexto, la utilización del «Portal del Cielo» como escenario para un discurso presidencial que combina críticas al Estado, ataques a la justicia social y exaltación de una moral judeocristiana liberal, adquiere un significado mayor. Se trata de una apuesta por una «batalla cultural» que busca validar desde el poder político una visión de la sociedad fundada en la meritocracia extrema, el individualismo y la deslegitimación del rol del Estado como garante de derechos.
El fugaz paso de Milei por el norte argentino
La irrupción de esta red que une a Milei con pastores locales y telepredicadores internacionales, y su influencia en la política nacional, marcan una tendencia global donde ciertos sectores religiosos actúan como aliados estratégicos de proyectos políticos de corte neoliberal y conservador. La reciente inauguración del «Portal del Cielo» es mucho más que un acto religioso: es la puesta en escena de un nuevo poder simbólico que se propone reconfigurar no sólo las creencias, sino también el mapa político y social argentino.
Lejos de inaugurar una obra pública o presentar soluciones concretas a los problemas estructurales del norte argentino, Javier Milei viajó a Chaco para consolidar su alianza con sectores que estén en sintonía con lo que propone para el país y replicar, una vez más, el discurso de confrontación que lo caracteriza. No vino a inaugurar escuelas, hospitales ni caminos (las rutas argentinas y sobre todo en el norte atraviesan una situación compleja); vino a reforzar una narrativa que demoniza al Estado, estigmatiza la justicia social y profundiza la grieta ideológica a través de mensajes cargados de resentimiento y exclusión.

Su presencia en el mayor templo evangélico del país no fue un gesto institucional, sino una plataforma más para predicar una visión de país fundada en el odio al otro, en la exaltación del mérito individual por sobre el derecho colectivo, y en la construcción de enemigos antes que de puentes.
ADEMÁS EN NEA HOY:
Del Rosso desmiente informe sobre desmontes: «Formosa conserva el 78% de sus bosques»
La oposición desafía al Gobierno: avanzan con leyes que forzarían un veto de Milei en plena campaña











